Creación, evolución y la evidencia histórica duane T. gish, Ph. D




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Capítulo 1

Creación, evolución y la evidencia histórica

duane T. gish, Ph. D.

«La extrema rareza de formas de transición en el registro fósil se mantiene como el secreto ce­losamente guardado de la Paleontología. Nos cree­mos los únicos verdaderos estudiosos de la histo­ria de la vida, pero en nuestro intento de pre­servar nuestro favorito relato de evolución por selección natural encontramos nuestros datos tan deficientes que nunca vemos el mismísimo proce­so que pretendemos estudiar.» (Natural History, mayo 1977, p. 14)

DEFINICIONES

Para una comprensión clara de los temas que se van a considerar en este trabajo, debemos empezar por definir «evolución» y «creación». Cuando se utilice el término «evolución» nos referiremos a la teoría ge­neral de la evolución orgánica, o teoría de la evolución «de la molécula al hombre». Según esta teoría, todos los seres vivientes han venido a existir por procesos naturales, mecanicistas, y evolutivos, a partir de la ma­teria inanimada. Estos procesos se atribuyen solamente a propiedades inherentes de la materia y son, por lo tanto, operativos todavía hoy en día. La teoría de la creación, por otra parte, postula que todos los tipos básicos animales y vegetales (los géneros creados) vi­nieron a existir por la acción de un Ser preexistente utilizando procesos especiales que no operan hoy en día. Las variaciones que han tenido lugar desde la creación han quedado encerradas dentro de los límites de cada género creado.

Los evolucionistas insisten tenazmente en que la creación ha de ser excluida de la más mínima conside­ración como una posible explicación de los orígenes, sobre la base de que no puede ser calificada de teoría científica. Los proponentes de la teoría de la evolu­ción, al mismo tiempo, ven como impensable la con­sideración de que la evolución sea algo menos que Ciencia pura y, de hecho, la mayoría de ellos insisten en que ya no se debe pensar en la evolución como teo­ría, sino que se debe considerar un hecho.

CRITERIOS QUE DETERMINAN LA CONDICIÓN DE TEORÍA CIENTÍFICA

¿Cuál es el criterio que debe cumplir una teoría para ser considerada científica en el sentido general­mente aceptado? George Gaylord Simpson ha afirmado que «es inherente en cualquier definición de ciencia que las afirmaciones que no puedan ser comprobadas por observación no son gran cosa... o, por lo menos, no son ciencia».

Una definición de Ciencia, dada en el Diccionario de Oxford, es:

«Una rama de estudio que concierne a un cuer­po coordinado de verdades demostradas, o de he­chos observados, clasificados y más o menos coordinados por su interrelación bajo leyes generales, y que incluye métodos fiables para el descubrimien­to de nuevas verdades en su dominio.»

Así, para que una teoría pueda ser calificada de científica, debe ser apoyada por sucesos o procesos que puedan ser observados cuando ocurren, y la teoría debe ser útil prediciendo el comportamiento y resultados de futuros fenómenos naturales o experimentos de labo­ratorio. Una limitación adicional impuesta es que la teoría debe ser capaz de «falsación». Esto significa que debe ser posible concebir algún experimento cuyo fallo probaría la falsedad de la teoría.

CREACIÓN Y EVOLUCIÓN FRENTE AL CRITERIO ACEPTADO

Es en base de tal criterio que la mayor parte de los evolucionistas insisten en que la creación no debe ser considerada como una posible explicación de los orígenes. La creación no ha sido testificada por obser­vadores humanos, no puede ser comprobada científica­mente, y como teoría no es «falsable».

Con todo esto, la teoría general de la evolución (teoría de la molécula al hombre) también falla, in­cumpliendo estos tres criterios. Dobzhansky, tratando de afirmar la evolución como hecho, en realidad ad­mitió que no cumplía el criterio de teoría científica cuando dijo:

«...el acontecimiento de la evolución de la vida en la historia de la tierra está tan bien establecido como ningún suceso nunca testificado por observa­dores humanos lo pueda ser.»

Goldschmidt, que insistió en que la evolución es un hecho para el cual ya no se necesita de más pruebas, también la traicionó en su fracaso en cumplir el criterio generalmente aceptado para establecer una teoría como científica. Después de describir las etapas de su meca­nismo evolutivo, al que bautizó con el nombre de «Systemic mutation» (Mutación sistémica o saltacional) o «Hopeful Monster» (Monstruo Viable), Goldschmidt afirmó:

«A esta suposición se oponen violentamente la mayoría de los genéticos que pretenden que los he­chos hallados al nivel subespecífico se tienen que aplicar también a las categorías superiores. El re-petir incansablemente esta pretensión no probada, el pasar de ligero sobre las dificultades y el adop­tar una actitud arrogante frente a los que no se dejan influir tan fácilmente por las modas en la Ciencia, se considera que proporciona una prueba científica de su doctrina. Es verdad que nadie has­ta ahora ha producido una nueva especie, géne­ro, etc., por macromutación; pero es igualmente cierto que nadie ha producido ni una sola especie por selección de micromutaciones.»

Más adelante, en el mismo artículo, declaró:

«Tampoco nadie ha presenciado nunca la pro­ducción de un nuevo individuo de categoría taxo­nómica superior por selección de micromutacio­nes.»

Goldschmidt ha afirmado, pues, que en el contexto de «molécula al hombre» solamente se ha observado el cambio más trivial, en el nivel de las subespecies.

Aún más, los arquitectos de la moderna teoría sin­tética de la evolución la han construido tan cuidado­samente, que no es posible su «falsación». La teo­ría es tan plástica que es capaz de explicar cualquier cosa. Esta fue la queja de Olson y de varios partici­pantes en el «Wistar Symposium on Mathematical Chal­lenges to the Neo-Darwinian Interpretaron of Evolution» (Simposium Wistar de Desafíos Matemáticos a la Interpretación Neodarwiniana de la Evolución), inclu­yendo incluso a Mayr, uno de los principales exponen­tes de esta teoría. Edén, uno de los matemáticos, lo expresó de esta manera, con referencia a la «falsabilidad»:

«Esto no se puede hacer en evolución, tomán­dola en su sentido general, y esto es lo que quise decir cuando la califiqué de tautóloga. Porque, des­de luego, puede explicar cualquier cosa. Se puede ser, o no, ingenioso al proponer un mecanismo que parece razonable a los seres humanos, incluso me­canismos que sean coherentes con otros mecanis­mos que se hayan descubierto, pero no deja de ser una teoría no "falsable".»

Aún más, aparte de los científicos creacionistas, un creciente número de otros científicos han expresado dudas de que la moderna teoría de la evolución pue­da explicar algo más que cambios triviales. Edén que­dó tan desanimado después de una consideración com­pleta de la teoría desde el punto de vista probabilístico, que proclamó:

«Una teoría científica y adecuada debe esperar el descubrimiento y elucidación de nuevas leyes físicas, químico-físicas y biológicas.»

Salisbury ha expresado similarmente sus dudas, ba: sadas en consideraciones probabilísticas.

El ataque a la teoría por parte de científicos fran­ceses han sido intenso en años recientes. Dice un re­portaje sobre la situación en Francia: «Este año se vio crecer rápidamente la controversia, hasta que re­cientemente culminó con un artículo aparecido recientemente en la revista Science et Vie titulado «¿Debería­mos quemar a Darwin?» con una extensión de unas dos páginas. El artículo, escrito por el divulgador Aune Michel, estaba basado en las entrevistas del autor con especialistas tales como la señora Andree Tetry, profe­sora en la famosa Ecóle de Hautes Etudes —y autori­dad mundial en problemas de la evolución—, el profe­sor Rene Chauvin, y otros biólogos franceses de nota; y en un estudio a fondo de unas 600 páginas de com­pilación de datos biológicos reunidos, en colaboración con la señora Tetry, por el difunto Michael Cuenot, biólogo de fama mundial. La conclusión de Aime Mi­chael es significativa: «la clásica teoría de la evolución en su sentido estricto, pertenece al pasado. Aunque no tomen una posición definida, hoy en día prácticamente todos los especialistas franceses mantienen fuertes re­servas mentales en cuanto a la validez de la selección natural.»

E. C. Olson, uno de los oradores en la celebración del Centenario Darwiniano, hizo en aquella ocasión la siguiente afirmación:

«Existe, asimismo, un grupo generalmente silen­cioso de estudiosos dedicados a investigaciones bio­lógicas, que tienden a disentir con mucha parte del pensamiento actual, pero dicen y publican poco a causa de que no están particularmente interesados, o no ven que la controversia sobre la evolución sea de alguna importancia particular, o están tan total­mente en desacuerdo que les parece inútil dedicarse al monumental trabajo de controvertir el inmenso edificio de información y teoría que existe en la formulación del pensamiento moderno. Desde lue­go es difícil juzgar el tamaño y la composición de este silencioso sector, pero no hay duda de que los números no son despreciables.»

Fothergill se refiere a lo que él llama «la poquedad de la teoría como un todo». Erhlich y Holm han afir­mado sus reservas de la siguiente manera:

«Finalmente, consideremos la cuestión presen­tada anteriormente: "¿Cuál es la explicación de lo que observamos en la naturaleza?" Ha llegado a ser moda el contemplar la moderna teoría de la evolu­ción como la única explicación posible, en lugar de decir que es la mejor conseguida hasta ahora. Es concebible, y hasta lo más posible, que lo que po­dríamos llamar chistosamente una teoría No-Eucli-deana de la evolución apunte en el horizonte. La perpetuación de la teoría actual como dogma no animará el progreso hacia una explicación más sa­tisfactoria de los hechos observados.»

Algunos ataques son abiertamente críticos, tales como la carta de Danson que apareció recientemente en «New Scientist» y en la que, entre otras cosas, afir­maba:

«La teoría de la evolución ya no está más con nosotros, a causa de que hoy en día se reconoce al Neo-Darwinismo como incapaz de explicar cual­quier otra cosa que no sean cambios triviales, y, a falta de otra teoría, no tenemos ninguna... a pesar de la hostilidad de los testimonios ofrecidos por el registro fósil, a pesar de las dificultades innumera­bles, y a pesar de la falta de una teoría creíble, la evolución sobrevive... ¿Puede haber, por ejemplo, otra área de la ciencia en la que se utilice un con­cepto intelectualmente tan estéril como el de la recapitulación embriológica como evidencia de una teoría?»»

Macbeth ha publicado recientemente una crítica es­pecialmente incisiva de la teoría de la evolución. Apunta al hecho de que a pesar de que los evolucio­nistas han abandonado el evolucionismo clásico, la mo­derna teoría sintética de la evolución que han propues­to como sustitución es igualmente inadecuada para explicar el cambio progresivo como resultado de la se­lección natural y, de hecho, no pueden ni siquiera de­finir Selección Natural en términos que no sean tautólogos. La inadecuacia de la teoría actual, y el fraca­so del registro fósil en cumplir las predicciones que le son propias, dejan a la macroevolución, y aún a la misma microevolución, como misterios intratables, se­gún Macbeth. No obstante, Macbeth sugiere que no hay ninguna teoría —en el presente— preferible a ésta.

En vista de las consideraciones expuestas, es increí­ble que científicos líderes, incluyendo algunos oradores en la Convención de esta semana, insistan dogmática­mente en que la teoría de la evolución de la molécula al hombre sea enseñada con exclusión de todo otro postulado. La evolución en este amplio sentido no está demostrada y no se puede demostrar, y, por lo tanto, no puede ser considerada como un hecho. No está su­jeta a prueba por los métodos normales de la ciencia experimental: Observación y falsación. Así, en el sen­tido estricto, no puede ser ni siquiera calificada de teoría científica. Es un postulado, y puede servir de mo­delo con el cual se puede intentar explicar y correlacio­nar los datos que tenemos en el registro fósil, y hacer predicciones concerniendo a la naturaleza de descubri­mientos futuros.

La creación, desde luego, no está probada, y no se puede probar por los métodos de la ciencia experimen­tal. Según el criterio expresado anteriormente, tampo­co la podemos calificar de teoría científica, ya que la creación habría sido inobservable y, como teoría sería no-falsable. La creación es, por tanto, como la evo­lución, un postulado que puede servir como modelo para explicar y correlacionar la evidencia relacionada con los orígenes. La creación no es, en este punto, ni más religiosa ni menos científica que la evolución. De hecho, a muchos científicos bien informados les parece que la creación es muy superior al modelo evolucionis­ta como explicación de los orígenes.

Tenemos la fuerte sospecha de que la aceptación de la evolución no es debida principalmente a la natura­leza de la evidencia, sino al prejuicio filosófico de nues­tros tiempos. Watson, por ejemplo, ha dicho:

«La teoría de la evolución misma es una teoría umversalmente aceptada no a causa de que pueda ser probada cierta por evidencia lógicamente cohe­rente, sino porque la única alternativa, la Creación especial, es claramente increíble.»

Que ésta es la teoría sostenida por la mayoría de los biólogos lo ha enfatuado recientemente Dobzhansky. En su comentario del libro de Monod «Azar y Necesidad», Dobzhansky declaró:

«Ha señalado con admirable claridad, a menudo lindando en lo sublime, la filosofía materialista mecanicista compartida por la mayor parte del Establishment de las Ciencias Biológicas.»

La exclusión de la creación en la enseñanza cientí­fica es innecesaria e indeseable, sea en base científica o filosófica. Bajo el sistema presente, en el cual la evolu­ción se presenta como un hecho con exclusión de la creación, el estudiante es adoctrinado en una filosofía de humanismo secular, en lugar de beneficiarse de una presentación objetiva de la evidencia.

Se podría remediar esta situación presentando crea­ción y evolución en forma de modelos, haciendo pre­dicciones basadas en cada modelo, y entonces compa­rar la evidencia científica real con las predicciones de cada modelo. Así, los estudiantes podrían decidirse en base de esta presentación objetiva. Esto es lo que de­searíamos hacer en el resto de este trabajo, ciñendo nuestras consideraciones a un examen del registro fósil.

LA EVIDENCIA PALEONTOLÓGICA, CRUCIAL

Aunque se podrían investigar varios campos de la ciencia para intentar determinar cual es el modelo que aparece más plausible de los dos, el registro fósil es la única fuente de evidencia científica que permitiría una determinación de si realmente los organismos vivientes vinieron a existir por creación o por evolución. El caso fue bien planteado por LeGros Clark cuando dijo:

«Que la evolución haya realmente ocurrido se puede establecer científicamente solo por el descu­brimiento de restos fósiles de muestras de los tipos intermedios representativos que han sido postula­dos basándose en la evidencia indirecta. En otras palabras, la evidencia realmente crucial en cuanto a la evolución debe ser proveída por el paleontólo­go, cuyo trabajo es estudiar la evidencia del regis­tro fósil.» "

Sir Gavin de Beer se hizo eco de este último punto de vista, cuando afirmó:

«La última palabra en cuanto a la credibilidad y curso de la evolución está en manos de los paleon­tólogos.»

En su obra revolucionaria «El Origen de las Espe­cies», Darwin afirmó: «...El número de formas intermedias y de tran­sición entre todas las especies vivientes y extingui­das debe haber sido inconcebiblemente grande.» "

Esta conclusión parece inevitable, sea en base de los conceptos de Darwinismo clásico o de los de la moderna teoría sintética de la evolución. Por cuanto el número de formas de transición predichas por la teoría general de la evolución es inconcebiblemente grande, el número de tales formas que debieron haber quedado fosilizadas, de acuerdo con esta teoría, es inconcebible­mente grande aunque sólo una fracción muy pequeña de todas las plantas y animales que han existido hubie­ran quedado fosilizadas.

El muestreo del registro fósil ya ha sido suficiente, por lo que ya no es válido afirmar que el muestreo es aun imperfecto. Así, George ha afirmado:

«Ya no hay ninguna necesidad de excusarse más con la pobreza del registro fósil, pues ha lle­gado a ser difícil de manejar debido a su riqueza, y los descubrimientos están saturando la integración (de datos).»

Parece claro que después de 150 años de búsqueda intensiva se hubieran debido descubrir un gran núme­ro de formas transicionales, si las predicciones de la teoría de la evolución fueran válidas.

Por otra parte, si nos basamos en el modelo de la creación, deberíamos predecir la ausencia virtual de formas de transición entre las principales categorías de clasificación (los géneros creados). No obstante, no se podría excluir la presencia de alguna aparente forma de transición por dos razones: a) La tremenda diversi­dad exhibida dentro de cada categoría mayor de clasi­ficación y b) la posesión de características similares de existencia o actividad requerirían estructuras o funciones similares. No obstante, en base del modelo «crea­ción», tales formas pseudotransicionales serían raras y no estarían conectadas por tipos intermedios. Las dis­continuidades en el registro fósil, por lo tanto, serían sistemáticas y casi universales entre las categorías ma­yores de clasificación (géneros). El registro fósil de­bería permitir una elección entre los dos modelos.

PRESENTACIÓN DE LOS DOS MODELOS

Nuestros dos modelos se podrían construir como sigue:


MODELO «CREACIÓN»

MODELO «EVOLUCIÓN»

Por Actos de un Creador
Creación de géneros bási­cos de vegetales y anima­les con características or­dinales completas en los primeros representantes.

Variación y especiación limitada dentro de cada género.




Por procesos naturalísticos mecanicistas debidos a propiedades inherentes a la materia inanimada.

Origen de todo lo viviente a partir de una sola fuente de vida que surgió por sí misma de la materia ina­nimada.

Variación ilimitada. Todas las formas están relaciona­das genéticamente.


Estos dos modelos nos permitirían, a su vez, emitir las siguientes predicciones concernientes al registro fó­sil:


MODELO «CREACIÓN»

MODELO «EVOLUCIÓN»

Aparición repentina de una gran variedad de for­mas altamente complejas.

Aparición repentina de todos los géneros creados con características ordi­nales completas. Discon­tinuidades bruscas sepa­rando grupos taxonómi­cos principales, sin for­mas transicionales entre categorías principales de transición.




Cambio gradual de las for­mas más simples a formas más y más complejas.

Series transicionales co­nectando todas las catego­rías. No deben haber dis­continuidades sistemáticas.




COMPARACIÓN DEL REGISTRO FÓSIL CON LAS PREDICCIONES DE LOS DOS MODELOS

1. Del Precámbrico al Cámbrico:

Las rocas más antiguas en las cuales se encuentran fósiles indiscutibles son las del período Cámbrico. En estos depósitos sedimentarios se encuentran miles y miles de millones de fósiles de formas altamente com­plejas de vida. Estas incluyen esponjas, corales, calama­res, gusanos, moluscos, crustáceos. De hecho, se han encontrado todas las clasificaciones principales de for­mas invertebradas de vida en las rocas Cámbricas. Es­tos animales son tan altamente complejos que se esti­ma que precisaron de 1.500 millones de años para evo­lucionar.

Y ¿Qué es lo que encontramos en las rocas Pre-cámbricas, de mayor antigüedad que las Cámbricas? I No se ha encontrado ni un solo fósil indiscutible en ellas! Se puede decir con toda certeza que los antepa­sados de la fauna Cámbrica, si han existido alguna vez, jamás han sido hallados (21-23).

A pesar de las animaciones en contra, los reportajes concerniendo el descubrimiento de microfósiles (bacte­rias y algas unicelulares microscópicas) en rocas Pre-cámbricas, a las que se las ha asignado una edad de 1.000 a 2.000 millones más de años que a las del Cám­brico, son cuestionables, y desde luego están abiertos a discusión. Algunos artículos recientes tienden a ex­poner las incertidumbres involucradas en tales identi­ficaciones (24-26). Por ejemplo, a pesar de que aceptan la probabilidad de que alguno de estos pretendidos mi­crofósiles de la era Precámbrica sea de origen biológico, Engel, et al, han advertido que:

«Establecer la presencia de una actividad bioló­gica durante el primitivo Precámbrico plantea pro­blemas muy difíciles... es apropiado el escepticis­mo sobre esta clase de evidencias de una primitiva vida Precámbrica.»

Aun si estos pretendidos microfósiles representan restos de formas genuinamente Precámbricas, nos en­contramos de todas maneras con una discontinuidad tremenda entre las formas unicelulares microscópicas de vida, y las muy diversificadas y altamente complejas for­mas de vida encontradas en el Cámbrico, una discon­tinuidad extendiéndose supuestamente sobre mil o dos mil millones de años en las eras geológicas.

Axelrod afirma, refiriéndose a este problema:

«Uno de los principales problemas no resueltos de Geología y Evolución es la presencia de inver­tebrados marinos multicelulares diversificados en ro­cas Cámbricas Anteriores en todos los continentes, y su ausencia en rocas de mayor antigüedad.»

Después de considerar los varios tipos que se hallan en el Cámbrico, Axelrod continúa:

«No obstante, cuando vamos a las rocas Pre­cámbricas para hallar los antecesores de estos fósi­les Cámbricos, no se encuentran por ninguna parte. Se conoce, ahora, que muchas secciones de rocas sedimentarias (de unos 1.600 m.) descansan en su­cesión ininterrumpida bajo estratos que contienen los más primitivos fósiles Cámbricos. Aparentemen­te, estos sedimentos fueron adecuados para la pre­servación de fósiles, a causa de que a menudo son idénticos a los de las formaciones fosilíferas que descansan encima de ellos y, a pesar de ello, no se encuentran fósiles en ellos.»

Según todas las apariencias, basados en los hechos conocidos del registro fósil, hubo una repentina explo­sión de vida con un alto nivel de complejidad. El re­gistro fósil no nos da ninguna evidencia de que estos animales Cámbricos se desarrollaran a partir de prece­dentes formas ancestrales. Aun más, no se ha encontra­do ningún fósil que pueda ser considerado como forma de transición entre los grupos principales de clasifica­ción que lo forman. En su aparición más primitiva, es­tas categorías de vida invertebrada eran ya tan «di­vergentes» con tanta claridad como hoy en día.

¿Cómo queda el modelo evolucionista a la luz de estos hechos? Obviamente, están en completa contra­dicción con sus afirmaciones. Esto lo ha admitido el mismo George Gaylord Simpson, que declaró:

«Garantizado el origen evolutivo de los princi­pales grupos taxonómicos de animales, y no por un acto de creación especial, la ausencia de cualquier registro de cualquier miembro de alguna de las phyla en las rocas precámbricas permanece tan inexplicable en el terreno de la ortodoxia (evolucionista) como lo era para Darwin.»

Simpson ha luchado valientemente, pero no fructuo­samente, con este problema, habiéndose visto obligado a conceder que la ausencia de fósiles Precámbricos (aparte de los pretendidos microfósiles) es

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