Terceras Jornadas Internacionales Multidisciplinarias Sobre Violencia Acústica Rosario, Argentina, 29 y 30 de Septiembre de 2000 propuestas para el mejoramiento de la norma iram 4062 sobre ruidos molestos al vecindario




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Terceras Jornadas Internacionales Multidisciplinarias Sobre Violencia Acústica

Rosario, Argentina, 29 y 30 de Septiembre de 2000

PROPUESTAS PARA EL MEJORAMIENTO DE LA

NORMA IRAM 4062 SOBRE RUIDOS MOLESTOS AL VECINDARIO

Ing. Federico Miyara

Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura,

Universidad Nacional de Rosario, Argentina

Comité de Acústica y Electroacústica, IRAM

Comité Científico Interdisciplinario de Ecología y Ruido, ASOLOFAL



Resumen
En el presente trabajo se examina el papel de la normalización en materia de criterios sobre molestia ocasionada por el ruido. Se cuestiona la incorporación de tales normas como obligatorias a través de su inclusión en reglamentos, por trasladar decisiones de carácter político al foro técnico y limitar el margen de maniobra de dicho ámbito de debate. Se analiza luego la evolución de la Norma IRAM 4062 a lo largo de sus tres ediciones. Se señala por medio de ejemplos varias inconsistencias con raíz en la actual filosofía de la norma, y, por último, se proponen varias mejoras cuya implementación permitiría una norma de mayor utilidad para el político encargado de reglamentar la emisión de diversos tipos de ruidos.


1. INTRODUCCIÓN
Una de las consecuencias negativas del ruido es la molestia que causa a las personas, al ver éstas invadido su ambiente acústico, e interferidas sus actividades. Esto es particularmente cierto en los ámbitos urbanos, donde se conjugan diversos tipos de ruidos provenientes de numerosas fuentes, tanto fijas como móviles.
El enfoque tradicional para el control del ruido como fenómeno comunitario es establecer reglamentaciones que, entre otras cosas, fijan límites cualitativos (ruidos innecesarios) o cuantitativos (ruidos excesivos)[1,2] para la emisión e inmisión de ruido. Tales límites son en general el resultado de un compromiso entre la situación deseable y la que es factible teniendo en cuenta la idiosincrasia de la comunidad sobre la cual se está legislando, su situación social, cultural, económica, estratégica, etc. Por ejemplo, una ciudad predominantemente industrial, cuya economía gira en torno de la producción de bienes en cuyos procesos de fabricación se generan ruidos y otros contaminantes, probablemente esté dispuesta a tolerar niveles de ruido superiores a los admisibles en una zona turística.
Es evidente que las autoridades políticas responsables de fijar tales límites deberían estar informadas sobre las posibles consecuencias de sus decisiones, tanto en cuanto a su efectividad como a los conflictos que pueden originar. Si, por ejemplo, se fijaran límites muy exigentes, por un lado sería necesario un cuerpo de inspección muy numeroso, lo cual sobrecargaría excesivamente al erario municipal, y, por el otro, no tardarían en hacerse escuchar las protestas de quienes generan o son responsables de generar el ruido (especialmente aquellos ruidos que no son fácilmente evitables), bajo la hipótesis de que tales límites atentan contra la libertad de ejercer actividades industriales o comerciales lícitas. Si, en cambio, los límites fueran laxos, quienes se sienten agredidos inundarían de reclamos las oficinas correspondientes, por considerar que se restringe el derecho a disfrutar de un ambiente (en este caso acústico) sano y equilibrado. Si la autoridad pudiera disponer de un criterio objetivo para predecir el grado de conflicto, su labor se vería notablemente simplificada, ya que buscaría una solución que minimice la conflictividad.
No existe un único criterio para fijar límites cuantitativos para el ruido, ya que los mismos pueden variar ampliamente según qué aspectos se desean proteger. Así, por ejemplo, si se busca evitar la pérdida de la audición bastará fijar niveles sonoros equivalentes no mayores de 70 dBA extendidos a 24 horas, ya que según fue demostrado en 1974 por la Agencia de Protección Ambiental de los EEUU (US-EPA), por debajo de dicho valor se protege virtualmente a toda la población contra el deterioro auditivo.[3] Pero dicho nivel sería muy elevado si además se quisiera proteger el sueño,[4,5] o si se quisiera asegurar la inteligibilidad de la palabra hablada, por citar sólo algunos indicadores relativamente objetivos. Si se desea evitar la molestia, concepto mucho más subjetivo, la cuestión puede complicarse, aunque existen numerosos trabajos y estudios comparativos de los que puede obtenerse información importante.[6] Es interesante remarcar que cualquiera de los efectos del ruido se manifiesta en diferente grado para diferentes individuos. Esto es particularmente cierto para la molestia.

2. EL PAPEL DE LA NORMALIZACIÓN
Los organismos normalizadores, tales como la ISO (International Organization for Standardization) o el IRAM (Instituto Argentino de Normalización) constituyen el ámbito apropiado para emitir criterios técnicos de gran utilidad para la autoridad encargada de tomar decisiones políticas. Para comprender la diferencia entre un criterio técnico y una decisión política, podemos plantear un ejemplo. A partir de numerosas investigaciones realizadas en el último siglo se sabe con bastante certeza la distribución estadística de los efectos de la exposición a ruido sobre la audición, tanto en lo que hace a niveles como a duración diaria de la exposición. Ello ha quedado plasmado en la Norma ISO 1999.[7] Tales resultados permiten determinar el porcentaje de personas que sufrirán determinado grado de deterioro auditivo. Corresponde entonces a la autoridad política determinar, en función de diversas consideraciones (cuestiones éticas, respeto a los derechos personales, costo de los seguros de riesgo del trabajo, costos del proceso de recalificación laboral para los individuos con mayor labilidad, indemnizaciones, efectos sobre la radicación industrial, etc.), qué porcentaje de afectados se admitirá. En general, las sociedades más avanzadas, que hacen culto de los derechos individuales, se inclinan por límites que otorgan mayor protección.
En este contexto se inserta, o debería insertarse, la Norma IRAM 4062, “Ruidos Molestos al Vecindario”, la cual ya lleva dos ediciones publicadas (1973[8], 1984[9]) y una tercera de próxima aparición (2000[10]). El objetivo de esta norma es dar uniformidad a los procedimientos de medición de los ruidos presuntamente molestos, y emitir una calificación binaria con dos posibles resultados: “molesto” y “no molesto”.
Un cuestionamiento inicial a este ambicioso propósito es que la sensación de molestia, aún para situaciones idénticas, varía considerablemente entre individuos. Esto implica que al calificar como “molesto” un ruido (especialmente en un caso marginal en que el criterio correspondiente sea apenas alcanzado) tácitamente se está suponiendo que será molesto para ciertas personas, pero podría no serlo para otras, sin que se especifique la proporción de ellas. Concretamente, podría suceder que algunas personas de gran tolerancia acepten de buen grado un ruido “molesto” según esta norma, en tanto que otras personas más susceptibles podrían rechazar otro ruido sindicado por la misma como “no molesto”.
Al ofrecer la norma un veredicto tan taxativo, la autoridad política no tiene mucho margen de elección, ya que si admite ruidos considerados como molestos por la norma, de antemano está descalificando su propia acción política, al no brindar un marco que permita controlar el exceso que busca controlar. Por ese motivo, la única decisión posible, si decide utilizar esta norma, es adoptarla como criterio de legitimación administrativa de un ruido (o de su fuente). En otras palabras, la norma resultará de carácter obligatorio y no voluntario,[11] lo cual contraría el espíritu normalizador, que es el de fijar bases técnicas para el acuerdo consensuado entre partes.
Esto, a su vez, traslada una decisión inherentemente política (cómo conformar al mayor número posible de personas) del gabinete (o el cuerpo colegiado) a un comité técnico, desnaturalizando la función de ambos. En efecto, se impone a los técnicos una responsabilidad que no les compete ni pueden manejar, y, lo que es peor, los condiciona a producir un criterio de fácil aplicación, cuya simplicidad esconde detrás de sí muchos detalles que no deberían ignorarse, perdiendo asimismo la objetividad necesaria en toda norma técnica. Por ejemplo, desaparece la posibilidad de especificar alguna medida de incertidumbre para la calificación, ya que la misma es binaria.
Por último, restringe el alcance de la norma, que se ve entonces limitada a los ruidos de fuente fija e identificable, heredando una limitación tradicional de la reglamentación sobre ruido: la de atacar sólo los ruidos punibles. Específicamente, se excluye el ruido del tránsito, a pesar de que es una de las fuentes de ruido más notorias de la ciudad moderna.

3. FUNDAMENTOS DE LA NORMA IRAM 4062
Existen dos tipos de criterios para evaluar el grado de molestia potencial o real que causa un ruido específico. El primero es absoluto, determinando alguna cualidad propia del ruido, en general su nivel sonoro (aunque podría ser también su espectro, por ejemplo su carácter tonal, o su distribución temporal, por ejemplo el contener impulsos o impactos, o inclusive su contenido semántico). El segundo es relativo o contextual, caracterizando el grado de molestia por comparación con los sonidos preexistentes, es decir con el ruido de fondo.
La Norma IRAM 4062 se adhiere en principio al segundo tipo de criterio, procediendo por comparación entre el ruido a evaluar y el ruido de fondo. El procedimiento consiste primeramente en medir bajo condiciones apropiadas el ruido de fondo Lf y el de la fuente con ponderación A, que se corregirá por la presencia de componentes tonales y/o impulsivas, según la expresión
LE = LAeq + K,
donde LE es el nivel de evaluación, LAeq el nivel equivalente y K el término de corrección, que vale 5 dBA si el ruido contiene componentes tonales y/o impulsivas, y 0 dBA si no las contiene (el ruido de fondo no se corrige).

Si el nivel de evaluación (ruido debido a la fuente) supera en más de 8 dBA al de fondo, entonces se considera que el ruido es molesto. En caso contrario, es no molesto.


En muchas situaciones no es posible interrumpir la fuente, ya sea por el costo que representaría o por la inconveniencia práctica de interrumpir un servicio (por ejemplo, el suministro de energía eléctrica a una amplia zona al medir el ruido de fondo en inmediaciones de una usina). En tales casos, la Norma prevé obtener el nivel calculado, Lc, es decir un valor que se ha caracterizado como típico para un determinado contexto, que incluye el tipo de zona, la ubicación en la finca y el horario. El nivel calculado se obtiene como
Lc = Lb + Kz + Ku + Kh ,
donde Lb es el nivel básico, igual a 40 dBA; Kz, un término de corrección por zona, que varía entre 5 dBA para zona hospitalaria rural hasta 20 dBA en zonas predominantemente industriales con escasas viviendas; Ku, el término de corrección por ubicación en la finca, que está entre 5 dBA para habitaciones internas no linderas con la vía pública hasta 5 dBA en el caso de patios o jardines; y Kh, por último, el término de corrección por horario, que está comprendido entre 5 dBA para horario nocturno y 5 dBA para horario diurno.
La comparación se realiza, entonces, entre el ruido total medido y el correspondiente nivel calculado. En caso de que el ruido de fondo se pueda medir, pero resulte mayor que el nivel calculado, también se debe comparar el ruido total con el nivel calculado.
Finalmente, cuando el ruido a evaluar contiene picos que superan a Lf o a Lc (según corresponda) en 30 dBA en horario diurno o en 20 dBA en horario nocturno, el ruido se considera molesto.
Las comparaciones anteriores se efectúan en tres diferentes horarios de referencia: diurno (de 8 h a 20 h), nocturno (de 22 h a 6 h) y de descanso (el resto), considerándose para la calificación el resultado más desfavorable.
Aunque los principios anteriores podrían aplicarse a cualquier tipo de ruido, el ruido del tránsito se excluye explícitamente de los alcances de esta norma.

4. COMPARACIÓN ENTRE LAS TRES VERSIONES
Es interesante efectuar una comparación entre las tres versiones de la Norma 4062 (1973, [8] 1984 [9] y 2000 [10]), estudiando la evolución que ha tenido.
La versión original de 1973 se basaba en la norma británica BS 4142 (1967)[12] para la calificación de ruidos de origen industrial, aunque en su adaptación IRAM se extendía su alcance a ruidos de cualquier origen, excepto los del tránsito. Además de las correcciones por carácter tonal e impulsivo, para el caso de ruidos no continuos se aplicaba una corrección por intermitencia y duración utilizando unos ábacos (que no respondían al criterio de igualdad de energía). Esta corrección fue eliminada a partir de la segunda edición.
Debido a las limitaciones de la instrumentación de la época, la primera edición requiere instrumental muy simple. Así, la promediación se efectúa visualmente mediante un medidor de nivel sonoro con indicador de deflexión, en lugar de un instrumento integrador. La segunda edición incluye opcionalmente un medidor de nivel sonoro integrador, aunque proporciona fórmulas que permiten determinar el nivel equivalente a partir de numerosos valores puntuales. En la edición 2000 la medición se debe efectuar con un instrumento integrador, salvo que el nivel sonoro sea prácticamente constante (variaciones menores de  2,5 dBA).
En las dos primeras ediciones (1973 y 1984) el carácter tonal o impulsivo de los ruidos se determinaba cualitativa o perceptivamente, mientras que en la edición 2000 tal carácter se presume perceptivamente pero se verifica objetivamente mediante espectro de bandas o medición impulsiva. En tal sentido, la edición de 1973 ni siquiera menciona el uso de filtros para la confirmación de la existencia de componentes tonales, y excluye explícitamente la medición de ruidos impulsivos. La de 1984 incluye filtros e instrumentos integradores, pero no incluye (tampoco excluye) los medidores impulsivos. La versión 2000, recomienda el uso de medidores con respuesta impulsiva, pero da un procedimiento alternativo en caso de no disponerse de tal instrumento.
También se observan diferencias en cuanto a las condiciones y sitios de medición. La primera edición se refiere al ruido en interiores de edificios. Las ulteriores (1984 y 2000) admiten medir en espacios descubiertos, aunque no linderos con la vía pública, como patios o terrazas. Asimismo, la versión de 1973 exige medir con las puertas y ventanas abiertas; las subsiguientes prefieren las puertas y ventanas cerradas, salvo que el recinto se utilice con éstas abiertas, eligiéndose entonces la situación más desfavorable (que no siempre es con ventanas abiertas, ya que las ventanas abiertas podrían aumentar el ruido de fondo y atenuar el campo reverberante, especialmente si son ventanales grandes cuya apertura pude reducir el efecto de ciertos modos normales).
En la primera edición el nivel básico (llamado entonces nivel de referencia básico) era de 45 dBA, mientras que en las subsiguientes se redujo a 40 dBA. También se eliminaron las correcciones por antigüedad de la instalación y por época del año, agregándose en cambio las correcciones por el lugar de la finca. En cuanto a los horarios, en la última versión se agregan los horarios intermedios de descanso, que se consideraban como diurnos en las primeras ediciones.
En la versión de 1973 el nivel calculado se utilizaba en una forma complicada comparándoselo con el ruido de fondo medido; en las siguientes el criterio es más simple: prevalece el ruido de fondo salvo si no se pudo medir o es mayor que el calculado.
Finalmente, en la versión 2000 se restringe la medición a intervalos de 60 min, 30 min y 15 min en los periodos diurno, de descanso y nocturno, debiendo seleccionarse el intervalo más desfavorable. Lo que es más importante, la corrección por carácter tonal y/o impulsivo se aplica a la totalidad del intervalo de medición, aunque sólo prevalezca dicho carácter durante una fracción del intervalo, y en caso de ruidos de carácter tonal e impulsivo simultáneamente, se aplica una única corrección.
Las prescripciones de la norma han ido evolucionando, por consiguiente, hacia una simplificación cada vez mayor de las mediciones y la calificación, con el propósito explícito de lograr su adopción por los diversos municipios.

5. FALENCIAS E INCONSISTENCIAS EN LA NORMA 4062
Durante las discusiones dentro del seno del Comité de Acústica y Electroacústica del IRAM, así como en la discusión pública de la Norma IRAM 4062:2000 (realizada en esta oportunidad por el novedoso mecanismo del foro virtual, a través de una lista de correo electrónico denominada ruido-urbano), se pusieron de manifiesto diversas inconsistencias en la filosofía de la norma tal como venía planteada. Lamentablemente, la necesidad de dar término a la discusión en un tiempo razonablemente corto condujo a una versión con diversas falencias e inconsistencias (varias de ellas heredadas de las ediciones anteriores). No obstante, se acordó un plazo de un año calendario a partir de su publicación para encarar una nueva revisión, plazo durante el cual las partes interesadas propondrán mejoras. En esta sección se expondrán algunos ejemplos que ponen de manifiesto dichas inconsistencias, y en la siguiente, las propuestas para eliminar las inconsistencias detectadas.
Como primer ejemplo, supongamos una fuente que, en ausencia de ruido de fondo produciría en una vivienda vecina 50 dBA, y supongamos que para esa vivienda, en las condiciones y el horario considerados, el valor calculado también sea de 50 dBA. Supongamos, asimismo, que el ruido de fondo real alcanza los 58 dBA. Entonces el nivel de ruido medido será
L   =   10 log (1050/10 + 1058/10) = 58,6 dBA.
Como el nivel de ruido de fondo supera al calculado, se utiliza como referencia el calculado (es decir, 50 dBA en lugar de 58 dBA). Entonces, como
58,6  50 = 8,6 > 8,
resulta que el ruido es molesto.
Ahora, si el ruido de fondo fuera de 45 dBA, el ruido total medido con la fuente en funcionamiento sería
L   =   10 log (1050/10 + 1045/10) = 51,2 dBA.
En este caso el nivel de ruido de fondo es menor que qel calculado, por lo cual las comparaciones se hacen con el ruido de fondo real (45 dBA). Resulta
51,2  45 = 6,2 < 8,
por lo cual la calificación es no molesto.
En el primer caso, en que la fuente es casi enmascarada por el ruido ambiente, su ruido parecería ser molesto. En el segundo caso, donde la fuente supera en 5 dBA al ruido ambiente, y por lo tanto es muy notoria, su ruido es sindicado como no molesto. Esto es contradictorio con el propio principio sobre el que se basa la norma, ya que resulta más molesta una fuente que apenas altera el ruido ambiente (lo lleva de 58 dBA a 58,6 dBA), que una que lo altera considerablemente (lo lleva de 45 dBA a 51,2 dBA).
Es interesante notar que si, en el mismo ejemplo, el ruido de fondo fuera de 60 dBA, por ejemplo, cualquier ruido sería calificado como molesto ya que el propio ruido de fondo ya supera en más de 8 dBA al nivel calculado.
Consideremos ahora un segundo ejemplo: una manzana en la cual se instalan dos discotecas. Supongamos que el ruido de fondo original sea de 40 dBA y corresponda un nivel calculado de 45 dBA. Supongamos también que que cada discoteca por separado produce un nivel de ruido total de 49 dBA (incluyendo el ruido de fondo original) en una vivienda vecina. Dicho ruido resultaría molesto, ya que 49  40 = 9 > 8.
Suopongamos ahora que las dos discotecas funcionan simultáneamente. Para calcular el ruido total, tengamos en cuenta que, en ausencia de ruido de fondo, cada discoteca produciría un nivel sonoro
Ldisco = 10 log (1049/10      1040/10) = 48,4 dBA,
Si ahora operan ambas discotecas, el ruido total será
L = 10 log (1048,4/10 + 1048,4/10 + 1040/10) = 51,7 dBA.
Ahora bien, para cada discoteca, el ruido de fondo está conformado por el ruido de fondo original más el ruido ocasionado por la otra discoteca, es decir, 49 dBA. Como este valor supera al nivel calculado (45 dBA), la comparación debe efectuarse con el nivel calculado. Resulta
51,7  45 = 6,7 < 8,
por lo cual el ruido de las dos discotecas resulta no molesto de acuerdo con la Norma IRAM 4062. Una nueva contradicción: cada discoteca por separado es más molesta que dos discotecas funcionando simultáneamente.
A lo anteriormente comentado se agregan falencias vinculadas con otros aspectos de la norma. Por ejemplo, si frente a un ruido de fondo de 40 dBA durante el horario nocturno surgieran picos de 5 s de duración y 58 dBA una vez cada 2 min, el nivel equivalente sería de 45,5 dBA, que no alcanza a ser clasificado como molesto ya que 45,5  40 = 5,5 < 8. Tampoco superan en 20 dBA al ruido de fondo. Sin embargo, dichos pulsos probablemente despierten a una proporción importante de las personas.
Otra situación bastante frecuente es la aparición de ruidos que, sin llegar a ser impulsivos, se comportan perceptivamente como tales. Son los que tienen un crecimiento muy rápido. Un caso típico lo constituye el ruido de encendido del motor de la unidad condensadora de algunos equipos de aire acondicionado split, pasando de una situación de bajo nivel de fondo a un nivel más alto en forma repentina. Dado que el ruido se estabiliza en un nivel más alto que el original, el criterio habitual para discernir un ruido impulsivo (comparar los resultados entre las respuestas lenta e impulsiva) no es aplicable, y por lo tanto el incremento en la sensación de molestia no queda adecuadamente representado.
Por último, la norma excluye explícitamente el ruido del tránsito. Sin embargo, y aún aceptando la filosofía implícita de calificar sólo los ruidos que resulten atribuibles a un responsable específico, la misma no contempla casos como el de una playa de cargas en la cual permanentemente operan camiones y otros vehículos. Al estar dichos vehículos más o menos localizados espacialmente son asimilables a una fuente fija. Otra situación interesante y que tampoco está contemplada es la de la circulación de una flota de camiones de residuos pertenecientes a una única empresa, que transitan por una única calle dirigiéndose a las cavas de deposición final, siendo, además, el único tránsito ostensible por esa calle. Además de que el ruido es, evidentemente molesto, la responsabilidad del mismo es fácilmente atribuible a la empresa concesionaria, pero el caso queda fuera del alcance de esta norma.

6. DISCUSIÓN
El primer ejemplo muestra la falacia implícita en intentar efectuar una separación artificial entre el ruido de fondo y el ruido a evaluar. La realidad es que, a excepción de aquellos sonidos del entorno sonoro en los que el individuo está especialmente interesado (la música que está escuchando, su propia voz o la de su circunstancial interlocutor, etc.), todo el resto constituye un ruido susceptible de provocar molestia.
Lo anterior es especialmente cierto cuando el nivel de ruido de fondo es suficientemente alto como para resultar molesto por sí mismo. Para contemplar esta situación es preciso en algún momento conmutar del criterio relativo o incremental a un criterio absoluto. De modo imperfecto, es lo que se intenta hacer con la introducción del nivel calculado, lo cual puede conducir a resultados contradictorios con la experiencia. Es el precio que se paga por eludir sistemáticamente el importante caso en que un ruido es molesto pero no puede atribuírsele un responsable directo.
El segundo ejemplo pone de manifiesto otra cuestión: la ambigüedad del concepto de ruido de fondo, que en última instancia tiene el mismo origen subjetivo que la ambigüedad del concepto de ruido en general. Esto conduce con bastante naturalidad al concepto de contenido semántico del ruido.
Los últimos ejemplos planteados revelan una vez más la limitación más fundamental de la Norma IRAM 4062: el evitar el tratamiento de los ruidos de tipo comunitario, cuyo responsable está distribuido y por lo tanto no es punible.

7. PROPUESTAS
Como se sugirió anteriormente, la norma sobre ruidos molestos debería establecer un método para determinar, en términos estadísticos, la molestia potencial de un ruido ambiente cualquiera, incluyendo todas las fuentes de ruido que existan real o potencialmente en el momento de la evaluación (que podría ser una evaluación prospectiva, teniendo en cuenta fuentes aún no instaladas).
Una manera de evaluar dicha molestia es a través del porcentaje de personas altamente molestas a causa del ruido bajo estudio. Con este paradigma se han efectuado numerosas investigaciones, que luego fueron sintetizadas en grandes estudios integradores, como el de Schultz,[6] de 1978, indicado en la figura 1. En ella se indica el porcentaje de personas altamente molestas, %HA en función del nivel día-noche, Ldn, definido como el nivel equivalente extendido a las 24 horas luego de aplicar un término de corrección de 10 dBA al nivel sonoro en horario nocturno. Este resultado resume una importante cantidad de estudios realizados en diferentes comunidades, y se refiere a la respuesta a largo plazo, por lo cual no podría aplicarse para predecir la respuesta a corto plazo (por ejemplo, la respuesta de los vecinos ante una estrepitosa fiesta). Es aplicable a la mayoría de los ruidos comunitarios habituales, incluido el del tránsito, el ferroviario y el de aviación. Los ruidos con carácter tonal e impulsivo, así como los de rápido crecimiento o los que tienen fuerte contenido de baja frecuencia, no están en principio contemplados, pero es posible tenerlos en cuenta con correcciones similares a las que se utilizan en la versión actual de la Norma IRAM 4062.

Figura 1. Porcentaje de personas altamente molestas en función del nivel día-noche.[6] Los valores corresponden a la respuesta a largo plazo.

La ventaja de este enfoque es que se presta para la investigación por medio de encuestas, y los resultados pueden proporcionarse con su correspondiente incertidumbre, expresada a través de la dispersión estadística. Una desventaja es que no todos los tipos de ruidos han sido investigados y ulteriormente incorporados a los estudios integradores, pero sí se han incorporado la mayoría de los ruidos típicos. Otra desventaja es que no aporta información sobre la respuesta a corto plazo, ni proporciona una solución al problema del contenido semántico y su influencia en la sensación de molestia. Este tema, que queda abierto a la investigación, reviste gran importancia ya que su esclarecimiento permitiría la planificación y el diseño del paisaje sonoro con el fin de minimizar le descontento comunitario.
Un modelo destacable de norma sobre la respuesta comunitaria al ruido es la ANSI S12.9, parte 4, “Quantities and Procedures for Description and Measurement of Environmental SoundNoise Assessment amd Prediction of Long-term Community Response”, publicada por la Acoustical Society of America en 1996.[13] El mismo se basa en una variante actualizada del trabajo de Schultz. Utiliza términos de corrección que dependen del contenido tonal e impulsivo, notándose que la diferencia necesaria entre una banda de tercio de octava y sus adyacentes para que el sonido pueda considerarse tonal es fuertemente dependiente de la frecuencia. Además de estas correcciones se efectúan otras por ruidos con gran contenido de baja frecuencia, y por ruidos con crecimiento rápido (recuérdese el caso del split). Hechas estas correcciones se evalúa el nivel día-noche corregido, empleándose entonces la fórmula

Esta expresión corresponde a la molestia a largo plazo. Queda pendiente para un trabajo posterior la propuesta de correcciones para ruidos cuya irrupción en el paisaje sonoro lleva poco tiempo.


8. REFERENCIAS
1. ---: “Decreto-Ordenanza Nº 46.542/72 de la Ciudad de Rosario” Disponible gratuitamente en Internet: http://www.eie.fceia.unr.edu.ar/~acustica/biblio/46542.htm

2. Miyara, Federico: “Pautas para una Ordenanza sobre Ruido Urbano”. Primer Congreso Argentino sobre Calidad de Vida Urbana, Rosario, Argentina, 1997. Disponible gratuitamente en Internet: http://www.eie.fceia.unr.edu.ar/~acustica/biblio/ordenan1.htm

3. Environmental Protection Agency (US-EPA): “Information on Levels of Environmental Noise Requisite to Protect Public Health and Welfare with an Adequate Margin of Safety”, Washington, DC, USA, 1974. Disponible gratuitamente en Internet en la dirección http://www.nonoise.org/library/levels74/levels74.htm

4. Berglund, Birgitta; Lindvall, Thomas; Schwela, Dietrich H. (compiladores): “Guidelines for Community Noise”. Organización Mundial de la Salud, Genève, Suiza, 1999. Disponible gratuitamente en Internet en http://www.who.int/peh/noise/noiseindex.html

5. Finegold, L.S., Harris, S., von Gierke, H.E., “Community annoyance and sleep disturbance: Updated criteria for assesing the impacts of general transportation noise on people”, Noise Control Engineering Journal, 42(1), 25-30 (1994, January-February)

6. Schultz, T., “Synthesis of social surveys on noise annoyance”, J. Acoust. Soc. Am. 64(2), 337-405 (August 1978)

7. ISO 1999:1990 (E). “Acoustics – Determination of occupational noise exposure and estimation of noise-induced hearing impairment”. International Organization for Standardization, Genève, Suiza, 1990.

8. IRAM 4062/73 “Ruidos molestos al vecindario. Método de medición y cla­sificación”. Instituto Argentino de Racionalización de Materiales. Buenos Aires, 1973

9. IRAM 4062/84 “Ruidos molestos al vecindario. Método de medición y cla­sificación”. Instituto Argentino de Racionalización de Materiales. Buenos Aires, 1984.

10. IRAM 4062/00 “Ruidos molestos al vecindario. Método de medición y cla­sificación”. Instituto Argentino de Normalización. Buenos Aires, a publicar en 2000.

11. Resolución N° 159/96. Secretaría de Política Ambiental de la Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1996.

12. B.S. 4142 (1967) “Method for Rating industrial noise affecting mixed residential and industrial areas”. British Standards Istitution, March,1967.



13. ANSI S12.9-1996/Part 4 “Quantities and Procedures for Description and Measurement of Environmental SoundNoise Assessment amd Prediction of Long-term Community Response”. Acoustical Society of America, Standards Secretariat, New York, 1996.




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