Nine Inch Nails The Downward Spiral




Дата канвертавання24.04.2016
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Nine Inch Nails - The Downward Spiral
Hay discos que te marcan, que te llegan y que en momentos de desconcierto musical, de esos que no sabes que te apetece escuchar, acabas recurriendo a ellos. Discos que el día que te los compraste y lo pusiste por primera vez en tu casa ya te enamoraste de él y lo estuviste escuchando sin tregua durante meses. Todos tenemos alguno. Hoy revisamos un álbum  que deja sin habla y con el aliento helado a más de uno, The Downward Spiral de Nine Inch Nails.
Corría el año 1994 y Trent Reznor, alma, director y dueño y señor de la banda,  ya había avisado hacía unos años antes de quien era. En aquella época el mundo entero veneraba a Kurt Cobain y el grunge todavía reinaba dejando el principado a la música electrónica que causaba furor.
A principios de año salió al mercado The Downward Spiral. Un álbum conceptual enfocado en temas religiosos -como el nihilismo y la herejía- y sobretodo muy personales. Trent Reznor dejó ir toda su ira contra el mundo, contra él, contra ese Dios que no lo escuchaba y contra todo aquello que se le pusiera a tiro. És un disco rabioso, desde el minuto uno.
El primer corte ya lo deja bien claro,  Mr. SelfDestruct, la canción donde Reznor grita “I am the bullet in the gun” da el pistoletazo de salida con una pequeña intro que a los 20 segundos que te mete en una  vorágine de sonidos que te transportan sin remedio a un disco aún más ruidoso donde los sintetizadores llevan la batuta, las distorsiones acompañan y la voz de Reznor suelta a bocajarro y sin control todo su inconformismo hablando de drogas, tendencias suicidas y violencia. Piggy nos da tranquilidad, pero es un espejismo, una falsa calma, en Heresy brama “ Your god is dead and no cares”, y da paso a March of the Pigs, el primer single de este álbum y uno de los temas centrales. Piano, guitarra, batería, bases... todos se entrelazan creando una masa de sonido que te hacen casi enloquecer, y cuando estas ya metido de lleno, deseoso de escuchar la siguiente llega el tema por excelencia, uno de los más importantes de Nine Inch Nails y el que le dio fama mundial y el estatus de mega banda del rock, Closer.
Es difícil describir algo tan perfecto. De inicio suenan las bases que te llevarán por el tema, un ritmo que te transporta, una canción que sientes la necesidad de cantar al cielo a pleno pulmón. 6 minutos que te hacen sentir. Pura magia que hay que escuchar para entender. A tal obra de arte le acompaña otra, un video escandalosamente brillante dirigido por Mark Romanek.
Un álbum al que no le sobra ni un solo corte. En Ruiner entrevemos base hip hopera. A Warm Place, el tema instrumental de este álbum donde el piano reina. Eraser, una canción arenosa y escurridiza que avanza como si llevara unos pies de cemento. Reptile, la descripción obscena y despechada de una antigua amante en una maravillosa canción. Y por último Hurt.

La canción más personal. Emoción, resentimiento, amor, decepción, angustia, Mientras la escuchas puedes oír el alma de Trent Reznor resquebrajándose. Hurt es Trent Reznor. Posiblemente la canción más emotiva que se ha escrito jamás. Versionada y re-versionada por decenas de artistas, re-popularizada por Johnny Cash, ninguna es tan personal y dolorosa como la versión original.

Considerado uno de los mejores discos de los 90, uno de los más influyentes de la década y aún hoy en día tan actual como hace casi ya 20 años. No es fácil de escuchar, no es música facilona para todos los públicos. Es arte, y el arte hay que asimilarlo y entenderlo.  

Es un disco tan visceral que se te cuela por la piel. Mientras lo escuchas tienes al sensación de que es al propio Reznor a quién le clavaban los clavos de nueve pulgadas. Nunca tanto dolor creó algo tan obscenamente perfecto.



Joe Strummer - 60 cumpleaños
Tal día como hoy -21 de agosto- Joe Strummer, líder de The Clash,  habría cumplido 60 años.  El músico inglés, nacido en Ankara (Turquía), nos dejó repentinamente  a los 50 años a causa de un fallo cardíaco congénito no diagnosticado.
Nacido como John Graham Mellor, hijo de diplomático y educado en internados, entendió desde muy joven que debía huir de la severa autoridad si quería ser realmente libre.  De personalidad fuerte y marcada, con una gran seguridad nunca se dejó arrollar.
En 1976, después de tocar en diversas bandas y mal vivir en diferentes ciudades, se unió a Mick Jones y Paul Simonon, a quienes años más tarde se les uniría Topper Headon, para crear The Clash. A partir de aquí, empezó a gestarse el mito.
No sabia de que escribir, y le dijeron: "escribe de lo que sepas" y eso hizo; escribió sobre el momento de revolución social que se vivía en Inglaterra, del antifascismo, del autoritarismo y de la libertad. Dio voz a todos aquellos que no sabían expresarse, fue el altavoz de causas sociales y dio alas a otras que estaban casi perdidas. Más allá de la revolución punk, él luchó con sus canciones por un mundo mejor, por conseguir que las personas fueran libres, porque quisieran cambiar el mundo que les oprimía y para que este fuera un lugar mejor. Una de sus grandes frases fue "el futuro no esta escrito" y es que él siempre creyó que se podía escribir un mundo mejor en el futuro.
El exceso de fama o de reconocimiento, o quizás de dinero hicieron que llegara el fin de The Clash. El grupo punk que superó todas las barreras del punk. En tan solo 7 años la banda se había formado, grabado 5 grandes discos como London Calling o Sandinista, había sido la primera banda punk en llenar un estadio y había muerto. Después de la salida de Jones y Topper, Strummer intentó resucitarla con un último disco, pero fue inútil, sólo alargó más la agonía.
Con la muerte de The Clash, Strummer, se pasó 10 años vagando sin saber realmente que debía hacer, intentando encontrarse a gusto con Strummer pero también con Joe, intentando estar a gusto con la estrella de rock y con el hombre combativo, hasta que volvió a él la confianza que necesitaba para subirse de nuevo a un escenario.
Formó The Mescaleros en 1999 y volvió a la actividad, a las giras y a los estudios de grabación. Strummer se había encontrado y estaba en paz. Pero por desgracia esa paz no duró demasiado. El 22 de diciembre de 2002 nos dejó el hombre que siempre fue libre, que hizo lo que sentía en cada momento y que como dijo una vez, lo que hizo estaba hecho y no se podía arrepentir nada.
Tal día como hoy, en un hospital de Ankara, ayudaban a nacer a un niño sin saber que lo que hacían era traer al mundo a un mito.

25 años de Appetite for destruction
Hace 25 años 5 chicos sin futuro grabaron unos de los discos más memorables de la historia del rock. 5 chicos que encontraron una salida en la música, que no se dieron cuenta de que conquistaban el mundo, pero que lo hicieron.

En 1985, 5 forajidos se encontraron en medio de Los Ángeles, sin tiempo para pensar en el mañana, solo en tocar esa noche y encontrar un agujero donde dormir. Dos años más tarde estaban grabando, sin saberlo, uno de los mejores álbumes debut de la historia.


“Appetite for destruction” es crudo y rabioso, 12 cortes sin pretensiones, que no tienen doble lectura, honestidad plasmada en canciones directas para entender la vida que ellos vivían. No importa el resto, las reglas o los problemas que el mundo tuviera en aquel momento, porque ellos tenían su propio mundo con sus propias reglas y problemas, y escuchando este disco te quedan todas claras.
“Welcome to the jungle” o como sobrevivir en una jungla de asfalto, “Nightrain” el alcohol con el que convivían, “Mr. Browstone” las drogas que les hablaban de tu a tu, “Out ta get me” los problemas con la ley o la ironía de ser una estrella del rock de “It’s so easy”.  Pero no todo es violencia, también hay momentos para la esperanza con “Paradise City” y  “Sweet Child O’Mine” la oda al amor de Axl Rose para su entonces novia Erin Everly  y que supuso el mayor éxito de la banda.
Con un sonido único y a la vez conocido. En este disco se reconocen a Aerosmith, a los Stones, a los Ramones y a Led Zeppelin. Todas las influencias de las grandes bandas se dan cita aquí para crear algo mágico y formar la última gran súper banda del rock. Y es que los 5 forajidos encajaron, creando un engranaje sin fisuras. Personalidades distintas que se encontraron para crear una obra de arte. Ellos dicen que simplemente estaban en el momento y en el lugar adecuado para crear algo grande, pero seguramente ellos crearon ese momento al cruzarse los unos en el camino de los otros.
Más de 30 millones de copias vendidas, 18 veces disco de platino, 147 semanas en las lista Billboard y durante 4, número 1. No cabe duda de que es uno de los mejores discos que se han grabado nunca, una obra maestra que no muere y sigue tan vigente como cuando se editó hace 25 años atrás.

Si todavía no conocéis este disco os animamos a que os encontréis con él y disfrutéis de esta joya del rock.



Jack White directo en Razzmatazz
El  domingo 2 tuvimos la fortuna de asistir al concierto del músico de Detroit  en una casi completa Sala Razzmatazz de Barcelona. Jack White vino, vio y triunfó.
La tarde de domingo se presentaba gris en Barcelona, nada que ver con la luminosidad que viviríamos aquella misma noche. A las siete y media la cola para entrar en la sala ya daba la vuelta a la esquina de la calle de la famosa sala. Llamaba la atención el tipo de público que se congregaba, mucho adolescente, algunos incluso acompañados por sus padres.
A las ocho y media la sala ya presentaba un lleno casi absoluto cuando dimos la bienvenida a los teloneros, los británicos Peggy Sue. La banda de Brighton dio un repertorio de media hora muy correcto de su indie folk, muy aplaudido por el público, que sobretodo agradeció la versión de Hit the Road Jack con loop de voces incluido.
A las nueve los técnicos de sonido - que vestían  traje, corbata y bombín - se afanaban en preparar el escenario. No sabíamos que banda acompañaría  a  Mr. White esa noche. Porque el genio excéntrico de Michigan, como genio que es, se permite el lujo de viajar con dos bandas, por un lado The Buzzards una banda formada por hombres, y por otro The Peacocks otra formada íntegramente por mujeres.

Jack White se estaba haciendo de rogar con media de retraso cuando en el escenario apareció una chica para decirnos, textualmente, que ellos creían que la mejor forma de disfrutar del espectáculo era en directo y no a través de una pantalla. Una vez más,  siendo un genio excéntrico no quería ni fotos ni videos.


A las diez en punto se subieron al escenario The Peacocks, la banda femenina formada por seis  increíbles músicos repartidas en batería, contrabajo, lap steel guitar, violín, coros y piano .Ataviadas con vaporosos vestidos, acorde con la cuidada puesta en escena y la obsesión por los colores ya conocida por el ex white stripe, que ha escogido el azul pastel dando un toque retro al universo que ha creado para esta aventura en solitario.  Por fin Jack White salta al escenario y sin tiempo para coger aire empieza su show con Dead leaves and dirty ground de los White Stripes y la bonita Love Interruption a dúo con la corista de su banda.
El concierto se sucede durante una hora y media, sin apenas interrupciones, donde desgrana una a una piezas de todo su repertorio. El set list se basa en su álbum en solitario, Blundesbluss, pero nos regala canciones de los White Strippes, The Rancounteurs como Top Yourself, o Blue blood blues de The Dead Weather.
White se erige en el centro del escenario, rodeado de su banda. Una banda sólida que le permite improvisar, alargar y acortar canciones a su antojo, encadenar temas y decidir en ese mismo instante que tema tocar. Si tenían un set list o no preparado es misterio, lo que sí es seguro es que en ocasiones se veía claramente a White darle directrices a alguna de sus músicos para empezar la siguiente pieza. Ya sea con la guitarra o al piano, estamos ante  un músico único. Vivo, audaz, que lleva la música en las venas, que es capaz de estar tocando en clave folk  y en tan solo dos notas pasar al garaje más ruidoso.  Jack White es un músico carismático, un líder nato, con un don para la música que maravilla sobre un escenario.

Ya en los bises demuestra toda su garra con Freedom at 21 de su álbum en solitario, la excelente My doorbell de su época con su ex-mujer Meg White y un final apoteósico con el himno que es Seven Nation Army, donde un público algo soso se soltó un poco.


Un concierto redondo. Buen sonido, buen setlist, buena puesta en escena, en definitiva grandes músicos sobre el escenario acompañando a un genio. Jack White abandonó el escenario sonriendo, tengo la certeza  de la que la audiencia abandonó la sala del mismo modo.



Peter Doherty en directo en la sala Be Cool de Barcelona

Por sorpresa y sin casi tiempo para pensárselo hace un mes se anunció una única actuación de Peter Doherty para el 11 de mayo en la Sala BeCool. Una sala pequeña (tan solo 300 personas de aforo) para un recital acústico de Doherty.


Aunque parezca que este hombre ya no despierta interés alguno la realidad es que las entradas se agotaron en dos semanas y que el público que más abarrotaba la sala a duras penas llegaba a  los 18 años. Pete Doherty lleva ya unos cuantos años sin facturar ningún álbum ni tampoco crea escándalos pero la realidad es que las generaciones más jóvenes le conocen, lo que no sabemos si realmente saben a quién iban a ver y toda la trayectoria - tanto musical como personal - que este hombre lleva a sus espaldas.
Para calentar motores le acompañaba The Circles como teloneros. Una banda de la que nadie sabe nada pero que a priori podemos decir que son franceses y que no estaban nada mal con una batería y un bajo muy sólidos que daban empaque a unas canciones que cojeaban más por parte del cantante - guitarrista, un Alain Delon del Siglo XXI.  

Mención aparte para la sala Be Cool, que debería tomarse más enserio el hecho de traer grupos  y no permitir que cuando la banda se suba a tocar la guitarra no suene o se desenchufen amplificadores como el pasó al pobre Pete.

Apenas pasados 5 minutos de las 9 y media Peter Doherty saltó al pequeño escenario de la sala barcelonesa con impecable traje y sombrero. La gente le jaleaba y él para corresponder empezó el concierto con la estupenda Can’t stand me now de The Libertines.
Aparentemente sin setlist Doherty interpretó, solo y con guitarra acústica, canciones  de The Libertines, Babyshambles y suyas en solitario, complaciendo al público cada vez que le pedían una canción concreta. Y así una a una, sin interrupción, encadenando canción tras canción interpretó For Lover, Music when the lights go out o What katie did, en un estado de soledad, sentimiento y alcohol que dejaban ver al músico sensible que es pero también al hombre en decadencia.

Bien ejecutado, tocó sus canciones a la perfección. No hubo momentos de errores o despistes, cantó y tocó todas las canciones estupendamente, demostrando que es mejor guitarrista de que parece cuando va respaldado por una banda.


Se comentaba en la sala antes de que saliera si iría hasta arriba de drogas, mi opinión personal es que no. Iba fino con la botella de vino que tenía sobre el amplificador  y de la que bebía periódicamente, pero su estado mental era demasiado lúcido,  tanto que preguntó por un chico que le había escrito una carta, le dio pitillo y fuego a otro, maldijo  a Inglaterra con un sonoro “Fuck England” y hasta le dio tiempo a recordar pasados conciertos en la sala Razzmatazz.
Sobre el escenario Pete Doherty parece que no se crea quien es. No parece ser consciente de las canciones tan buenas que ha escrito hasta que empieza a tocarlas y ve cómo el público las canta a pleno pulmón, es en esos momentos cuando Doherty se viene arriba, sonríe y toca sintiéndose el músico que a principios de la década pasada iba a salvar el rock.
Da igual que las toque acompañado por su banda o solo, temas como Fuck Forever, Albion o Don’t look back into the sun suenan bien siempre y serán grandes canciones para siempre, Doherty esté sobrio o no.

El pasado sábado unos pocos tuvimos la suerte de poder ver a un gran músico. Sensible, vulnerable, simpático, talentoso y también decadente. Es una lástima que alguien con tanto talento esté tan perdido, pero quizás sí no estuviera así no sería capaz de crear canciones tan bellas. Larga vida a Doherty.


The Katalysts

El mundo de los DJs es una cultura en toda regla, y para los que no somos muy amantes del electro o el techno en ocasiones se nos hace difícil disfrutar de las sesiones de algunos de ellos. Pero en ocasiones llega la noche en la que te metes en un club sin esperar nada y descubres a un hombre tras los platos que no sólo es un Dj sino que es un gran Dj. Esos que son capaces de hacérselo pasar bien tanto a los entendidos como a los profanos.

Los últimos en aterrizar en esa categoría son The Katalysts. Pero no es uno sino que son cuatro. The Fackie Player, Tonik, Krash y Slash Beats son cuatro chicos de Barcelona que saben bien lo que se hacen y se han unido para crear un solo grupo y pinchar en comunión. Ya sea pinchando dos, tres o los cuatro a la vez crean sesiones eclécticas, llenas de sonidos y géneros distintos.
Venidos de la cultura rave nombran como influencias desde Richie Hawting y Brodinski a Joy Division y The Doors. Y es que no estamos ante cuatro jóvenes que deciden jugar a pinchar, estamos ante cuatro promesas de las cabinas que saben que suena bien y como conseguir que el público disfrute mezclando techno, minimal, indie y dubstep. Licenciados en ingeniería de sonido, son quisquillosos con la calidad del sonido de sus sesiones, buscando la perfección en cada una de sus apariciones.

Una sesión de The Katalysts es una sesión de alegría y vida. Sonidos que se entremezclan para dar forma a una noche mágica. Pasar de electro a indie para ellos es una transición natural y consiguen que los que están en la pista también lo sientan así. Y es que no dan ni un minuto de tregua, trallazo tras trallazo para crear sets vitalistas que pone una sonrisa en tu cara y no te permiten dejar de moverte.




No es complicado poder verlos pinchar en salas de Barcelona, y desde luego que no hay que perdérselos. Una sesión de The Katalysts es una noche para el recuerdo.


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