Antropología biológica y física, y evolución humana dr. Michael J. Walker




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El concepto "clinal" de la variabilidad humana, frente al concepto "racial"

La idea de "razas" humanas es muy antigua. Los griegos llamaban "bárbaros" a todos cuyo idioma no fuera el griego, porque para los griegos sus lenguas eran un bla-bla o "bar-bar". Los franceses a veces dan la impresión de quien no admira la cultura gala merece compasión. Los israelitas se consideraban -y los judíos ortodoxos se consideran- el pueblo elegido por Dios. Los hindúes consideran el sistema de castas como elemento fundamental del esquema religioso y peligroso cualquier contacto con personas ajenas además de las castas intocables. Hay comunidades que, con cierto orgullo, manejan el concepto de raza cuando se refieren a si mismas, por ejemplo judíos y gitanos. Sin embargo, semejante autoreferencia puede ser tan tendenciosa que aquella que pretende distinguir comunidades ajenas por una calificación racial, si por ella se quiere entender una definición de la separación biológica de exclusividad hereditaria.


La discriminación racial sucede cuando se pretende que ciertos rasgos morfológicos indiquen tal separación y que el colectivo así definido reciba un trato diferente a las manos de otro. Semejantes rasgos pueden ser poco más que el aspecto facial (por ejemplo, judíos, gitanos, árabes, europeos) o de pigmentación y forma del cabello (africanos negros, aborígenes australianos y melanesios). Sin embargo, puede haber un área de incertidumbre, causada tanto por el mestizaje, como cuando ésto sea inexistente: por ejemplo, un curtido marinero pescador noruego puede ser igual de moreno, o más, que un oficinista hindú de Nueva Delhi. También se considera que los dos pliegues epicánticos de los ángulos de los párpados caracterizan a chinos y japoneses, aunque hay una incidencia variable del pliegue sencillo en muchas otras regiones de Asia oriental, e incluso Polinesia y América. La forma del cabello en hélice o espiral es frecuente en Africa subsahariana y Melanesia, aunque con microestructura distinta, mientras que la forma ondulante es frecuente en Europeos, Medio Oriente, India, Australia y Polinesia, y recta en América y Asia Oriental. En Asia oriental el cuerpo suele tener escaso vello. Allí, y en América y África subsahariana, la calvicie es infrecuente -en la calvicie también entran factores de carácter genético-endocrino, ya que los varones son siempre los más afectados-.
No es de extrañar que consideraciones de linaje y parentesco suelen sumarse a las meramente morfológicas en la evolución de la discriminación racial, además de otras sobre el comportamiento del colectivo discriminado. Sin embargo, la supuesta base hereditario-biológica depende de una interpretación muy parcial del registro antropológico, que es siempre incompleta e incapaz de rendir cuentas de la gran variedad de los rasgos variables conforme con aquellos limítrofes geo-demográficos que se imaginan "raciales". Sucede así, incluso, en el caso de muchas comunidades, especialmente indígenas, que se autodenominan "razas" para ufanar su evolución separada. La variación geográfica clinal de muchos rasgos no obedece la mayoría de las pretensiones raciales, tanto de racistas como de comunidades autóctonas. Semejantes pretensiones, por otra parte, impiden el análisis paleoantropológico en cuanto no se relacionen con el esqueleto. Ésto no quiere decir que el mecanismo genético de los polimorfismos de los tejidos blandos sea un campo abandonado por los antropólogos, sino que raras veces implican una trayectoria evolutiva profunda.
Es innegable que existen diferencias, estadísticamente significativas, entre las proporciones corporales que reflejan diferencias de longitud ósea. En Asia Oriental y América, el tronco contribuye una proporción mayor a la talla que hacen las extremidades, a la inversa de Africa subsahariana y Australia, aunque las proporciones sean similares en Europa. Por otro lado, el segmento distal de las extremidades es relativamente largo, respecto al proximal, en Africa subsahariana, Australia y América. La anchura de los hombros y de la pélvis es, sin embargo, de valor reducido en Africa subsahariana y Australia, y elevado en América y Polinesia. También se ha notado que la zona cortical de los huesos largos es variable, siendo menor en Asia oriental. Por otra parte, en todos los grupos continentales se dan comunidades altas y otras bajas, y, aunque sea innegable que la forma general del cuerpo influye en los conceptos "raciales", no es un criterio de especial utilidad para asignar individuos a una u otra "raza". Algunos antropólogos emplean los términos "raza geográfica" (australianos, polinesios, melanesios, micronesios, indios americanos, asiáticos orientales (mongoloïdes), africanos subsaharianos, eurasiáticos); "raza local" (vascos, judíos, sijs, apache, maya, etc.); y "raza microgeográfica" o "microrraza" para indicar una comunidad reproductora separable de otra por las frecuencias genéticas de caracteres manifestados por ambas. Esta terminología, inventada por Stanley Garn, adolece de cierta redundancia: si la comunidad a calificar es fundamentalmente una comunidad geográfica o socio-lingüística, basta con hacer la referencia a la misma, sin añadir el vocablo "raza". Juan Comas Camps ofreció la crítica de que la terminología de Garn es especialmente débil en el caso de las "razas locales" que suelen ser un cajón de sastre para comunidades dispares.
En resúmen, la comunidad que es el objeto de interés bioantropológico es aquella población variable diferenciada de otras poblaciones humanas análogas por las diferencias de los valores medios para determinados geno- y fenotipos. En la medida en que se tratan de caracteres definidos por un solo gen (p.ej. algún grupo sanguíneo infrecuente), la población podría perfilarse de forma singular. En la medida de que se tratan de caracteres poligénicos (por ejemplo, color del cabello), las comunidades podrían mostrar un gradiente clinal contínuo de fenotipos. Por otra parte, el análisis antropológico se ve facilitado por el estudio, dentro de un grupo polimórfico de comunidades -o sea, de una población polimórfica- donde se dé el predominio variable de un rasgo dentro de una gama de alternativos discretos (por ejemplo, los grupos sanguíneos A, B, AB, O), que permite medir la frecuencia genética de los alelos responsables en cada comunidad de la población polimórfica -a diferencia de aspectos como son la talla o el color de los ojos, donde la base genética es compleja y todavía queda por aclararse- . Desgraciadamente, los genotipos discontínuos alternativos son los que menos hacen acto de presencia en la Paleoantropología.
Los conceptos "clinal" y de "grado" fenotípico fueron propuestos por el zoólogo Julian Huxley para la investigación de especies politípicas. La consideración de rasgos diferentes puede poner de relieve la presencia de discordancia entre poblaciones de una sola especie, ya que los gradientes clinales para un rasgo no necesariamente tienen que tener correlación geográfica con los para otro. Sólo si hay cierta concordancia entre rasgos independientes, es posible valorar la aparición de subespecies, interfértiles con otras subespecies aunque ocupen nichos ecológicos separados y, por consiguiente, con escaso entrecruzamiento reproductor normalmente. El hombre se separa de esta condición de manera radical y determinante, ya que la gran movilidad y el dominio de una gran variedad de entornos naturales impiden la evolución de barreras al apareamiento, en la medida en que la demografía aumenta. Consiguientemente, la concordancia clinal no es fácil de vislumbrar, por lo que no se puede hablar de subespecies. Tampoco se debe emplear taxones informales; por ejemplo, el taxón informal "raza" es inaplicable al hombre, ya que su significado biológico se queda reservado para linajes de organismos cuya reproducción sexual ha sido controlada por el hombre en un esfuerzo de escoger tipos caracterizados por rasgos predefinidos por él (por ejemplo, raza de caballo andaluz, raza de perro felipudo, etc.), lo cual no es el caso del apareamiento entre personas de diferentes colectivos humanos. La designación de taxones informales a colectivos humanos -incluso su autodenominación como tales- oscurece el concepto de "grado fenotípico", tanto dentro de los posibles niveles taxonómicos como entre aquéllos, afectando así a las valoraciones paleoantropológicas de forma sujetiva y parcial.
Pigmentación humana

El color de la piel, el cabello y los ojos nos recuerda de unos viejos argumentos sobre el valor adaptativo según algunos autores, lo que plantea el problema del papel jugado por la nutrición y la selección en la variación clinal de polimorfismos complejos. Por otra parte, aquellos no permiten el cómputo del coeficiente selectivo, tal como se puede determinar para aquel caso de polimorfismos en equilibrio que se da por la hemoglobina falciforme en algunas zonas de paludismo endémico en Africa. Es decir, la polémica en torno a la pigmentación, similar a la supuesta relevancia de las reglas -o susodichas "leyes"- de Bergmann y Allen respecto a talla y peso corporales, depende más de la corroboración o reafirmación de teorías por determinadas observaciones que de nuestra capacidad de contrastarlas con aquellas. En todo caso, queda por explicarse por qué la mayoría de los rasgos heredados, en una comunidad humana determinada, ofrece una gama, bien de alternativos discontínuos, bien de valores contínuos -- incluso en los casos la pigmentación del cabello y ojo - pero no tanto en cuanto a la pigmentación de la piel. Huelga añadir aquí que algunos aspectos de la pigmentación han llamado la atención de los médicos desde hace muchísimo tiempo.


Entre ellos destacan los siguientes:

(1) El albinismo, xantinismo, etc. pertenecen a un grupo de defectos genéticos del metabolismo de la tirosina en los melanocitos,

que afectan a uno o más de los tejidos normalmente pigmentados y que son determinados por mecanismos genéticos variados que pueden alcanzar frecuencias genéticas de consideración en algunas comunidades. El albinismo ocular es transmitido por un gen recesivo de la cromosoma X, pero el xantismo africano y una condición similar en algunos melanesios puede ser debido a un gen recesivo autosómico. El albinismo oculocutáneo puede incidir en un 0,75% de algunas comunidades de indios (p.ej. hopi, zuñi, navajo) y los afectados padecen de cánceres malignas con especial frecuencia en éstas (de las células basales y melanomas malignas).

(2) La hiperpigmentación patológica puede darse en enfermedades de la insuficiencia adrenal, hiperpituitarismo, el hipertiroidismo, y la anorexia nerviosa, además de en el tratamiento médico con determinados fármacos que, en algunos casos, dan electrones al pigmento melanina, así fijándola en complejos no sólo en la epidérmis, que origina gran parte de la melanogénesis, sino en las vísceras adonde son transportados por linfocitos cuya proliferación también es estimulada.

(3) En mujeres embarazadas se produce normalmente una fuerte pigmentación irreversible de la piel de la areola del pezón del pecho y también la piel abdominal. Algunas mujeres incluso muestran cambios de pigmentación cutánea durante el ciclo menstrual. En comunidades de piel oscura, las investigaciones de la reflectancia espectrofotométrica demuestran que mujeres muchas veces tienen la piel ligeramente más clara que los hombres. Estos aspectos subrayan el papel realizado por ciertas hormonas, implícito en el párrafo anterior, a la vez de suscitar inquietud respecto a cualquier conjetura uniformista que alegue la evolución de la pigmentación cutánea como mera protección adaptativa contra la irradiación ultravioleta, ya que no explique semejante desigualdad sexual.

(4) La respuesta inflamatoria normal del corium epidérmico a determinados antígenos produce una melanofágocitósis, especialmente

marcada en personas de piel oscura como los negros de Africa subsahariana -respuesta amortiguada por las hormonas corticoesteroides (p.ej. cortisol)-. Otra vez se pone de relieve el papel jugado por los linfocitos y además de nos leucocitos neutrofílicos que deben de transformarse en macrofagocitos. Dicho aspecto suscita preguntas de la relación entre el metabolismo de la melanina y el sistema de respuestas inmunológicas, incluso autoinmunas, del sistema reticuloendotelial. Por otra parte, la ruborización de la piel cuando sufre una lesión es mediatizada por la hormona la seriotonina que está presente en importantes zonas del cerebro basal y la glándula pineal.

(5) La hipófisis pituitaria produce la hormona estimuladora de los melanocitos (MSH), junta con la gonadotropina, cuando el nivel de la hormona melatonina segregada por la glándula pineal esté baja, ya que el aumento de la melatonina repercute en el eje hipotalámico-pituitario para inhibir la segregación de la MSH (causando así, por ejemplo, el período invernal de inactividad de los mamíferos de hibernación). La melatonina se elabora en la glándula pineal. Experimentos fisiológicos ponen de manifiesto cómo la melatonina incide en la excitación o tranquilización del comportamiento de mamíferos. La glándula pineal es de orígen neural, igual a la mitad de la glándula pituitaria y la zona ocular pigmentada cuyos melanocitos responden a la forma de la MSH que estimula los melanocitos en general la cual, por otra parte, se diferencia de la forma que estimula la glándula pineal. Quizás la cantidad de luz que entra al ojo, afectada lógicamente por la mayor o menor pigmentación del iris y de la retina, incide en el control hipotalámico de la actividad y del comportamiento humano a través de la MSH y melatonina. La melatonina tiene propiedades interesantes: En niños con epilepsia la administración de la melatonina reduce la incidencia de ataques y experimentos en ratas sugieren que suplementos de la melatonina se correlacionan con mayor longevidad, quizás mediatizada a través de cierta depresión de tasas de actividad y metabolismo.


Puesto que la irradiación ultravioleta activa el sistema vitamínico D-3 (colecalciferol) en la piel, por lo que se infiere que en zonas de escasa insolación una piel clara posibilita el máximo provecho de la luz diurna para semejante activación. La raquítica, enfermedad causada por la avitaminosis-D, era frecuente en las grandes capitales industriales de los países del Noroeste europeo durante el siglo pasado, antes de la distribución en la escuela de aceite del hígado del bacalao como medida de la salud pública, asimismo la añadidura de la vitamina D a la leche y su distribución escolar. También hay datos de una elevada incidencia de la raquítica en la población negra de los capitales industriales norteños de los EE.UU. en época anterior, lo que podría ser un indicio del efecto de la melanina cutánea que impida la absorpción ultravioleta. Por otra parte, la irradiación ultravioleta excesiva daña las células epidérmicas, con la respuesta del aumento del espesor de la zona keratínica (incluso esto ocurre en los albinos) y en ella del pigmento melanina que da el bronceado y protege las glándulas sudaríparas (que en los albinos sufren daño). Sin embargo, en Australia se ha detectado una mayor incidencia de cáncer de la piel expuesta al sol (de la cara y las manos) en grupos de orígen europeo, especialmente las personas más rubias como son las pelirrojas irlandesas, respecto a los aborígenes: se tratan de carcinomas de las células de la zona basal y escamosas. Por otra parte, las carcinomas de la piel de los indígenas australianos carecen de relación especial con la piel descubierta respecto a zonas cubiertas. Tanto indígenas australianos, como negros africanos e indios americanos de tez oscura, muestran incidencia baja de cáncer de la piel, la melanoma maligna incluida.
El espectro visible de la luz está comprendido entre el extremo para la violeta, en una longitud de onda de 0,0000393 cm (= 0,393 micron, 393 milimicron o nanómetros, o 3.900 unidades Angström), y el extremo para el rojo, en una longitud de onda de 0,0000759 cm o 759 milimicron. Los valores inferiores de 393 milimicron corresponden a la luz ultravioleta y los superiores a 759 a la luz infrarroja. Las longitudes de onda responsables de la insolación y del bronceado son inferiores a 320 milimicron, especialmente entre 300 y 280. Cuando es inferior a 285 milimicron, la irradiación corta es absorbida por la capa de ozona, por lo que los factores que inciden en la intensidad de semejante irradiación natural incluyen la latitud geográfica, la estación del año y hora del día, si el cielo sea raso, nublado, con calima o ahumado, y la ropa. Por otra parte, se hacen falta tan sólo 19 cm2 de piel, en personas de tez blanca y la latitud de Galicia a nivel del mar, para la producción autóctona de la vitamina D en el cuerpo. Aunque bien fuera el caso de que semejante exposición sería insuficiente para un melanesio de tez negra de Nueva Guinea, trasladado a La Coruña, el área adicional necesitada debería ser pequeña, ya que en la cordillera ecuatorial donde vive hay una demografía negra de consideración que sobrevive sin problemas, pese a la presencia de capas de nubes monzónicos y vegetación selvática densa.
Si la pigmentación de la piel fuera únicamente una adaptación morfológica a la insolación, deberían ser más oscuros las personas que habitan los desiertos y sabánas semiáridas que esos africanos subsaharianos que habiten las altas montañas nubladas de África oriental y la selva densa y oscura, pero aunque ciertos pigmeos de la selva de África central quizás sean ligeramente más claros que otros grupos subsaharianos, las diferencias no son impresionantes. En los indígenas americaos, la pigmentación cutánea es más oscura en las regiones orientales donde hay desiertos y altiplanos de la cordillera en el Suroeste los EE.UU. Norte de México, Sur del Perú, Norte de Chile, y también en el Sur de Chile, además de los altiplanos andinos en general, siendo menos intensa la pigmentación en regiones templadas o selváticas tropicales orientales. Muchos prehistoriadores infieren que el hombre colonizase a América hace tan sólo 15.000-10.000 años, y casí ninguno acepta datos de su presencia antes de hace 35.000 años.
En Australia, la reflectancia espectrofotométrica indica que son ligeramente más claros los aborígenes del Sureste respecto a los del Norte del continente, aunque aquí no hay una correlación fuerte entre menor pigmentación y mayor cobertura forestal o selvática, ni con la nubosidad y pluviosidad. No obstante, los isleños indígenas de Tasmania, en las latitudes templadas sobre los 45oS., no fueron de piel clara, a diferencia de los europeos de 45oN en Burdeos. Carleton S. Coon (Adaptaciones Raciales, Alianza,1982, pág. 55: Bibl. Fac. Biología) aseveró que el régimen de los tasmanianos fuese de mariscos, focas y huevos de aves migratorias, asegurándoles así la suficiencia de la vitamina D; sin embargo, los datos paleoeconómicos del registro prehistórico de la isla muestran la decreciente representación del componente marino en sus desperdicios alimentarios durante los últimos 10.000 años, conforme con la estabilización del recalentamiento del interglacial actual (Holoceno). Por otra parte, Homo sapiens moderno se dispersaba durante el último período glacial por todo el continente extenso, entonces formado por Nueva Guinea, Australia y Tasmania que estaban unidas por la exposición de la plataforma continental durante el período de máximo frío (pleniglacial superior) hace 20.000 años cuando el nivel de los océanos estaba a 120 m bajo el actual y cuando el hombre - supuestamente de tez negra - habitaba cuevas en una Tasmania que debió de estar inhóspita y muy fría. Los datos existentes sugieren que los primeros indígenas sólo llegasen durante el último período glacial a Nueva Guinea y Australia hace 60.000 años (en el pleniglacial inferior).
Muchos melanesios de Nueva Guinea son de piel más oscura, o negra, que los aborígenes australianos que son más bien de color chocolate, incluso los nómadas del desierto central australiano donde la insolación de un sol de justicia debiera de seleccionar la adaptación de la pigmentación más negra del mundo, si aquella realmente fuera respuesta prioritaria a la insolación. Más negros que los australianos son los melanesios de Nueva Guinea, pese a habitar zonas de selva ecuatorial o vivir bajo los nubes ecuatoriales monzónicos de Nueva Guinea. Los nuevoguineanos y australianos llegaron a estar separados hace solamente 10.000 años cuando el nivel marino actual penetró el Estrecho de Torres (que es de anchura y profundidad escasas). Los datos de América y Tasmania-Australia-Melanesia se concluye que la diferenciación de la pigmentación cutánea observada en ambas regiones del mundo debe tener orígenes tanto separados como muy recientes.
Es posible que europeos de piel muy clara sufran, en regiones tropicales, cierta pérdida de la vitamina B-12, causada por la fotosíntesis del ácido fólico inducida por una irradiación de 0,0000360 cm. Esta vitamina es necesaria para la hematopoiesis y su falta en el embarazo incide en anemias, abortos espontáneos y la mortalidad materna e perinatal. El ácido fólico contiene el metal cobalto. La destrucción del ácido fólico supone la pérdida del cobalto. Gente de piel oscura puede estar protegida de dicha destrucción, y se ha preguntado si su menor frecuencia de cáncer de la piel podría ser consecuencia de algún efecto anticarcinogénico del cobalto. Los cánceres mortales de la piel suelen aparecer sólo después de la edad de la madurez sexual, por lo que no pueden repercutir fuertemente en una selección natural que favoreciera la piel oscura, pero la muerte materna e infantil relacionada con una destrucción del ácido fólico, esa sí podría repercutir en la supervivencia en ciertas zonas de comunidades de piel oscura (véanse R.F. Branda y J.F. Eaton, 1978, "Skin color and nutrient photolysis: an evolutionary hypothesis", Science 201: 625-626). También es posible que europeos de piel blanca en regiones tropicales sufran más que negros de envenenamiento con el metal berilio, un metal absorbido por plantas en zonas ecuatoriales en mayor grado que lo es en zonas templadas. El metal es un oligoelemento incorporado en nuestros huesos. De igual modo que las sales de plata, las del berilio se descomponen por la luz de la parte azul del espectro visible, de la que permite pasar más una piel clara que una negra. En animales de laboratorio, el envenenamiento con berilio causa una lasitud neurasténica, y fertilidad disminuida, similares a las mostradas por alguna gente europea en zonas tropicales. Estas sugerencias sobre el cobalto y berilio no explican las diferencias de la pigmentación entre comunidades indígenas de la región tropical y subtropical del planeta.
Las observaciones médicas mencionadas antes, sin embargo, han dado lugar a dos tipos de interpretación muy distintos sobre el por qué evolutivo de la pigmentación cutánea. Por un lado, H.P. Wassermann (Ethnic pigmentation, Elsevier, 1974: el libro se encuentra en la colección particular de M.J. Walker) reluce el aspecto endocrino que relaciona el pigmento de la melanina a los sistemas endocrino y reticulo-endotelial. Wassermann comenta que con respecto a niveles en surafricanos de ascendencia europea, los niveles de los inmunoglobulinas G, A, y M son elevados en unos 40%, 30% y 32%, respectivamente, en surafricanos negros, y en unos 20%, 23% y 7% en surafricanos cuyos antepasados vinieron de la India en el siglo XIX. Wassermann elabora la teoría de que las respuestas al riesgo elevado de infección, por otra parte siempre mayores en latitudes bajas de temperatura elevada, pudieron suponer la evolución del sistema defensivo reticulo-endotelial en relación a la segregación endocrina suprarrenal anti-inflamatoria, de modo que la melanina interviniese como receptora de radicales libres (véase el apartado "4" arriba).
Por otra parte, Carleton S. Coon (Adaptaciones Raciales; el libro se encuentra en la Biblioteca de la Facultad de Biología) elabora una teoría que invoca, sobre todo, el papel realizado por la hormona MSH en la pigmentación de los ojos y la piel (véase el apartado "5" arriba). Ésto nos hace recordar que la pigmentación ocular no se limite al iris - cuya pigmentación del stroma mesodérmico define el "color de los ojos", vulgarmente dicho - sino se extiende a la retina de manera variable importante, la cual es ectodérmica igual a la parte interior del iris aunque aquella es pigmentada en todas las personas.
El control genético de la pigmentación de estas 3 zonas oculares es independiente, ya que se dan casos de albinismo ocular (de ausencia de melanina en la parte interior del iris) en todas las comunidades del mundo, causado por un gen recesivo. Cabe añadir aquí, por consiguiente, que la situación genética real debe ser mucho más complicada que aquél esquema ofrecido por algunos manuales de la Antropología Física que pretenden que un gen dominante sea responsable de ojos negros y otro recesivo de ojos azules. Los ojos negros de europeos sugieren un sistema genético, tal vez poligénico, pero con un elemento dominante vinculado a la cromosoma X.
El Premio Nobel de la Fisiología George Wald demostró que personas con iris de menor pigmentación ocular (ojos azules y grises) -que suelen hallarse en las latitudes medias altas- suelen tener una mejor agudeza visual para las distancias largas que personas de ojos negros. Por otra parte, quizá la falta de la melanina impide el mismo grado de absorpción de la brillantez y del calor en zonas de mayor insolación de latitudes bajas. También parece ser que, en europeos, personas de ojos claros suelen apreciar panoramas, formas, y matices pálidos, y suelen ser más reflexivas, mientras que personas de ojos negros aprecian detalles y colores y matices fuertes y suelen tener un carácter más espontáneo.
Por otro lado, la enzima que determina el color retinal es la misma para la piel, y Coon considera que las retinas de europeos rubios y chinos dejan pasar menos luz que las de indios o negros, siendo la reflexión de la luz, en parte, la responsable de la intensidad del color azul de algunos ojos o del color marrón de los chinos. Recuérdese que los conos responden al color y los bastoncillos al blanco y negro.
Cuando es de día, el coroideo produce la hormona MSH, estimuladora de los melanocitos; cuando es de noche lo hace la glándula pineal. Cuando más luz penetra la retina, cuanto más MSH se produce y - debido al efecto de la MSH en la pineal - cuanto menos melatonina es segregada por ella, con la posibilidad de potenciar la hiperactividad del comportamiento del individuo.
Hay dos tipos bioquímicos del pigmento melanina: la eumelanina (producida por la polimerización de la indol-5,6-quinona) y la feomelanina (producida por la polimerización de la cisteinildopa). Ambos representan caminos del metabolismo de la tirosina, y se supone que la definición del camino responde a un mecanismo genético diferenciado. La eumelanina es oscura y forma gránulos de 0,00013 a 0,0001 cm de largo por 0,00006 a 0,00005 cm de ancho, y ocurren como gránulos separados cada uno en su cápsula, en las células epidérmicos de africanos subsaharianos y aborígenes australianos. La eumelanina forma gránulos de 0,00007 a 0,00006 cm de largo por 0,00005 de ancho en indios americanos y la gente de Eurasia y Africa septentrional, en cuyas células forman agregaciones encapsuladas, aunque cada gránulo sólo ocupa la quinta parte del volumen de un gránulo del primer grupo. Por otra parte, los gránulos de la feomelanina son similares en tamaño a los de africanos subsaharianos y aborígenes australianos, y se encuentran en algunas poblaciones de Melanesia, Eurasia, e indios americanos. En todo caso, la melanina comienza en las melanosomas de los melanocitos, de las cuales los gránulos pasan a las keratinocitos del estrato córneo de la epidermis o de las folículas piliformes a los pelos, aunque en las tres partes oculares con melanina siguen parcialmente en estructuras melanosómicas.
Cabe mencionar otro pigmento en el contexto de la pigmentación cutánea, ocular, y del pelo: Se trata de la carotena, que es el pigmento que da color a la zanahoria, por otra parte tan necesaria para la agudeza visual humana. Se halla en plantas y en los tejidos adiposos de herbívoros. La carotena se convierte en la vitamina A por nuestro cuerpo, vitamina que facilita la agudeza visual por fortalecer la zona purpúrea del espectro visible - fundamental para poder ver en la oscuridad -. La falta de la vitamina A, además, ablanda a la córnea ocular y la zona superficial e impermeable de la piel. La presencia de la carotena en la grasa subcutánea y en el estrato córneo de la piel da un matiz amarillento a la piel de ciertas comunidades humanas, especialmente del noreste asiático.
Hay al menos 3 sistemas enzimáticos responsables de la pigmentación ocular y al menos 4 pigmentos en 5 formas en la piel y el cabello (2 formas de la eumelanina, la feomelanina, carotena, y tricosiderina). Consiguientemente, la base genética de la pigmentación humana es de una complejidad muy grande (véase también abajo). Tan sólo la diferenciación genética de la pigmentación cutánea entre afroamericanos y americanos de ascendencia europea implica un mínimo de 4 loci, según demuestra el catedrático de Oxford, G.A. Harrison (véase Arturo Valls Introducción a la Antropología, Alianza, pág. 328 a 330: el libro se encuentra en la Biblioteca de la Facultad e Biología).
El color del cabello moreno, castaño o rubio depende del contenido de la melanina, cuyo tipo es el de la piel, pero el pelirrojo tiene el pigmento tricosiderina, relacionada a tirosina-cisteina y feomelanina, con contenido importante de fenol. Hoy en día, se considera más probable que un gen dominante o codominante sea el responsable del cabello pelirrojo que la homocigosidad de un gen recesivo tal como se suele leer en muchos manuales de la Antropología Física.
Las cuestiones genéticas suscitadas por consideraciones del pelo son de difícil resolución. Por otra parte, en diferentes continentes se ven contornos clinales de frecuencias fenotípicas de pelo rubio, no sólo en Europa, donde es mayor en zonas nórdicas, sino también en la demografía indígena australiana. Estos dos casos, no obstante, muestran diferencias asociativas: en comunidades nórdicas la frecuencia del cabello rubio se asocia con ojos azules y tez claros, a diferencia de los aborígenes australianos en los cuales parece ser más bien sexualmente vinculada en las mujeres (algunas la retienen durante toda la vida) pero influída por la edad biológica en varones (ya que bastante menos hombres mayores que mujeres la retienen, no obstante la alta frecuencia registrada en niños y niñas).
A las dificultades metodológicas implicadas cuando se intenta a deshilvanar el ovillo poligénico a través del análisis genético de comunidades humanas y su ascendencia desde la perspectiva teórica de cierto equilibrio genético (algunas comentadas por Valls), hay que sumar los interrogantes planteados por las posibilidades - cuando no probabilidades - del apareamiento sesgado y la interacción medioambiental (incluso la selección por mortalidad materna o perinatal).
Un cuadro probablemente similar al australiano ha sido comentado en algunos melanesios rubios e incluso chinos e italianos. Sin embargo, por regla general en Asia oriental y en indios americanos el niño nace con cabello moreno y muere con aquel. En africanos subsaharianos las canas grises aparecen en la vejez. Muchísimas comunidades eurasiáticos muestran no sólo una gran variabilidad del color del pelo en general, sino una gran variabilidad de los cambios de color a lo largo de la vida.
Parece ser que el cabello moreno europeo y mediterráneo, asimismo de Asia occidental, central, y sur, tiene características distintivas con respecto a los pelos morenos de otras grandes regiones del mundo, y no es sencillamente una forma intermedia, o "híbrida", entre aquellos y el cabello rubio europeo.
Junto con las diferencias de la eumelanina y feomelanina, las diferencias estructurales del pelo nos sugieren una trayectoria de la separación humana, a grandes rasgos. El pelo humano contiene un 5% de azufre, 14,5% de nitrógeno, 43% de carbono, 6,5% de hidrógeno y 31,5% de oxígeno. El de europeos pelirrojos contiene 0,19% más de azufre que el pelo de indios americanos y el pelo de aquellos contiene un 0,54% más de nitrógeno que el de africanos subsaharianos. La estructura morfológica del pelo muestra diferencias: las áreas transeccionales de un pelo de un africano subsahariano tiene un valor medio de 0,126 mm2, de un europeo rubio el de 0,135 mm2, de un melanesio de las islas de Solomón el de 0,193 mm2, y de un chino el de 0,204 mm2. Estos valores se ven reflejados en los respectivos volúmenes de pelos de 5 cm de longitud y de sus proporciones de Peso:Volumen. La microscopía pone de relieve que la distribución del pigmento es más uniforme en el caso del pelo rubio europeo, seguida por el del africano subsahariano aunque este tiene un reducido anillo claro hacia el centro. En el pelo chino el pigmento se distribuye en forma de un anillo oscuro periférico con zona central clara de consideración, mientras que en el isleño solomon hay un anillo claro de dimensiones mayores a las del negro africano. La forma transeccional del pelo melanesio es la más ovoïde y la china la más circular, siendo las otras más bien subcirculares. Todos muestran el cutículo moderno similar, salvo el cutículo chino cuyo grosor duplica los valores de los demás: en todo caso el cutículo externo es siempre incoloro.
En resumidas cuentas, la pigmentación humana nos muestra su enorme complejidad morfológica, bioquímica, genética y evolutiva. Sería absurdo entonces, estimar que su presencia sea respuesta evolutiva sencilla a factores externos solamente (p.ej. protección contra cánceres inducidos por insolación de luz ultravioleta) o que su disminución responde a otros solamente (p.ej. facilitar la activación del sistema vitamínica D-3 en regiones de luz débil). La relación estrecha entre la pigmentación y los sistemas endocrino y reticuloendotelial indica que los caminos bioquímicos y endocrinos de mecanismos implicados en la pigmentación tienen algo que ver tanto con las respuestas inmunológicas como el estado de actividad del comportamiento y la incidencia de la luz sobre los ojos (sistema: ojo-pineal-eje hipotalámicopituitario). Por otra parte, la genética de poblaciones indica que también han jugado un papel los sesgos de frecuencias alélicas causadas por la gran dispersión sobre el mapamundi de grupos humanos y el aislamiento de comunidades de demografía reducida durante varios decenios de milenios en habitats distintos y alejados entre sí: estos sesgos dificultan la atribución de las variaciones humanas en la pigmentación cutánea, ocular y del cabello a rasgos adaptativos mediatizados por la selección natural, provocados por presiones selectivas externas específicas diferentes.
Dermatoglifos

Los dermatoglifos no tienen nada que ver con los pliegues (fisuras o arrugas) palmares leídos por las adivinadoras, aunque ciertos pliegues epidérmicos son de interés médico: por ejemplo, el síndrome de Down, o mongolismo, puede ser diagnosticado en el bebé recién nacido que ofrece la anomalía de un largo pliegue palmar transverso o "pliegue simio". Los pliegues y arrugas se ven tanto en las superficies palmares y plantares como dorsales de la mano y del pie, además de otras zonas del cuerpo, como la cara.


Por el contrario, los dermatoglifos son conformados por las aristas epidérmicas que llevan los poros de las glándulas sudaríparas de la piel palmar y plantar en los primates. En el hombre, los patrones dermatoglíficos son de interés forense y antropológico. Aparecen en el feto humano a las 12 semanas y perduran sin variación durante toda la vida y que se recupera después de lesiones que no destrozan la base epidérmica. Cada individuo tiene un patrón único, hermanos gemelos incluso. Además, la yema de cada dedo ofrece un patrón particular singular. Paleoantropólogos han podido clasificar los dermatoglifos conservados en momias.
La mano y el pie ofrecen superficies palmar y plantar divisibles en un máximo de 7 zonas, correspondientes a los 5 dedos más dos zonas conformadas por situaciones opuestas al dedo gordo (denominada eminencia hipotenar en la mano) y colindantes con la muñeca o el tobillo. Las aristas epidérmicas conforman curvas que abren hacia dichos extremos y cuyos ápices se oponen hacia el centro palmar y plantar. Lógicamente, las curvas concéntricas dermatoglíficas tienen que ser forzosamente sencillas donde delimitan la mano en su unión con la muñeca, y al pie donde se une al tobillo, y la más distal de ellas se divide mediante la prolongación desde el ápice, de una arista que se separa en dirección distal: esta separación conforma el "trirradio" básico de la clasificación topológica.
Dicha prolongación divide en dos la palma o planta y puede acabar entre cualquier de las demás 6 zonas, aunque suele hacerlo entre los dedos II a V, más que entre el dedo grande y segundo (eminencia tenar de la mano) o el IV y meñique (eminencia hipotenar de la mano). Las 5 uñas exigen, lógicamente, la presencia ineludible de otros 3 trirradios, que junto con el fundamental conforman "4 trirradios esenciales". Este hecho permite la clasificación topológica de la mano o del pie.
Si las curvas dermatoglíficas en las 6 zonas dependientes dejan de ser curvas concéntricas sencillas, habrá bastante más trirradios, ya que una arista divide en trirradio cada vez que se aproximan tres campos de curvas de ápices opuestos. Sólo algunos bosquimanos suelen tener patrones de curvas sencillas. Normalmente, bien los dedos o la eminencia hipotenar ofrecen curvas re-entrantes o recurrentes, en formas denominadas lazos o "presillas" y espirales o "torbellinos", incluso dobles, con numerosos trirradios identificables en las improntas tenar, hipotenar y de las yemas digitales.
El número de trirradios (TR) se da por la fórmula TR+1 = L + D donde el número de lazos o presillas corresponde a L y el número de dedos a D. Esta fórmula es aplicable tanto a manos o pies pentadactilares normales como a anormales por falta de dedos o tener dedos supranumerarios.
En la Antropología Forense se cuenta el número de aristas entre el centro de una presilla los trirradios asociados cuya separación del centro se mide para determinar el valor medio para la anchura de las aristas. La horquilla de anchuras humanas es de 480 y 620 micron, con valor medio feminino de 515 y masculino de 565. Existe una correlación fuerte con la configuración cromosómica sexual. Mujeres del síndrome de Turner (XO) ofrecen valores menores y mujeres con cromosomas X supranumerarias ofrecen valores superiores a la media feminina y hombres con cromosomas X supranumerarias ofrecen valores superiores a la media masculina, y los que tienen la configuración XYY ofrecen valores de 615 micro aun superiores.
Sin embargo, la anchura de las aristas carece de vinculación genética sexual directa con la cromosoma X. Existen algunas correlaciones entre patrones dermatoglíficos de miembros de algunas familias pero se consideran como resultado de sistemas hereditarios multifactoriales en los que el efecto genético aportado tenga características solamente aditivas.
Quizás una fase caracterizada por la retención de líquido (edema) por el cuerpo fetal podría ser la causa de una extensión superficial de la piel durante el tiempo cuando se estableciese el patrón dermatoglífico y, quizás, la vuelta a una distribución de líquido normal podría causar el acercamiento de las aristas y, por consiguiente, su adelgazamiento en el recién nacido. Cierto es, que la distensión edemática ha sido comentada en los cuerpos de fetos con el síndrome de Turner; además, en diversos organismos, la presencia de condiciones poliploïdes es asociada con desordenes del equilibrio líquido. Por otra parte, existen correlaciones estadísticamente positivas entre determinadas anomalías dermatoglíficas y algunas enfermedades (rubela; carcinoma del pecho), y en fetos espontáneamente abortados prematuros.
La clasificación general en arcos o curvas (A), lazos o presillas (L) y torbellinos o espirales (T), puede sumarse a las divisiones según el número de trirradios. Carleton S. Coon propuso 5 grandes grupos estadísticos:

(1) L > 2xT > A y (2) L < 2xT > A : africanos subsaharianos, ainu, algunos indonesios, hindues, árabes, europeos.

(3) L = T > A : asiáticos nororientales, asiáticos surorientales, turcos, micronesios, melanesios

(4) L < T > A : aborígenes australianos, semang (Malaya), aeta (Filipinas), buriat y orochi (Siberia)

(5) A = o > al 10% de (L+T+A) : algunas comunidades de Europa, Turquía, Africa subsahariana. Suramérica y los orochi otra vez.
El significado adaptativo de los dermatoglifos y de su tipología es desconocido aunque se conjeture que aumentan el área para maximizar la sensibilidad cutánea y eficacia de la fricción del agarre. Posiblemente el desarrollo fetal de las aristas epidérmicas se relaciona a líneas de máxima curvatura positiva máxima (o negativa mínima). Otra posibilidad es que representan líneas de tensión conformadas perpendicularmente a la dirección de presión ejercida en la epidermis aunque no conformen, de manera alguna, a contornos similares a los que serían de esperar según tal supuesto.
Polimorfismos heredados: Problemas de adaptación medioambiental

Un polimorfismo es una forma que puede presentarse en individuos de una especie determinada con características varias. En el hombre, por ejemplo, hay pelo rubio o moreno, pelo recto o rizado, pelo de cutículo grueso o fino, melanina segregada como eumelanina o feomelanina por melanocitos, etcétera. Las formas polimórficas pueden ser morfológicas (pelo recto o rizado), bioquímicas (eumelanina o feomelanina) o inmunológicas (por ejemplo, grupos sanguíneos A y B).


¿Hasta qué punto representan los polimorfismos de una especie los resultados de procesos macro-evolutivos (de la selección natural) o micro-evolutivos? Los primeros no son nocivos ya que la especie continúa en vías de evolución en vez de

desaparición. Los segundos podrían ser tanto nocivos (muchas mutaciones espontáneas) como no nocivos influidos por efectos demográficos que desestabilizan el teórico equilibrio genético propuesto por Hardy y Weinberg ("equilibrio Hardy-Weinberg"). Por otra parte, la determinación de frecuencias genéticas es relativamente más fácil para efectos nocivos que para los no nocivos.


Para facilitar la comprensión del asunto, podemos reflexionar sobre ciertas condiciones "patológicas", comentadas por diversos antropólogos, que tienen cierta relación al discurso elaborado arriba sobre la pigmentación ocular.
Existe cierta variación mundial de la ceguera para los colores. Hay dos tipos principales. En la protanopia hay menor o mayor dificultad (según la manifestación hetero- o homocigótica) para distinguir los colores de la zona del espectro visible del verde-amarillo-rojo, causada por una pigmentación insuficiente de los conos retinales sensibles a luz roja. En la deuteranopia hay menor o mayor dificultad (según la manifestación hetero- o homocigótica) para distinguir los colores verde-amarillo-rojo, causada por un defecto de la tipología de los conos, no obstante la presencia de pigmentación correcta. Ambas cegueras dependen de genes recesivos en la cromosoma X. Existe, además, la tritanopia, mucho más infrecuente, que es la ceguera para los colores en la zona azul-verde del espectro visible.
En cazadores y recolectores, como son los aborígenes australianos y esquimales, la incidencia de la ceguera para los colores es muy baja, en torno al 2%. En indios americanos y africanos subsaharianos es ligeramente superior (2 a 3%), y aun más en los negros estadounidenses (4%). En comunidades chinas y eurasiáticas el valor es aun más elevado, entre el 5 y 8% -se ha teorizado que esto podría reflejar una reducida presión selectiva para la apreciación de colores en un modo de vida caracterizado por el sedentismo y la producción agropecuaria estable-. Puesto de otra manera, la falta de apreciación de colores ya no resultaría en tantas desapariciones de individuos portadores del gen recesivo antes de que ellos pudieron reproducir la siguiente generación humana.
No obstante, aquellos polimorfismos, como la ceguera para colores, causados por genes recesivos no parecen ser representativos de la inmensa mayoría de los rasgos morfológicos que caracterizan un organismo determinado o una especie determinada. Su interés antropológico, en la práctica, es menos para los discursos sobre las trayectorias evolutivas o dispersivas de las comunidades actuales o las adaptaciones morfológicas a condiciones específicas, que para la posibilidad ofrecida de que la incidencia de los homocigotos en una comunidad determinada permita el cómputo de la frecuencia genética, mediante la expresión del "equilibrio Hardy-Weinberg". Sin embargo, no es siempre sencillo deducir el coeficiente de selección y la tasa de mutación cuando los homocigotos sobreviven la edad reproductora, como sucede en muchos casos de la ceguera para de los colores u otros polimorfismos genéticos cuyo fenotipo morfológico depende de un gen recesivo, como es el caso de la calvicie femenina (causada por un gen recesivo autosómico).
Por otra parte, semejantes casos de homocigotos recesivos que sobreviven la edad del apareamiento son bastante excepcionales. La casi totalidad de los genes recesivos son nocivos y mortales en su expresión homocigótica. Es precisamente la mortalidad de los homocigotos la que permite el cómputo de la tasa de mutación, responsable del sostenimiento del gen recesivo en la población. También son singulares aquellos ejemplos de "polimorfismo en equilibrio", o "homocigosis", caracterizados por la defunción de homocigotos tanto del alelo dominante como recesivo, resultando así en el predominio en la población superviviente de individuos heterocigóticos. Esto sucede, por ejemplo, en personas en las que algunos de sus hematíes contienen la hemoglobina falciforme en zonas africanas del paludismo endémico: en este caso, la coeficiente de selección es deducible. Por otra parte, la evolución de la morfología humana en general ni puede ni debe explicarse por efectos genéticos excepcionales de este tipo.
Algunos polimorfismos morfológicos son definidos por genes dominantes, entre los que caben mencionarse la calvicie masculina y la forma en espiral del pelo en eurasiáticos. Tales genes ofrecen, incluso, la posibilidad de llegar a hasta verse duplicada su frecuencia de generación en generación, aunque ésto sea más probable en una comunidad exigua y endogámica que en una gran ciudad exogámica. Por tanto, son polimorfismos cuya presencia depende, en parte, de la frecuencia con la que ocurren en una comunidad definida. Teóricamente, en sistemas unilocales, el grado de manifestación de los citados dominantes dependería si el individuo es homo- o heterocigótico, aunque en la práctica la situación parece más compleja. El co-dominio y sistemas alelicos multilocales y poligénicos o multifactoriales parecen ser responsables de la mayor parte de la variación y variabilidad de los rasgos morfológicos normales. A estos hay que añadir los efectos pleyotrópicos de otros sistemas no directamente responsables y, sobre todo, de los sistemas genéticos responsables del control de la organización y del desarrollo (crecimiento) del individuo, mediatizado a través del sistema endocrino.
Con todo esto, es normalmente casi imposible determinar los efectos de la selección para adaptaciones morfológicas. Considérese el caso de la capacidad gustatoria de reconocer a la feniltiocarbamida (y a algunas otras sustancias con actividad antitiroidea). Dicha capacidad es determinada por un gen dominante (T) y la incapacidad por el alelo recesivo (t), por lo que los homocigotos dominantes y heterocigotos pueden reconocerla. La capacidad es más frecuente en mujeres que varones, por lo que es posible que un elemento endocrino incide en el sistema. Se ha preguntado si la capacidad podría tener relación a la producción en la saliva, bajo control genético, de la di-iodotirosina. En este contexto, puede ser muy relevante que la incapacidad se halla en regiones de Europa meridional, ricas por otra parte en caliza, más que en las regiones septentrionales donde la hay menos; el bocio, causado por la ausencia del iodo en aguas de regiones de caliza, es una respuesta del tiroïdes a dicha insuficiencia elemental. Por otra parte, la capacidad parece ser muy desarrollada en los lapones, africanos subsaharianos, indios americanos y los pueblos de Asia oriental. Se ha preguntado si podría ser relacionado con la sensibilidad gustatoria en general, tal vez ofreciendo así alguna ventaja selectiva en ciertas comunidades dependientes de la recolección de plantas en tiempos prehistóricos no muy remotos.
También es heredada la segregación urinaria del ácido beta-aminoisobutírico, un producto del metabolismo de la tiamina que forma parte de la base piramidina de los ácidos nucléicos. Normalmente el ácido betaisoaminobutírico está presente en la orina en una cantidad muy exigua. Cuando ocurre en cantidad mayor, la causa está en un gen recesivo que probablemente altera la permeabilidad al ácido de la membrana de los nefrones del riñón. Los homocigotos recesivos son los que más ácido beta-aminoisobutírico pasan en la orina, los heterocigotos menos y los homocigotos para el gen dominante casi ninguno (el caso normal). Los europeos no suelen pasar el ácido en la orina, siendo menor al 10% la frecuencia en Europe del gen recesivo. En los esquimales la frecuencia sube al 23%, en los indios apache al 60% y en algunos isleños del Pacífico al 86%. En los chinos y japoneses la frecuencia es superior a la europea. El significado adaptativo de este rasgo es desconocido.
La ausencia del músculo de la pantorilla que es el peroneo tercio es probablemente determinada por un gen recesivo autosómico, y tal vez la es la del palmaris longus del antebrazo. El primero va del maleolo lateral de la tibia a la base de la quinta metatarsiana y tiene relación con el músculo que es el extensor largo de los dedos. En los africos subsaharianos e indios americanos su ausencia puede alcanzar el 15%, aunque en europeos es sólo del 6 a 8% y en japoneses del 3,5%. Por otra parte, el segundo es normalmente presente en africanos subsaharianos y japoneses pero su ausencia en europeos puede llegar al 15 a 25%. El significado adaptativo de estas ausencias es desconocido.
Estos rasgos quizás nos dan la tónica de otros muchos, entre ellos algunos ya mencionados como son la presencia de la sutura metópica frontal (con elevada incidencia en europeos del 5 al 10%), la presencia de los huesos suturales lambdoideos "inca" (con elevada incidencia en indios americanos), la forma de pala de la corona de los incisivos (frecuente en indios americanos y polinesios), la forma de la oreja o la presencia en ella de pelos, la forma de los labios, del cabello, del pecho, de los labios de la vulva y la distribución de la barba o del vello. Incluso se ha dicho que las europeas septentrionales suelen mostrar la forma pélvica estrecha, o "androïde", mas que las mujeres de la Europa mediterránea.
También hay diferencias estadísticas significativas en los números vertebrales torácico-lumbares:

Núm. T-L total

16 17 18



varones negros 4% 90,5% 5,5%

varones japoneses 2,7% 90,6% 6,7%

varones europeos 2,8% 92,3% 4,9%

Núm. torácicas

11 11,5 12 12,5 13



varones negros 5% 91,3% 3,7%

varones japoneses 0,2% 0,5% 96% 0,7% 2,6%

varones europeos 2,1% 0,1% 94% 0,1% 3,7%
Otro rasgo heredado es la deformación del septo nasal, que tiene tres regiones: la zona ósea superior, la zona ósea inferior y la zona cartilaginosa. La deformación impide la respiración y el olfato, y la reducida incidencia en grupos que dependen del olfato, como algunos cazadores y recolectores, ha sido desprendida de datos como estos:

Incidencia de deformacón

Zona cartilaginosa Zona ósea inferior Zona ósea superior

chinos 67 30 13

europeos 62 32 23

egipcios 47 37 14

indios algonquinos (EE.UU.) 42 10 14

papuanos (Nueva Guinea) 33 9 12

indios de Alaska (EE.UU.) 25 4 15

esquimales 10 10 17
Sin embargo, semejante deformación, igual a las hemivértebras, roce la frontera entre la variación benigna que se presume adaptativa y la patológica que trae consecuencias indeseadas al portador, por mucho que en algunos casos podría ser para él una especie de "mal menor" - casos estos, por otra parte, muy pocas veces determinables o cuantificables -.
El frío y calor ambientales: Algunas teorías sobre morfología y fisiología humanas

En este contexto, conviene recordar que la forma general de la nariz en zonas de clima cálido y húmedo suele ser amplia (africanos subsaharianos; ciertas comunidades de Malasia y Oceanía). En zonas secas -tanto desiertos cálidos como fríos- la nariz suele ser estrecha y pequeña, quizás para proteger contra la reducción de la actividad de las cilias epiteliales causada por la secación, de forma compatible con la necesidad de que la nariz contribuye a humidificar el aire inspirado. La forma vertical de la frente, las órbitas, los párpados y la nariz en las comunidades de Asia nororiental ha sido relacionada, junto con la braquicefalia, a la protección al cerébro contra el frío. Ciertos experimentos fisiológicos con japoneses, europeos y afroamericanos, cuyas caras fueron expuestas a corrientes de aire helado, indican que los primeros son menos propensos a quemarse la cara, por lo que el aplanamiento de la cara superior podría ofrecer una ventaja adaptativa. La reducción de los arcos supraciliares y del seno del hueso frontal ha sido valorada en este contexto. Las órbitas y párpados de asiáticos orientales contienen más tejido adiposo y la cara tiene menos pelo y barba, lo que podría permitir una mayor penetración de la luz ultravioleta para producir la vitamina D en las células adiposas. Carleton Coon sugiere que el estrato córneo epidérmico permite la keratina a absorber y retener el calor de la luz infrarroja en esta gente y que las órbitas anchas y mejías altas no sólo protegen sino ofrecen una superficie adecuada para recoger la irradiación solar. Considera que en los negros, por el contrario, la keratina epidérmica recoge el calor metabólico para transmitirlo a las glándulas sudaríparas (C.S.Coon, Adaptaciones raciales).


Otro aspecto de interés es la densidad cutánea de las glándulas sudaríparas, cuya variación sugiere una posible adaptación morfológica al clima, aunque no de manera clara o contundente. El número total de glándulas es de aproximadamente 2.000.000 por persona, valor similar tanto en los banntu surafricanos como en surafricanos de ascendencia europea. Por otra parte, parece ser que hay una diferencia entre la densidad media de 216 glándulas por cm2 en la frente de europeos y 255 en la de negros de Africa occidental, aunque las diferencias para otras partes del cuerpo no parecen ser estadísticamente significativas. Cabe comentar que tanto la distribución como el número global de las glándulas sudaríparas muestra una diferencia significativa entre el hombre y el gorila y chimpancé, ya que aquéllos tienen menos en total y diferentemente distribuidas, además de producir cada una menos sudor.
No obstante la menor propensidad de la piel oscura a ruborizar cuando esté expuesta al sol, respecto a la piel rubia (aunque la piel amarillenta, con el pigmento carotena, tampoco ruboriza tanto) o su mayor propensidad a quemarse por heladas no está claro cómo se debería evaluar las respectivas contribuciones de la morfología y la fisiología a la adaptación humana a la disparidad climática del planeta.
La capacidad fisiológica para la aclimatización es asombrosa, amén de la ingenuidad en la protección artificial del cuerpo (p.ej. con aceite y ropa) y de adoptar un modo de vida diferenciado (p.ej. la siesta). Estos aspectos subrayan la singularidad de la Antropología en las Ciencias Biológicas, ya que tiene que afrontarse a la interpretación de una variabilidad que no le permite salir del paso invocando la selección natural y presión selectiva para cada variación politípica identificada, para zanjar el caso sin posibilidad de más discusión. Cada caso requiere un esfuerzo de deshilvanar el ovillo, por la contrastación de las distintas hipótesis previsibles. La adaptación selectiva, al ser de difícil contrastación experimental, es la interpretación de recurso último, cuando las demás se ven falseadas.
La rapidez, con respecto a la trayectoria evolutiva de nuestra especie, con la que ciertas adaptaciones genéticas puedan establecerse mediante un cambio de la frecuencia genética podría ser indicada por el caso de la insuficiencia adulta de la enzima lactasa, tan necesaria para la hidrólisis del azúcar lactosa presente en la leche, crema y nata frescas (pero no en productos lácteos fermentados de queso, yogur o mantequilla). La mayoría de las comunidades de Asia oriental y Africa subsahariana muestran una muy elevada incidencia de dicha intolerancia, a diferencia de las europeas en que no supera el 20%. Roza el 20% en los fulani y tutsi -comunidades pastoriles de Africa subsahariana oriental- por lo que se supone una cierta adaptación a la leche fresca de sus vacas. Es posible que la tolerancia adulta hacia la lactosa sea heredada como gen dominante sencillo. Lo que no se explica muy bien es por qué todos los niños del mundo toleran la lactosa pero los adultos lo hacen sólo en aquellas comunidades con arraigadas tradiciones agropecuarias dirigidas al consumo de leche fresca. Estas, en ninguna región del mundo, tienen una trayectoria mayor a 10.000 años, por lo que el cambio de la frecuencia genética ha de ser rápido forzosamente.
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