Teilhard de Chardin: el hombre de Ciencia y el hombre de fe I. El hombre de Ciencia




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Ignacio Núñez de Castro S.J.
Teilhard de Chardin:

el hombre de Ciencia y el hombre de fe


I.- El hombre de Ciencia
El día 10 de Abril de 1955 moría en Nueva York Pierre Teilhard de Chardin. Unas cuantas personas acompañaron al féretro en el cementerio de los Padres Jesuitas. Entre las lápidas que presiden las tumbas de sus compañeros en el cementerio del antiguo Escolasticado jesuita de Hyde Park, New York, donde fue enterrado, y que hoy pertenece al Culinary Institute of America, hay una sencilla lápida dice:
Pierre Teilhard de Chardin S. J.

Natus 1 Maii 1881

Ingressus 19 Martii 1899

Obiit 10 Aprilis 1955


Era el Domingo de Resurrección del año 1955 después del medio día, cuando víctima de infarto de miocardio moría Pierre Teilhard de Chardin; en una cena en el Consulado de Francia de Nueva York el 13 de Marzo de 1955 Pierre había dicho: “Me gustaría morir el Domingo de Resurrección”; la frase fue recogida por uno de sus sobrinos allí presente1.Teilhard de Chardin, el que se reconocía así mismo más como un hijo de la Tierra, que como un hijo del cielo2, había recorrido el largo camino del Fenómeno Humano y del Medio Divino, para poder terminar diciendo: “Puede la Tierra asirme con sus brazos gigantes. (…) Ya no me perturban los encantos de la Tierra desde que, para mí, se ha hecho, allende de ella misma, cuerpo de Aquel que es y de Aquel que viene”3. La muerte para Teilhard era el momento culminante de la vida. Estas palabras suyas pueden acercarnos a cómo él mismo vivió el momento de su muerte: “La Muerte es la encargada de practicar hasta el fondo de nosotros mismos la abertura requerida. Nos hará experimentar la disociación esperada. Nos pondrá en el estado orgánico que se requiere para que penetre en nosotros el Fuego divino. Y así su poder nefasto de descomponer y disolver se hallará puesto al servicio de la más sublime de las operaciones de la Vida”4.
La Vida, la vamos a encontrar en la obra teilhardiana, hipostatizada y siempre escrita con mayúscula. Teilhard de Chardin, como hombre de ciencia, no fue un biólogo experimental, sino un paleontólogo, como lo ha subrayado en la Revista Pensamiento Leandro Sequeiros5. Sin embargo, como él mismo escribe en su pequeño tratado de madurez, terminado en París en Enero de 1950, El grupo zoológico humano: “El hombre es una parte de la Vida, y (tal es propiamente la tesis sostenida a lo largo de estas páginas) es incluso la parte más característica, la más polar, la más viva de la Vida”6. Para Teilhard era imposible bucear en el pasado para abrirnos a futuro, sin estudiar “el puesto que la Vida ocupa en el universo”7. Por eso Teilhard sin ser un biólogo de profesión, sin querer hacer Metabiología, y mucho menos Metafísica, su intento era hacer una Hiperfísica8, llegó a construir a su pesar, una Biofilosofía o una Filosofía Natural de la vida9. Estas páginas en el cincuenta aniversario de su muerte, cuando ha acontecido entre nosotros la llamada revolución biotecnológica10, que él no pudo ver, intentan acercarnos al hombre de ciencia y al hombre de fe, que fue Pierre Teilhard de Chardin. La aproximación al hombre de ciencia viene sesgada, por mi parte, hacia el campo de la Bioquímica y Biología Molecular, pues es la parte de la Biología que he cultivado a lo largo de mi vida profesional, pero dada la amplitud de pensamiento de Teilhard de Chardin, nos dará un atisbo de la reflexión profunda sobre la ciencia que fue una de las características de su pensamiento.
Las grandes intuiciones de Teilhard de Chardin: Cosmos = Cosmogénesis
De Teilhard de Chardin, cincuenta años después de su muerte, nos quedan sus más de 250 artículos de investigación en el campo de la Paleontología, sus ensayos filosóficos y teológicos, que en el fondo constituyen una gran Antropología, aunque no sistemática, y sobre todo sus grandes intuiciones. El día 7 de Abril de 1955, tres días antes de muerte, sobre la mesa de su despachó dejó una cuartilla autógrafa, la ultima página de su diario. En ella se encuentra escrita una poliecuación que tiene la fuerza de un testamento y figura encabeza con estas palabras: “Lo que yo creo
Cosmos = Cosmogénesis → Biogénesis →Antropogénesis →Cristogénesis11
La gran hipótesis de Teilhard: “lanzar si es posible un puente o (al menos un esbozo de puente) entre Biología y Física”,12 engendrada en medio de las trincheras de la Primera Guerra Mundial, estaba terminada en su manuscrito del Fenómeno Humano escrito en Pekín entre Junio de 1938 y Junio de 194013. Es interesante observar cómo el pensamiento de Teilhard fue progresando y madurando, pero no en sentido lineal progresivo, sino en profundidad, puesto que las grandes intuiciones aparecen esbozadas en su juventud. La autobiografía del pensamiento de Teilhard de Chardin está escrita con toda honestidad y sinceridad en su obra El corazón de la materia. Ya en el año 1917 Teilhard escribió: “La historia de mi vida interior es la historia de esta búsqueda orientada hacia realidades cada vez más universales y perfectas. En el fondo mi tendencia natural profunda ha permanecido absolutamente firme desde que me conozco”14.
Decíamos anteriormente que Teilhard fue un antropólogo ensayista, un filósofo de la Biología, pero un filósofo malgré lui, más de una vez confesó: “Yo no soy ni un filósofo, ni un teólogo, sino un estudiante del fenómeno, un físico en el viejo sentido de los griegos”15. Lo primero que destaca en su testamento es la repetición del sufijo génesis16, como si quisiera indicar en una sola palabra lo que constituye la esencia de su pensamiento: la realidad es un proceso, el ser es un proceso, un devenir en evolución continua y proyectado hacia delante, centrado en el hombre (noogénesis), pero atraído en última instancia por Omega, el Dios de hacia delante17. Proyectado tiene un doble sentido en castellano: diseñado y arrojado; arrojado hacia el futuro y diseñado desde el pasado. El mundo para Teilhard es transparente: “Lo que me propongo a lo largo estas páginas es simplemente mostrar cómo, a partir de un punto de ignición inicial –congénito-, el Mundo, a lo largo de toda mi vida, durante toda mi vida, se ha ido poco a poco iluminando, inflamado a mis ojos, hasta volverse en torno a mí enteramente luminoso por dentro”18.

Hans Küng, en su libro ¿Existe Dios? Ha puesto en evidencia la analogía entre el pensamiento de Alfred N. Whitehead y Teilhard de Chardin: “como Teilhard en Teología, Whitehead se preocupa en Filosofía por mantener estrecha conexión con el pensamiento de las ciencias naturales modernas. También él entiende la naturaleza entera como un proceso gigantesco en el que un número infinito de unidades mínimas (…) entra en activa relación con otras, y todas ellas se desarrollan juntas en pequeños procesos igualmente infinitos en número”19.

Decíamos anteriormente que las grandes líneas del pensamiento de Teilhard sobre la Vida estaban conformadas en su primer manuscrito del Fenómeno Humano: “En una perspectiva coherente del mundo, la Vida presupone inevitablemente y en lontananza la Previda”20. La hipótesis teilhardiana es casi simultánea en maduración y exposición con la de otros dos grandes científicos contemporáneos de Teilhard, John B. S. Haldane21 y Alexander I. Oparin22, pero provenientes de ambientes culturales y sociales muy alejados del mundo de Teilhard. Haldane en 1929 proponía que aparición de la vida sobre la Tierra habría sido simultánea con el proceso de planetización. Haldane fue uno de los primeros científicos en lanzar la hipótesis de que la presencia de una atmósfera reductora era necesaria para la evolución de la vida a partir de la materia orgánica no viviente hasta que según Haldane “los océanos primitivos alcanzaran la consistencia de un caldo caliente y diluido”23. Las ideas de Haldane aparecieron en el año 1929 en el Rationalist Annual, pero no causaron ninguna reacción. Haldane pertenecía a los círculos intelectuales británicos promarxistas y Teilhard de Chardin para esas fechas se encontraba en China24. A la pregunta sobre si Teilhard conocía el pensamiento de Haldane cuando escribía las páginas del Fenómeno Humano, el mismo Pierre nos responde en una nota aclaratoria: “Estas páginas estaban escritas desde hacía mucho tiempo, cuando tuve la sorpresa de descubrir su misma sustancia en algunas líneas magistrales, recientemente redactadas por J. B. S. Haldane: En lo que llamamos Materia no encontramos ninguna huella evidente de pensamiento ni de vida –dice el gran bioquímico inglés-. (…) Si las perspectivas modernas de la ciencia son correctas, podremos esperar encontrarlas, por lo menos en su forma rudimentaria, a través de todo el Universo”25.

Unos años antes el bioquímico soviético Oparin había editado en ruso (1924) una pequeña monografía en la que se exponía la hipótesis oparinista del caldo de cultivo o sopa primigenia. La obra tardó en conocerse en inglés (1936)26 y en francés. La primera edición castellana de El Origen y la evolución de la vida está traducida de la edición francesa de 196727. ¿Hubo información cruzada entre las hipótesis de los tres científicos, Teilhard, Haldane y Oparin? Nos consta que Teilhard conocía los escritos de Haldane como hemos expuesto más arriba. Oparin en una entrevista que le hicieron en el periódico ABC con motivo de su asistencia al Congreso de la FEBS (Federation of European Biochemical Societies, Madrid, Abril 1969) afirmó que no conocía los escritos de Teilhard de Chardin. Si Teilhard conocía las aportaciones de Oparin, no nos consta. Son pocas las citas que hace Teilhard de otros autores en sus ensayos de carácter filosófico o teológico. Sin embargo, sí podemos afirmar, que los tres investigadores llegaron independiente y casi simultáneamente a la misma hipótesis de que la previda es la trama de la vida y que por lo tanto la aparición de los componentes de los que están compuestos los organismos vivos supone una evolución química prebiológica.

Desde el comienzo de El Fenómeno humano Teilhard de Chardin explicó muy claramente cuál iba a ser su metodología. Teilhard no se aparta del más puro método fenomenológico; el filósofo, a su pesar, acepto la actitud fenomenológica correcta de solamente ver28. “Estas páginas representan un esfuerzo por ver y hacer ver lo que es y exige el Hombre si se le coloca, enteramente y hasta el fin, dentro del cuadro de las apariencias”29. Pero para descubrirse completamente el hombre a sí mismo tiene necesidad de una serie de sentidos y la historia del Espíritu no es sino el descubrimiento de esos sentidos: sentido de la inmensidad espacial, sentido de la profundidad, sentido del número, sentido de la proporción, sentido de la cualidad o de la novedad, que puede llegar sin romper la unidad física del mundo, sentido del movimiento capaz de percibir los irresistibles desarrollos ocultos en las mayores lentitudes, sentido de lo orgánico que descubre las interrelaciones y la unidad estructural.30 Esta sensibilidad nueva que Teilhard pide para poder ver todo el fenómeno ha sido lo que quizá ha escapado a ciertos detractores de su obra y su metodología.

El cosmos, en proceso de Cosmogénesis, es visto por Teilhard como un sistema, un totum y un quantum31. El concepto de sistema32 nos habla de interrelaciones dentro de un conjunto cerrado sobre sí mismo, con capacidad de autorregulación y de autonomía. El sistema constituye un grupo estructuralmente terminado, diferente de un astro o de un cristal, en los que el conjunto es accidentalmente delimitado, donde no hay “ninguna huella de una unidad limitada con relación a sí misma”33. En los cristales se da una simple repetición geométrica indefinida de unidades, por variadas que sean y numerosos los ejes de su disposición, Así, pues, Teilhard de Chardin considera a todo el cosmos como un bloque: “mirando a nuestro alrededor hasta donde alcanza nuestra vista, el universo se sostiene por su conjunto”34. Este universo es un todo (totum) tejido “en una sola pieza, siguiendo un solo y un mismo procedimiento, pero que de un punto a otro nunca se repite”35. Y para que el todo se constituya y se mantenga debe haber una continua interacción entre todos los elementos. “Y ello por causa del Todo, puesto que existe, debe expresarse en una capacidad global de acción, cuya resultante parcial encontramos en cada uno de nosotros. De esta manera nos vemos conducidos a buscar y a concebir una medida dinámica del mundo”36. A esta dinamicidad es a lo que Teilhard ha dado el nombre de Quantum. “Quantum que no llega a adquirir plenamente su sentido más que cuando intentamos definirlo en relación con un movimiento natural concreto: es decir, en la Duración”37. De esta manera para Teilhard de Chardin “cada elemento del Cosmos está positivamente entretejido en todos los demás gracias al misteriosos fenómeno de ‘composición’ (…) Es imposible romper esta red, imposible aislar una sola pieza sin que se deshilache toda ella y se deshaga por todos sus extremos”38. La trama del universo es el universo mismo. Trama que es mucho más que la simple superposición de relaciones articuladas. Para Teilhard, pues, la vida, esa delgada película que constituye la Bioesfera39, sobre uno de los planetas del sistema solar, (“¡tan ridículamente localizada, en el espacio de un instante, sobre una partícula sideral!”40) es una cualidad inherente a la materia y no un epifenómeno. “La Vida no es una anomalía curiosa, floreciente esporádicamente sobre la Materia, sino que la Vida es una exageración privilegiada de una propiedad cósmica universal; la Vida no es un epifenómeno sino la esencia misma del fenómeno”41.


La Vida efecto material de la complejidad
Para Teilhard de Chardin la vida “no es otra cosa, para la experiencia científica, que un efecto específico (el efecto específico de la Materia complejificada: propiedad coextensiva en sí misma a la Materia cósmica entera, pero sólo aprehensible para nuestra visión allí donde (…) la complejidad supera un determinado valor crítico”42. La vida para Teilhard no será una anomalía inexplicable, es la creación racionalmente esperada de una involución o enrollamiento cósmicos. Muchos científicos contemporáneos o posteriores a Teilhard de Chardin, creyentes o agnósticos, han optado por concebir la vida en términos cósmicos como una gran excepción43. Quizá una de las voces que más duramente ha criticado a Teilhard ha sido la de su compatriota Jacques Monod, Biólogo Molecular y premio Nobel en su monografía El azar y la necesidad. Para Monod el principio de objetividad, es decir, el no poder concebir nada en la naturaleza en términos de proyecto, le obliga a afirmar: ”el hombre sabe al fin que él está solo en la inmensidad indiferente del Universo donde él ha emergido por azar. Ni su destino, ni su deber están escritos en ninguna parte. Él ha de elegir entre el Reino y las tinieblas”44. En su libro Monod tacha a Teilhard de Chardin de animista y prosigue Monod: “la filosofía biológica de Teilhard de Chardin no merecería que uno se detuviera en ella, si no fuera por el éxito que ha encontrado entre miles de científicos”45. La posición de Monod es contraria a la del también Premio Nóbel de Medicina Christian de Duve para quien los elementos esenciales para formar los primeros seres vivos sobre la Tierra pudieron venir del espacio y postula la existencia de sistemas planetarios semejantes a la Tierra donde ha emergido la vida46.

En el ámbito anglosajón encontramos también fuertes reacciones al pensamiento teilhardiano sobre la vida. Fue muy comentada en su día la recensión tan desproporcionada, injusta y áspera del Premio Nóbel inglés Meter Medawar a la edición inglesa de El Fenómeno Humano47. La crítica de Medawar contrasta con la postura ante la obra teilhardiana del gran genetista Theodosius Dobzhansky, entusiasta conocedor los escritos de Teilhard, como se desprende de su correspondencia con John Greene. Para Dobzhansky, Teilhard de Chardin no quiso construir su cosmovisión apoyado únicamente en la ciencia. Dobzhansky afirma que la obra de Teilhard es ciencia, metafísica y teología, y algo de lo que Medawar no hace mención: poesía48.

Decíamos anteriormente que para Teilhard la vida nace de la complejidad: “La Vida, repetiré constantemente a lo largo de estas páginas, se ofrece experimentalmente a la Ciencia como un efecto material de complejidad”49 y en otro lugar, “una observación mas completa de los movimientos del mundo nos obligaría (…) a descubrir que si las cosas se sostienen no es más que a fuerza de la complejidad”50. Podemos preguntarnos: ¿qué entiende Teilhard por complejidad o como se refiere en otras ocasiones eje de complejidades?

La complejidad no es, en primer lugar una simple agregación de elementos ordenados, no es tampoco la simple repetición geométrica, indefinida de unidades, como podría ser un cristal. Para Teilhard no es sobre dos infinitos (recordando los infinitos de Pascal: lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño), sino sobre tres infinitos sobre los que el mundo está construido espacialmente. A lo ínfimo y a lo inmenso habría que añadir lo inmensamente complicado51. “La Biología no sería sino la Física del complejo muy grande”52.



Teilhard de Chardin afirma que la complejidad es el resultado de la combinación o “tal como yo la comprendo aquí, la complejidad es una heterogeneidad organizada, y por consiguiente centrada”53. La heterogeneidad es una de las características fundamentales del cosmos: “tejida en una sola pieza y siguiendo un solo y mismo procedimiento, pero que de un punto a otro nunca se repite, la Trama del Universo, corresponde a un solo modelo: constituye estructuralmente un todo”54. Unidad-diversidad es una de los predicados antinómicos de la vida55, puesto que aparentemente puede decirse que la vida es una sola como diversa. La vida es una en su origen (monofiletisno), es una porque todos los organismos vivos tienen los mismos componentes bioquímicos: las cuatro bases de los ácidos nucleicos, los mismos veinte amino ácidos proteinogenéticos y el mismo código genético, así como las cadenas metabólicas son esencialmente las mismas. Sin embargo, la vida es, a su vez, maravillosamente diversa en todas las manifestaciones, a veces tan sorprendente, de la gran variedad de los seres vivos. Impresiona cómo una misma función biológica ha sido resuelta de tantas maneras diferentes a lo largo de la evolución. Teilhard propone una gran solución ante esta antinomia: la vida constituye una Biota56 única: “Profusión tanteante, ingeniosidad constructiva, indiferencia para todo cuanto no es porvenir y totalidad. La vida en virtud de sus mecanismos elementales, va elevándose, gracias a estos tres vectores y gracias también a un cuarto que os envuelve a todos: el de una unidad global. (…) Pues “considerada en su totalidad la substancia viviente extendida sobre la Tierra dibuja, desde los primeros estadios de su evolución, las alineaciones de un único y gigantesco organismo”57. Ese único y gigantesco organismo, al que el discípulo y gran admirador de Teilhard el paleontólogo Crusafont Pairó ha llamado continuum filético58, se va concretando a través del tiempo en las innumerables manifestaciones del reino vegetal y del reino animal.
La célula: unidad de vida
Teilhard de Chardin ha afirmado que solamente existe un modelo estructural de vida, modelo que en virtud de la diversidad nunca se repite en su concreción externa. ¿Cuál es ese modelo de vida tanto a nivel físico como a nivel estructural? El modelo a nivel físico es la célula59. La vida propiamente dicha comenzó cuando empezó a existir la primera célula. “Cuanto más concentra la Ciencia, desde hace un siglo, sus esfuerzos sobre esta unidad química y estructuralmente ultracompleja, más evidente resulta que tras ella se oculta el secreto cuyo conocimiento establecería el lazo de unión, presentido, pero no verificado aún, entre los dos mundos de la Física y de Biología. La célula grano natural de vida, tal como el átomo es el grano natural de la Materia inorganizada”60. Teilhard acusaba a los citólogos e histólogos de haber congelado, para su estudio61, a la célula, unidad dinámica y estructural de la vida,. “Nos hemos ocupado mucho de sus diferencias, -es decir, todo lo que constituye la Biología descriptiva: Microbiología, Zoología, Botánica- conviene, prosigue Teilhard, converger nuestras investigaciones hacia sus orígenes, es decir hacia las raíces que ahondan en lo inorganizado, si queremos poner el dedo en la verdadera esencia de su novedad. (…) Tratemos de ver en qué se convierte si la contemplamos y la tratamos como es debido, como algo a la vez largo tiempo preparado y profusamente original; es decir, como algo nacido”62. En la célula es donde, para Teilhard de Chardin, aparece la trama del universo con todos sus caracteres: sistema, totum y quantum. Sin duda ninguna, la célula supone un peldaño ulterior de complejidad y, por consiguiente, un grano superior de interioridad, es decir de consciencia63.

Tenemos formulada por el mismo Teilhard ese procedimiento que a nivel estructural, nunca se repite y es la ley teilhardiana de la complejidad-consciencia64. Esta ley está formulada por Teilhard de Chardin como guía fenomenológica para la mejor comprensión del fenómeno vital. El término consciencia es usado por Teilhard sin tener en cuenta su etimología y designa cualquier forma de psiquismo desde el más elemental hasta la forma más elevada, la consciencia reflexiva. “la consciencia, es decir, lo de dentro -captable experimentalmente, o bien (por infinitesimal) inasible- de los corpúsculos tanto pre-vivientes como vivientes”65. Para Teilhard de Chardin es posible medir “el grado de psiquismo o consciencia”. Todo ser en el universo posee su centro de convergencia. Así “la Vida no es aparentemente otra cosa que la exageración privilegiada de una deriva cósmica fundamental (…) que puede denominarse ‘ley de complejidad-consciencia’ y que puede expresarse como sigue: “Abandonada durante mucho tiempo a sí misma, bajo el juego prolongado y universal de las probabilidades, la Materia manifiesta la propiedad de entrarse en agrupaciones cada vez más complejas y al mismo tiempo cada vez con más aumento de consciencia; de manera que este doble movimiento conjugado de enrollamiento psíquico y de interiorización (o centración) psíquica se prosigue, se acelera y se ve impulsado lo más lejos posible, una vez iniciado”66.

Es “en la célula, a la vez tan una, tan uniforme y tan complicada, donde reaparece en suma la Trama del Universo con todos sus caracteres, aunque elevada esta vez a un peldaño ulterior de complejidad y, por consiguiente, y al mismo tiempo (si la hipótesis que nos guía en el curso de estas página es verdadera) a un grado superior de interioridad, es decir, de consciencia”67. Recordemos que los caracteres de la Trama del Universo es ser un sistema, totum y quantum. La aparición de la primera célula supone un paso decisivo en el proceso de la consciencia sobre la Tierra68. Ahora bien, para Teilhard de Chardin no supone la aparición de la vida, en la forma celular un inicio absoluto, sino como él dirá una metamorfosis. ¿Cómo ha podido llevarse a cabo? Para Teilhard la respuesta está una vez más en la organización estructural externa de los componentes celulares y en la aparición interna de un nuevo tipo de actividad69.

A la pregunta si la vida apareció una sola vez o en n puntos sobre el planeta a la vez, responde Teilhard, que no lo sabemos pero “poco importa”70, puesto que “tomada en su conjunto, la Biosfera no representaría de este más que una simple rama en medio y por encima de otras proliferaciones menos progresivas o menos afortunadas de la Previda”71.

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