Revista internacional de derecho romano




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ISSN 1989-1970
ridrom@uclm.es






Derecho Romano,
Tradición Romanística y
Ciencias
Histórico-Jurídicas


REVISTA INTERNACIONAL DE DERECHO ROMANO

EXCEPCIONES A LA INCAPACIDAD DE OBRAR DEL IMPUBER Y DEL MINOR SUI IURIS Y SU RECEPCION EN DERECHO ESPAÑOL.

EXCEPTIONS TO THE INABILITY TO ACT OF THE IMPUBER AND MINOR SUI IURIS AND RECEPTION IN SPANISH LAW.
Walenka Arévalo Caballero

Profesora Titular de Derecho Romano

Universidad de Alicante

I. Capacidad y responsabilidad del impuber y del minor sui iuris en Derecho Romano.
Iniciaremos el estudio refiriéndonos a los impúberes sui iuris, los cuales, ya fuesen varones o mujeres, estaban sometidos a tutela1 y necesitaban la auctoritas del tutor para que fuesen válidos los negocios jurídicos que realizaban; no obstante, atendiendo esencialmente a la edad y a las relaciones jurídicas que podían concluir, se dividió la impubertad, en distintas categorías: infantes, considerando como tal a todos aquellos qui fari non possunt2 y, aunque no existió unanimidad legislativa ni jurisprudencial para establecer hasta que edad el menor era considerado infans –los juristas clásicos valoraron la situación caso por caso3–, Justiniano admitió los siete años para reconocerlos como impuberes infantia maiores. Ahora bien, Solazzi4 ha defendido, basándose en las fuentes, que ya en época clásica se abandonaba la infancia a partir de los cinco años cumplidos.
A partir de la segunda mitad del siglo II a.C., la categoría de impuberes infantia maiores se dividió en dos grupos, en primer lugar, los que estaban próximos a la infancia –infanti proximi– y, en segundo, aquellos que se acercaban a la pubertad –pubertati proximi5.
Los infantes eran considerados totalmente incapaces, así lo establece Gayo, en Instituciones 3, 109, …nam infans et qui infanti proximus est non multum a furioso differt, quia huius aetatis pupilli nullum intellectum habent… y todos sus negocios jurídicos debían ser realizados por el tutor6, al ser equiparados a los furiosi que no pueden comprender los actos que efectúan. Esto es, era su tutor quien concluía los actos jurídicos supliendo a la persona del menor y, por consiguiente, su responsabilidad contractual era nula.

Sin embargo, los pubertati proximi o infantia maiores7 podían realizar negocios jurídicos siempre que les fueran favorables8 y obligar a otras personas en su favor, así se establece en Gai. 3, 1079:



Gai 3,107, Pupillus omne negotium recte gerit, ut tamen, sicubi tutoris auctoritas necessaria sit, adhibeatur, uelut si ipse obligetur; nam alium sibi obligare etiam sine tutoris auctoritate potest.
Por lo tanto, para los menores que habían cumplido la edad de siete años, no era necesaria la presencia ni el consentimiento del tutor si el negocio únicamente les producía beneficios, siendo necesario, como se puntualiza en Gai, 3, 10910, que para celebrar estos contratos el menor tuviese discernimiento, esto es, que comprendiese el acto que estaba realizando.

Gai 3, 109, Sed quod diximus de pupillo, utique de eo uerum est, qui iam aliquem intellectum habet; nam infans et qui infanti proximus est non multum a furioso differt, quia huius aetatis pupilli nullum intellectum habent. sed in his pupillis propter utilitatem benignior iuris interpretatio facta est.
Así, podemos señalar que, aunque limitada, los infantia maiores tenían capacidad de obrar por sí mismos y por consiguiente su responsabilidad también se encontraba restringida, en los negocios jurídicos que realizaba sin la auctoritas de su tutor.
Por lo que se refiere a los contratos que podían formalizar los impuberes infantia maiores sui iuris, debemos subrayar que, auxiliados por su tutor, lograban concluir cualquier clase de contrato, tal como establece Paulo en D. 50, 17, 5,

D. 50, 17, 5 Paulus 2 ad sab. In negotiis contrahendis alia causa habita est furiosorum, alia eorum qui fari possunt, quamvis actum rei non intellegerent: nam furiosus nullum negotium contrahere potest, pupillus omnia tutore auctore agere potest.


El requisito de la intervención del tutor en los negocios del menor para su validez, estaba instaurada como costumbre del pueblo romano; así lo manifiesta Ulpiano en D. 29, 2, 8:

D. 29, 2, 8 Ulpianus 7 ad sab. More nostrae civitatis neque pupillus neque pupilla sine tutoris auctoritate obligari possunt:..

Además, el ius civile imponía al pupilo la necesidad de contar con la auctoritas del tutor para contraer obligaciones, comprobándose esta exigencia en D. 2, 14, 28 pr., al establecer la invalidez de los pactos convenidos contra las reglas del derecho civil y se pone como ejemplo el pactum de non petendo concluido sine tutoris auctoritate:

D. 2, 14, 28, pr. Gaius 1 ad ed. provinc. Contra iuris civilis regulas pacta conventa rata non habentur: veluti si pupillus sine tutoris auctoritate pactus sit ne a debitore suo peteret, aut ne intra certum tempus veluti quinquennium peteret: nam nec solvi ei sine tutoris auctoritate potest. ex diverso autem si pupillus paciscatur, ne quod debeat a se peteretur, ratum habetur pactum conventum: quia meliorem condicionem suam facere ei etiam sine tutoris auctoritate concessum est.


No obstante, hay que destacar que en el fragmento, por el contrario, se da validez al pacto de no pedir formalizado por el pupilo cuando convenía la liberación de su obligación, porque, manifiesta Gayo, le está permitido mejorar su condición, aun sin la auctoritas del tutor.
Atendiendo a lo anteriormente expuesto, el pupilo no podía realizar promesa por medio de stipulatio, aunque por razones de utilidad se admitió que pudiese intervenir válidamente en el contrato11 en determinadas ocasiones.
Por ello, Gayo, refiriéndose a la satisdatio rem pubilli salvam fore12, contempla la posibilidad de que no sólo los infantia maiores sui iuris estipularan válidamente con su tutor la fianza para dejar a salvo sus bienes, sino que podía hacerlo el infans por sí mismo –propter utilitatem–, en el supuesto de que supiese hablar:

D. 46, 6, 6, 6 Gaius 27 ad ed. provinc. Servum pupilli stipulari ita necesse est, si pupillus abest aut fari non potest: nam si praesens sit et fari potest, etiamsi eius aetatis erit, ut non intellegat quid agat, tamen propter utilitatem receptum est recte eum stipulari.


Se incide sobre el tema en D. 46, 6, 6, 2, de tal manera que si el pupilo era un infante de los qui fari non possunt, estipularía por él su esclavo y si no lo tuviese, ordenaba el pretor, que se le comprase uno; asimismo, en el caso de que no poseyera dinero para comprarlo o fuese difícil su compra, debía actuar en su nombre, ante el pretor, un esclavo público:

D. 46, 6, 2, Ulpianus 79 ad ed. Si pupillus absens sit vel fari non possit, servus eius stipulabitur: si servum non habeat, emendus ei servus est: sed si non sit unde ematur aut non sit expedita emptio, profecto dicemus servum publicum apud praetorem stipulari debere:


Por otra parte, el menor no podían efectuar válidamente negocios que implicaran disposición de su patrimonio sin la auctoritas del tutor, como ocurriría en la enajenación de bienes13; ahora bien, se le permitió adquirir mediante stipulatio, siempre que recibiese lo convenido por simple traditio, sin que interviniese el tutor. Así lo establece Gayo en D. 26, 8, 9pr.:

D. 26, 8, 9pr. Gaius 12 ad ed. provinc. Obligari ex omni contractu pupillus sine tutoris auctoritate non potest: adquirere autem sibi stipulando et per traditionem accipiendo etiam sine tutoris auctoritate potest: sed credendo obligare sibi non potest, quia sine tutoris auctoritate nihil alienare potest.

El problema se presentaba cuando el menor disponía de su dinero realizando un mutuo –negocio en el que se transmitía la propiedad de las monedas entregadas14–. Al no tener el impúber capacidad para disponer de su patrimonio ni para transmitir la propiedad, señala el fragmento que, al realizar el préstamo, no obligaba al deudor, ya que se le prohibía enajenar cualquier bien de su patrimonio sin el consentimiento de su tutor. El mismo razonamiento aparece en Gai 2, 8215, donde se determina que si el pupilo prestaba una cantidad de dinero, no podía obligar al prestatario porque éste no adquiría la propiedad del dinero que tomaba, teniendo en cuenta la prohibición de enajenar sine tutoris auctoritate; no obstante, aunque el negocio fuese nulo el menor no sufriría una pérdida patrimonial, porque se le concedía la facultad de reivindicar la propiedad de las monedas entregadas16.

Además, constituido un crédito cuyo titular fuese el pupilo, si el deudor pagaba al impúber, no quedaba liberado de su obligación, porque según lo dispuesto en D. 2, 14, 28pr, ni siquiera era posible pagar válidamente al menor sin la presencia de su tutor. No obstante, el pupilo adquiría la propiedad del dinero recibido por simple traditio, pero no tenía capacidad para extinguir el crédito iure civili, sin la auctoritas del tutor, como manifiesta Gayo en Instituciones, 2, 84:



Gai 2, 84 Itaque si debitor pecuniam pupillo soluat, facit quidem pecuniam pupilli, sed ipse non liberatur, quia nullam obligationem pupillus sine tutoris auctoritate dissoluere potest, quia nullius rei alienatio ei sine tutoris auctoritate concessa est; sed tamen si ex ea pecunia locupletior factus sit et adhuc petat, per exceptionem doli mali summoueri potest.
Ahora bien, si, a pesar de haber cobrado y haberse enriquecido, el pupilo volvía a exigir el pago de la deuda, el obligado podía oponerle una exceptio doli.
La tutela del deudor con la exceptio doli queda reflejada, asimismo, en D. 44, 4, 4, 4:

D. 44, 4, 4,4, Ulpianus 76 ad ed. Si quis pupillo solverit sine tutoris auctoritate id quod debuit exque ea solutione locupletior factus sit pupillus, rectissime dicitur exceptionem petentibus nocere: nam et si mutuam acceperit pecuniam vel ex quo alio contractu locupletior factus sit, dandam esse exceptionem. idemque et in ceteris erit dicendum, quibus non recte solvitur: nam si facti sint locupletiores, exceptio locum habebit.17

El menor debía responder en la medida de su enriquecimiento en aquellos contratos que actuaba sine tutoris auctoritate; no podía ser perjudicado y no se obligaba a la conclusión del negocio, pero por un rescripto del Emperador Antonino Pío18, se le concedía acción al que contrataba con él, para exigir la devolución de todo aquello con lo que se hubiese lucrado, estableciéndose en D. 26, 8, 1pr. …divus pius antoninus rescripsit iure pupillam non teneri, sed in quantum locupletior facta est, dandam actionem, que el impúber no se obligaba en derecho, pero que, a pesar de ello, era responsable por el enriquecimiento que hubiese podido obtener. Igualmente, en D. 26, 8, 5pr. …naturaliter tamen obligabitur in quantum locupletior factus est: nam in pupillum non tantum tutori, verum cuivis actionem in quantum locupletior factus est dandam divus pius rescripsit, Ulpiano vuelve a invocar el rescripto del emperador, al determinar que si se le hubiese entregado dinero en mutuo al pupilo, éste contraía una obligación natural19 y debía restituir el dinero con el que se enriqueció, quedado establecida claramente la responsabilidad del pupilo.
Por la misma razón que era nula cualquier enajenación del pupilo sin la auctoritas de su tutor, el menor era incapaz para manumitir a su esclavo porque significaría una disminución de su patrimonio, prohibición que se concreta en D. 26, 8, 9,1:

D. 26, 8, 9,1 Gaius 12 ad ed. provinc. Ex hoc autem, quod pupillus nullam rem sine tutoris auctoritate alienare potest, apparet nec manumittere eum sine tutoris auctoritate posse. hoc amplius licet tutoris auctoritate manumittat, debet e lege aelia sentia apud consilium causam probare.20

Por otra parte, los gravámenes constituidos sobre los bienes del pupilo, ausente el tutor, eran nulos, puesto que, como ya se ha indicado, al pupilo se le prohibía disponer de sus bienes y obligarse sine tutoris auctoritate21; pero es más, la irresponsabilidad del menor se mantenía aun después de alcanzada la pubertad. Así se dispone en C. 8, 39, 1:

C, 8, 39, 1: Imperator Antoninus Ex stipulatione, in qua impubes sine tutore auctore spopondisti, non es obligatus. * ant. a. paulino. *

En cuanto a la responsabilidad del pupilo en los contratos que generan obligaciones bilaterales, cuando intervenía sine tutoris auctoritate, se limitaba únicamente a la validez del negocio y no a los perjuicios que pudiera causarle22. De esta forma, se delimita en I. 1, 21pr., la responsabilidad del pupilo en los contratos bilaterales –compraventas, arrendamientos, mandatos y depósitos–, prescribiendo el cumplimiento de las obligaciones contraídas por aquellos que contrataban con los menores, pero liberando al impúber de toda responsabilidad si actuó sin el consentimiento de su tutor:

I. 1, 21pr. Auctoritas autem tutoris in quibusdam causis necessaria pupillis est, in quibusdam non est necessaria. ut ecce si quid dari sibi stipulentur, non est necessaria tutoris auctoritas:  quod si aliis pupilli promittant, necessaria est:  namque placuit, meliorem quidem suam condicionem licere eis facere etiam sine tutoris auctoritate, deteriorem vero non aliter quam tutore auctore. unde in his causis ex quibus mutuae obligationes nascuntur, in emptionibus venditionibus, locationibus conductionibus, mandatis, depositis, si tutoris auctoritas non interveniat, ipsi quidem qui cum his contrahunt obligantur, at invicem pupilli non obligantur.


Refiriéndose únicamente a la compraventa, Ulpiano en D. 19, 1, 13, 29, estableció la validez del negocio para la parte que contrataba con el impúber sin la intervención del tutor; por el contrario, carecían de validez las cláusulas del contrato que pudieran perjudicar al menor, porque para él no surgían obligaciones23:

D. 19, 1, 13, 29 Ulpianus 32 ad ed. Si quis a pupillo sine tutoris auctoritate emerit, ex uno latere constat contractus: nam qui emit, obligatus est pupillo, pupillum sibi non obligat.

Por lo que respecta al comodato24, se debe señalar el texto de Ulpiano, contenido en D. 13, 6, 1, 2, donde se dispone la imposibilidad de interponer la actio commodati contra el pupilo cuando el contrato se realizó sine tutoris auctoritate:

D. 13, 6, 1, 2, Ulpianus 28 ad ed. Impuberes commodati actione non tenentur, quoniam nec constitit commodatum in pupilli persona sine tutoris auctoritate, usque adeo ut, etiamsi pubes factus dolum aut culpam admiserit, hac actione non tenetur, quia ab initio non constitit.


Puntualiza el jurista que, en este caso, si después de haber alcanzado la pubertad hubiese el pupilo cometido dolo o culpa en el negocio, se le tiene por irresponsable, porque los efectos se retrotraen al momento de la conclusión del contrato y al ser menor y actuar sin la autoridad del tutor no nacería para él ninguna obligación.

Las soluciones anteriores contrastan, con la que aporta el jurisconsulto refiriéndose a un contrato de depósito25 en D. 16, 3, 1, 15:

D. 16, 3, 1, 15, Ulpianus 30 ad ed. An in pupillum, apud quem sine tutoris auctoritate depositum est, depositi actio detur, quaeritur. sed probari oportet, si apud doli mali iam capacem deposueris, agi posse, si dolum commisit: nam et in quantum locupletior factus est, datur actio in eum et si dolus non intervenit.
En este supuesto, Ulpiano establece la responsabilidad del menor cuando actúa con dolo en un contrato de depósito que concluye sin la auctoritas del tutor, admitiendo la posibilidad de interponer contra él la actio depositi, si el depositario podía probar que, al momento de la formalización del contrato, el impúber era dolo capax26, basándose para conceder la acción, en la hipótesis de la responsabilidad del menor por el lucro obtenido, aun en el caso de que no mediase dolo.
Es posible, a nuestro juicio, que la diversa regulación entre los dos fragmentos se deba a que, en D. 13, 6, 1, 2, el dolo no estuvo presente en el momento inicial del contrato de comodato, sino que aparece después mientras que, en D. 16, 3, 1, 15, se puede suponer que el pupilo actuó ya con dolo al tiempo de la constitución del depósito y para ello, debía tener edad suficiente para que se le considerase dolo capax, esto es, poseer la capacidad de juicio adecuada para conocer el alcance del acto que estaba ejecutando y, a pesar de ello, persistir en el fraude para adquirir un beneficio.
Expondremos a continuación otros negocios jurídicos cuya realización se prohibía al menor al suponer disposición de su patrimonio o asunción de obligaciones.
No podía el menor realizar testamento27, ni siquiera contando con la autoridad de su tutor, así se dispone en I. 2, 12, 1:

I. 2, 12, 1. Praeterea testamentum facere non possunt impuberes, quia nullum eorum animi iudicium est; item furiosi, quia mente carent. nec ad rem pertinet, si impubes postea pubes factus aut furiosus postea compos mentis factus fuerit et decesserit. …


La base para negarle la capacidad de testar era su falta de juicio, impedimento apreciado igualmente en Tituli ex corpore Ulpiani, 20, 12:

Ulp. 20, 12: Impubes, licet sui iuris sit. Facere testamentum non potest, quoniam nodum plenum iudicium animi habet.
No se entiende, manifiesta Burdese28, que se le niegue a los impúberes la capacidad de testar, sin distinguir entre infantes e infantia maiores, por su carencia de animus iudicum cuando a los infantia maiores se les permite realizar cualquier clase de negocio tutore agente; por ello, señala el autor, que deben tenerse en cuenta otras razones para considerar la incapacidad absoluta de testar del pupilo y esto se explicaría solo sí, “accanto al limitato sviluppo psichico del pupillo, se tiene conto pure dell’originaria affinità tra testamento e adozione e della particolare natura personale del negozio testamentario che esclude possa sopperire l’interpositio auctoritatis da parte del tutore.” Estamos de acuerdo con el autor en que no era posible el otorgamiento del testamento con la autoridad del tutor al ser un acto personalísimo que no admitía representación. Pero también debe tenerse en cuenta, a nuestro juicio, que, al ser este contrato un acto de disposición de sus bienes –aunque lo sea para después de su muerte–, requeriría necesariamente la intervención del representante legal para su validez y, al ser el testamento un negocio unilateral y personal en el que se veta la intervención del tutor o de cualquier otra persona, ésa sería la causa por la que se privaba al pupilo de la capacidad para testar, ya que el negocio sería nulo.
Sin embargo, a pesar de que la adición de herencia era también un acto personal29, se permitía al pupilo aceptarla con la auctoritas del tutor, así se determina en C. 6. 30. 6:

C. 6. 30. 5: Imperatores valer., gallien. Potuit pupillus pro herede tutore auctore gerendo consequi successionem, sed ipsius actus et voluntas fuit necessaria. nam si quid nesciente eo tutor egit, illi hereditatem non potuit adquirere. * valer. et gallien. aa. paulo. *


No obstante, prohíbe la constitución que el tutor pudiese obtener la herencia sin la intervención del pupilo y adquirirla por sí sólo para el menor, esto es, debía constar la voluntad del tutelado para la validez de la aceptación.
La interpositio auctoritatis era necesaria para aceptar la herencia, incluso en el supuesto de que fuese lucrativa, de esta manera se expresa Gayo en D. 26, 8, 9, 3:

D. 26, 8, 9, 3, Gaius 12 ad ed. provinc. Hereditatem adire pupillus sine tutoris auctoritate non potest, quamvis lucrosa sit nec ullum habeat damnum.


Ahora bien, cuando la aceptación de la herencia, evidentemente por el heres voluntarius, estaba condicionada a la realización de una cretio30, debemos preguntarnos si los impúberes podrían llevarla a cabo, pues para que fuese válido un acto verbal y solemne como la cretio era requisito indispensable que el heredero aceptante fuese plenamente consciente del acto que estaba realizando e igualmente era necesario que comprendiese todos los elementos del negocio que formalizaba, puesto que en caso de error en la forma o en el fondo la cretio sería nula31. Pues bien, a pesar de lo anteriormente indicado, el jurista Paulo estableció que si el menor podía expresarse correctamente, aunque no comprendiese el alcance del acto que realizaba, debía concedérsele el favor de poder adquirir la herencia con la auctoritas del tutor:

D. 29, 2, 9 Paulus 2 ad sab. Pupillus si fari possit, licet huius aetatis sit, ut causam adquirendae hereditatis non intellegat, quamvis non videatur scire huiusmodi aetatis puer ( neque enim scire neque decernere talis aetas potest, non magis quam furiosus), tamen cum tutoris auctoritate hereditatem adquirere potest: hoc enim favorabiliter eis praestatur.


A nuestro juicio, no se entendería que los jurisconsultos romanos hubiesen realizado una interpretación restrictiva de la cretio prohibiendo la aceptación de la herencia al pupilo por carecer de suficiente juicio, cuando se permitía al menor concluir cualquier clase de negocio jurídico con la intervención de su tutor, e incluso por sí sólo mejorar su posición en determinadas circunstancias. Entendemos que no hubiera sido justo negarle la adición de la herencia, por estarle prohibido realizar un negocio verbal y solemne, eso sí, por el que se convertía en heredero al pronunciar las palabras requeridas por la ley con todas sus consecuencias, pero que supondría para él, si era lucrativa, un aumento de sus bienes y, por ello, se exigía el consentimiento de su representante legal encargado de velar por el patrimonio de su tutelado.


En último lugar, por lo que se refiere a las donaciones32, los infantia maiores podían aceptarlas sine tutoris auctoritate mediante traditio y adquirir la propiedad posteriormente por usucapión33.

C. 7, 32, 3: Imperator dec. Donatarum rerum a quacumque persona infanti vacua possessio tradita corpore quaeritur. quamvis enim sint auctorum sententiae dissentientes, tamen consultius videtur interim, licet animi plenus non fuisset adfectus, possessionem per traditionem esse quaesitam: alioquin, sicuti viri consultissimi papiniani responso continetur, ne quidem per tutorem possessio infanti poterit adquiri. * dec. a. rufo. *


Ahora bien, en el supuesto de que la res donata presentara cargas o estuviera sujeta a condición, la aceptación de la donación sería nula, ya que el pupilo, para obligarse, debía necesariamente contar con la autorización del tutor y, por lo tanto, la carga o la condición no supondrían responsabilidad para el pupilo y se entenderían como no aceptadas.
Otro apartado a examinar es el de los puberes y minores y, al respecto, debe señalarse que los jurisconsultos dieron soluciones diversas para establecer el momento en que un civis alcanzaba la pubertad en Roma34.
Como es sabido, la edad púber se computaba de distinta manera en los varones y en las mujeres; pues si bien a las féminas, desde tiempos antiguos, se las consideraba púberes a los doce años, respecto a los varones debía constatarse la capacidad para procrear mediante una inspectio corporis; opinión que fue mantenida por la Escuela Sabiniana en época clásica; por el contrario, los Proculeyanos consideraron la necesidad de implantar una edad determinada y la limitaron en los catorce años35. Este criterio fue acogido por Justiniano, que consideró la inspectio corporis una práctica indecorosa, para ambos sexos, comprobándose su justificación en C. 5, 60, 3: 36

C. 5, 60, 3.- Imperator Justinianus Indecoram observationem in examinanda marum pubertate resecantes iubemus: quemadmodum feminae post impletos duodecim annos omnimodo pubescere iudicantur, ita et mares post excessum quattuordecim annorum puberes existimentur, indagnatione corporis inhonesta cessante. * iust. a. menae pp. *


Cuando un varón sui iuris llegaba a la pubertad se liberaba de la tutela37, por consiguiente, en principio, se consideró que lograba la plena capacidad de obrar38 y era responsable de todos sus actos.
Sin embargo, los jurisconsultos advirtieron que la concesión de la plena capacidad de obrar a personas tan jóvenes más que un beneficio suponía una carga para ellos39. Sobre todo si se tiene en cuenta el cambio económico que sufrió Roma después de las Guerras Púnicas, al convertirse en el centro comercial del mundo mediterráneo.
El desarrollo de las relaciones comerciales originó vínculos jurídicos cada vez más complejos; contratos, en los que el adolescente, por la falta de experiencia en los negocios podía ser estafado; para evitar estos fraudes se vio la necesidad de adoptar medidas protectoras, que si bien, por un lado, implicaban una disminución en su la capacidad de obrar, por otro, lo protegía de eventuales perjuicios. Al parecer, con este fin, se dictó, en los primeros años del siglo II a.C40., una Lex Plaetoria (o Laetoria) “de circunscriptione adolescentium”41, que salvaguardaba los intereses de los jóvenes hasta que cumplían los veinticinco años42.

Los negocios concluidos por los menores de veinticinco años, en cuanto púberes, eran válidos según el ius civile, aunque le ocasionaran perjuicios y, por lo tanto, plenamente responsables, incluso si eran estafados por terceras personas por su inexperiencia en los negocios –circunscriptio43–; no obstante, la Lex Plaetoria, concedía al menor directamente y a cualquier otra persona interesada indirectamente, una actio legis Plaetoriae44, contra aquellos que incitaban al menor a realizar un contrato con la intención de engañarlos, imponiéndoles una pena pecuniaria. Esta disposición indujo al pretor a tomar bajo su protección a los adolescentes45 dictando una serie de medidas que impidiesen el resultado previsto por quien realizaba la circunscriptio46.


Las disposiciones del ius honorarium tenían una doble vertiente: en primer lugar, el pretor concedió una excepción –exceptio legis plaetoriae–, al menor de veinticinco años, oponible contra el contratante que había actuado fraudulentamente y que invocaba en juicio el cumplimiento del contrato concluido47; en segundo lugar, autorizó la anulación del negocio formalizado por el menor otorgándole una restitutio in integrum48, cuando tenía efectos adversos, aun en el caso de que ya hubiese cumplido con sus obligaciones49.
La protección otorgada por el pretor a los menores de veinticinco años y sobre todo la restitutio in integrum, que por un lado les favorecía, por otro, constituía un obstáculo en sus relaciones patrimoniales, puesto que, disuadía a los que querían contratar con ellos50; no obstante Paulo establece en D. 4, 4, 24, 1, que no siempre debían rescindirse los contratos celebrados con los menores cuando resultasen perjudicados, sino que únicamente debería concederse la restitutio in integrum cuando el menor se hubiese comportado con total negligencia por su falta de experiencia negocial o existiese dolo manifiesto del contratante adulto, ya que de otra manera, se privaría al menor de la posibilidad de entablar relaciones comerciales:

D. 4, 4, 24, 1 Paulus 1 sent. Non semper autem ea, quae cum minoribus geruntur, rescindenda sunt, sed ad bonum et aequum redigenda sunt. ne magno incommodo huius aetatis homines adficiantur nemine cum his contrahente et quodammodo commercio eis interdicetur. itaque nisi aut manifesta circumscriptio sit aut tam neglegenter in ea causa versati sunt, praetor interponere se non debet.


Para facilitar la intervención de los menores en el tráfico comercial, se creó la cura minorum51:

I. 1, 23, 1, Masculi puberes et feminae viripotentes usque ad vicesimum quintum annum completum curatores accipiunt; qui licet puberes sint, adhuc tamen huius aetatis sunt, ut negotia sua tueri non possint.


El curator minoris era un varón mayor de veinticinco años que auxiliaba al menor en los actos de gestión de su patrimonio y que con su intervención en las contrataciones del adolescente disminuía objetivamente la posibilidad de estafas e imprudencias; asimismo, facilitaba su actividad negocial reduciendo la aplicación de la actio legis Plaetoriae, la exceptio legis Plaetoriae y la restitutio in integrum52.
La práctica del nombramiento de un curador para que asistiese y orientase a los menores de veinticinco años en los negocios, existía ya en época clásica53; en principio, se otorgó para determinados asuntos, pero, desde la época de Marco Aurelio, se concedió, siempre que el adolescente lo solicitase, un curador estable que le prestase su consensus y le evitara perjuicios innecesarios.
Una vez aceptada la curatela permanente, es probable que, de acuerdo con el menor, el curador se encargase de administrar su patrimonio; el convenio no habría significado la incapacidad de obrar del minor ni la irresponsabilidad por sus actos si actuaba sin el consentimiento del curador; puesto que, durante toda la época clásica, al curador se le consideró un gestor voluntario. No obstante, en época postclásica, existió una tendencia, sobre todo en las provincias helenísticas, de equiparar minores con impuberes, estableciéndose un solo límite de edad –veinticinco años– para alcanzar la plena capacidad de obrar54.
En consecuencia con lo anteriormente expuesto, el cargo de curador se asimiló al del tutor, de tal manera, expone Albanese55 que se obligó al curador a prestar la satisdatio rem adulescentis salvam fore y se desarrolló un régimen idéntico a la tutela en cuanto a los casos de excusatio. Por otra parte, siempre por imitación del régimen vigente para la tutela, se concedió una actio subsidiaria contra el magistrado que hubiese designado un curador que hubiese resultado insolvente y por último, se extendió a la curatela la prohibición de vender praedia rustica et suburbana de los menores, introducida por la oratio Severi56.
Asimismo, debemos señalar que en Derecho justinianeo, el menor de veinticinco años tenía limitada la capacidad de obrar de la misma manera que el impúber; por ello, el curator como representante legal del adolescente debía prestar su consentimiento en todos aquellos negocios jurídicos en los que hubiese sido necesaria la intervención del tutor.

Con referencia a la responsabilidad, se debe advertir que el minor respondía de igual manera que el impuber, esto es, quedaba obligado por el enriquecimiento injusto que hubiese obtenido. No obstante, los emperadores Diocleciano y Maximiano en una constitución del año 293, dispusieron que si un menor de veinticinco años tratando de engañar a un tercero contratara libremente con él, manifestando que era mayor de edad, se le denegaría el auxilio de la restitutio in integrum, respondiendo de sus actos como si fuese adulto, así se establece en C. 2, 44, 3:

C. 2, 44, 3 pr.: Imperatores Diocletianus, Maximianus Si alterius circumveniendi causa minor aetate maiorem te probare adspectu laboraveris, cum malitia suppleat aetatem, restitutionis auxilium tam sacris constitutionibus quam rescriptorum auctoritae denegari statutum est. * diocl. et maxim. aa. et cc. theodotae. * 293 d. xiii k. oct. sirmi aa. conss.>

Asimismo, respondería sin privilegios, el menor de veinticinco años que hubiese jurado en escritura pública su mayoría de edad, norma recogida en C. 2, 44, 3, 3:

C. 2, 44, 3, 3: Imperatores Diocletianus, Maximianus Si tamen in instrumento per sacramenti religionem maiorem te esse adseverasti, non ignorare debes exclusum tibi esse in integrum restitutionis beneficium, nisi palam et evidenter ex instrumentorum prolatione, non per testium depositiones te fuisse minorem ostenderis.

Por último, haremos referencia al instituto de la venia aetatis y debemos manifestar que desde la época de Septimio Severo (274 d.C) se reconoce la facultad imperial de atribuir a los menores de veinticinco años que lo solicitasen la facultad de administrar su propio patrimonio sin necesidad de someterse a un curator y sin tener la posibilidad de obtener la restitutio in integrum. Constantino sancionó que la venia aetatis podía concederse a los varones que hubiesen cumplidos los veinte años57, constitución contemplada en C. 2, 44, 2:

C. 2, 44, 2 , Imperator Constantinus Omnes adulescentes, qui honestate morum praediti paternam frugem vel avorum patrimonia gubernare cupiunt et super hoc imperiali auxilio indigere coeperint, ita demum aetatis veniam impetrare audeant, cum vicesimi anni metas impleverint, ita ut post impetratam aetatis veniam idem ipsi per se principale beneficium adlegantes non solum praescriptorum annorum numerum probent, sed etiam testibus idoneis advocatis morum suorum instituta probitatemque animi et testimonium vitae honestioris edoceant. * const. a. ad verinum pu. * 321 pp. iii k. iun. romae crispo ii et constantino ii cc. conss.>
La norma requiere para otorgar el privilegio no sólo la edad sino también testimonios que probasen públicamente la honestidad, buenas costumbres y conducta regular de los solicitantes.
Con la prerrogativa de la venia aetatis, se consideraba finalizada la minoría de edad y, aquellos que la obtenían podían concluir todos los negocios jurídicos que se preservaba a los adultos, salvo la constitución de hipotecas y la enajenación de bienes inmuebles, prohibición establecida por Justiniano en una constitución del año 529:

C. 2, 44, 3, Imperator Justinianus Eos, qui veniam aetatis principali clementia impetraverunt vel impetraverint, non solum alienationem, sed etiam hypothecam minime posse sine decreti interpositione rerum suarum immobilium facere iubemus, in quarum alienatione vel hypotheca decretum illis necessarium est, qui necdum veniam aetatis meruerunt, ut similis sit in ea parte condicio minorum omnium, sive petita sive non sit aetatis venia. * iust. a. menae pp. * 529 d. viii id. april. decio vc. cons.>


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