Anna Armengol Universidad Autónoma de Barcelona




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VALORACIONES

Ha llegado el momento de extraer nuestras propias conclusiones y manifestar las carencias y interrogantes que quedan pendientes de estudio. Nos aventuraremos a exponer algunas ideas, que agradeceríamos que se valoraran como hipótesis que sería interesante comprobar y desarrollar en una investigación futura.

En los últimos años en el área peninsular se han producido dos tipos de estudios, unos de carácter general, basados fundamentalmente en fuentes inquisitoriales, y otros de carácter regional que apuntan nuevas perspectivas de investigación. A través de éstos podemos encontrar básicamente argumentaciones que giran en torno de la idea que en el área peninsular no tuvo lugar una “caza de brujas” al estilo europeo y que, contrariamente, existió una especie de “racionalismo hispánico” al respecto. Los fundamentos del concepto acumulativo de brujería y el estereotipo de la bruja “moderna” son los mismos en Europa y en la Península, salvo pequeñas variaciones de carácter regional, pero, llamativamente, según el nivel actual de las investigaciones los resultados derivados de dichos fundamentos ideológicos serían diferentes.

Se han aportado diferentes argumentaciones para dar credibilidad a dicha idea. Para que se produjera la “caza de brujas” europea fue necesario que la clase dirigente creyera que el delito de brujería era de máxima magnitud, que se practicaba a gran escala y que las brujas formaban parte de una secta organizada y conspiradora de adoradores del diablo. En principio, esto no tuvo lugar en la Península. Por otro lado, la “caza de brujas” es fundamentalmente una operación judicial, y resulta evidente que la Monarquía hispánica poseía unas bases legales diferenciadas respecto de las europeas. Sobre todo por la presencia de la Inquisición, que gozaba de una auténtica transferencia de jurisdicciones y competencias sobre brujería, y que efectuaba una singular conexión entre jurisdicción eclesiástica y civil. Asismismo, sabemos que las jurisdicciones reales, eclesiásticas, civiles y hasta señoriales también actuaron frente a la brujería.

De esta manera, si nos fijamos en las evidencias que nos muestran las fuentes inquisitoriales, no disponemos de bases documentales para afirmar que se produjo en el mundo ibérico una dinámica similar a la “caza de brujas”. Aunque, por lo que hace a la actitud de la Inquisición, muchos autores defienden un cambio a partir de las instrucciones del 1614, nosotros opinamos que no se produjo un cambio de mentalidad homogéneo y la escisión entre la postura crédula y racionalista continuó presente en el mundo hispánico. A todo ello conviene añadir que nosotros estaríamos de acuerdo con Doris Moreno cuando afirma que no se puede estudiar la Inquisición sin tener en cuenta los mecanismos de interrelación vertical y horizontal entre los poderes centrales y locales. En este sentido se está empezando a producir un revisionismo que apuesta por entrar en profundidad en el estudio de los tribunales regionales y las elites de poder inquisitoriales

[38].

Desde esta nueva orientación metodológica, si nos fijamos en los estudios de carácter regional, observamos que en algunos territorios sí que se produjo un ambiente que propició una “brujomanía” al estilo europeo, como por ejemplo el País Vasco y Mallorca. Pero, a través del estudio del caso catalán hemos encontrado indicios para pensar que en Cataluña pudo haberse producido una “caza de brujas” al estilo europeo. Esto nos hace pensar que nuestras valoraciones se podrían extrapolar al resto de la Península, incluso teniendo en cuenta la complejidad y diversidad de ésta y la dificultad de establecer una explicación única para sus orígenes y desarrollo. La base de nuestra argumentación gira en torno al hecho de que faltan datos e investigaciones sobre tribunales seglares y locales para determinar si tuvo lugar dicho fenómeno. En el caso de Cataluña, pese a que las fuentes inquisitoriales nos indican que no se produjo una “caza de brujas”, Doris Moreno a través del estudio de la zona de Tarragona, ha podido comprobar cómo los tribunales seglares, al menos durante el XVI, gozaban de competencias por lo que respecta al delito de brujería. Aunque la Inquisición gozaba de mayores competencias, existen pruebas  que muchos casos fueron tratados por la justicia seglar y no llegaron a instancias de ésta. Una justicia seglar que provocó muchas muertes frente a la tónica más benevolente de la Inquisición.[39]

El trabajo que Pladevall[40] realizó sobre las brujas de Vic, que no fueron procesadas por la Inquisición, nos indica que las conclusiones generalizadas a partir de la documentación inquisitorial pueden ser inciertas, ya que las brujas procesadas en Vic durante la segunda mitad del siglo XVII fueron mayoritariamente condenadas a muerte. Por otro lado, los datos que nos han llegado a través de los cazadores de brujas procesados por la Inquisición, nos muestran la existencia de un numero superior de víctimas a las que encontramos en los documentos inquisitoriales.

Por lo que hace a la perspectiva del debate erudito sobre realidad o falsedad de la brujería, hemos tenido ocasión de realizar una interesante aportación de primera mano. Actualmente estamos trabajando un documento enviado por el Padre jesuita Pedro Gil al virrey de Cataluña Duque de Alburquerque, Francisco Fernández de la Cueva, en 1619. El hecho de que Pedro Gil se dirija a una autoridad civil nos induce a pensar que esta jurisdicción tenía competencias importantes sobre brujería. Se trata de un memorial en defensa de las brujas, que las presenta como víctimas de la ignorancia, y es un testimonio de la postura racionalista e incrédula sobre el fenómeno. ¿Nos mostraría, acaso, que la postura dominante en la Cataluña del siglo XVII era la incrédula, acorde con la tradición del racionalismo hispánico? Lo interesante, sin embargo, es que junto al texto catalán aparecen unas extensas glosas redactadas en latín por un anónimo Doctor de la Universidad de Perpiñán en las que se exponen argumentos basados en la interpretación más intransigente y crédula (y, en este sentido, europea) sobre la brujería. La utilización de Martín del Río o Bodin como autoridades es un factor incontestable en la solidaridad con la descrita línea de pensamiento europeo.

La propia redacción del memorial por parte del jesuita Gil y, sobre todo, el hasta ahora desconocido texto del glosador de Perpiñán, añadirían nuevos elementos de duda al supuesto “racionalismo hispánico”. Estos documentos son posteriores a los sucesos de Zugarramurdi, y no obstante, evidencian una continuidad de los métodos e ideologías que Salazar denunciaba, con el corolario terrible del procesamiento y de la condena a muerte de personas inocentes. ¿Hasta qué punto estos planteamientos ideológicos y de práctica judicial no exponen un clima similar o identificable con las “cazas de brujas” europeas[41]?

Finalmente, queremos destacar aquellos extremos que sería necesario investigar en un futuro. En el caso europeo hemos observado la falta de estudios sistematizados de brujería que realicen una comparación entre las diferentes regiones europeas, que sin duda nos serían de gran ayuda para el estudio del área peninsular. También sería necesario descubrir si se produjo una lógica, una intención política detrás de las persecuciones por parte de las autoridades. Si existió una conexión entre los aspectos sexuales de la brujería y los valores forzados por autoridades y teólogos y la “caza de brujas”. Así como la relación entre la proliferación de la ciencia y el progreso político del XVII y dicho fenómeno. Por lo que respecta a la lucha de sexos, nosotros creemos que resulta poco probable debido a que la mayor parte de testimonios de los juicios son mujeres, pero no obstante, no deja de sorprender el hecho de que cuando la bruja se convierte en sirviente del diablo se produzca un cambio en el sexo del delincuente.

Algunos de los aspectos comentados anteriormente serían aplicables al caso peninsular, pero no obstante, urge más averiguar si realmente tuvo lugar una “caza de brujas” o un “racionalismo hispánico”. Para llegar a tal objetivo es necesario explorar otras jurisdicciones aparte de las inquisitoriales, así como una mayor profundización de los estudios regionales buscando una homogeneidad de criterios, la comparación con el caso europeo, una diferenciación más clara entre la mentalidad de la cultura popular y la de elite, y por último, saber si entre el medio rural y el urbano se produjeron diferencias sustanciales. Por tanto, el tema de la brujería peninsular durante el siglo XVII posee todavía múltiples territorios interesantes por explorar en un futuro.

 

[1] B.P. LEVACK: La caza de brujas en la Europa Moderna, Madrid, 1995, p. 56-62.

[2] G. HENNINGSEN: “El invento de la palabra aquelarre”, en VV.AA., Historia y humanismo. Estudios en honor del profesor Dr.D. Valentín Vázquez de Prada, vol. I, Pamplona, 2000, p. 351-359; M. AZURMENDI: “La invención de la brujería como akelarre”, Bitarte. Revista cuatrimestral de humanidades 4 (1995), p.15-37.

[3] H.C. LEA: Materials toward a History of Witchcraft, vol. 3, Nueva York, 1953, p. 1296.

[4] M.J. HARNER: “The role of hallucinogenic plants in European witchcraft”en M.J. HARNER (ed): Hallucinogens and Shamanism, Londres, 1973, p. 127-150.

[5] E.W. MONTER: Witchcraft in France and Switzerland: The Borderlands during the Reformation, Ithaca, 1976, p. 144-51.

[6] Ibídem, p. 23-24.

[7] C. HOLMES: “Women Witnesses and Witches”, Past and Present 140 (1993), p. 45-78.

[8] G. HENNINGSEN: El abogado de las brujas. Brujería vasca e Inquisición española, Madrid, 1983.

[9] R. KIECKHEFER: European Witch Trials: Their Foundations in Popular and Learned Culture,1300-1500, Londres, 1976, p. 10-26; M. TAUSIET CARLÉS: “La imagen del sabbat en la España de los siglos XVI y XVII a través de los tratados de brujería y superstición”, Historia Social 17 (1993), p. 3-20.

[10] E.W. MONTER: European Witchcraft, Nueva York, 1969, p. 55-71.

[11] E. HOBSBAWM: “La crisis del siglo XVII”, en Crisis en Europa 1560-1660,comp. Trevor Aston, Alianza, Madrid,1983.

[12] H.R. TREVOR- ROPER: “L’ ÉPIDEMIE DE SORCELLERIE EN Europe aux XVIe et XVIIe siècles”, en De la Réforme aux Lumières, París, 1972,p.135.

[13] R. GARCÍA CÁRCEL: “¿Brujería o brujerías?”, Historia 16 136 (1987), p.44-50.

[14] M. ROMANELLO (ed): La Stregoneria in Europa, Bolonia, 1975, p. 13-56.

[15] M.TAUSIET CARLÉS, “La imagen del sabbat en la España de los siglos XVI y XVII a través de los tratados de brujería y superstición”, Historia Social nº17 (1993),p.3-20.

[16] B.P. LEVACK: La caza de brujas en la Europa Moderna, Barcelona, 1997, p. 97; C. LARNER: “James VI and I and Witchcraft” en The Reign of James VI and I, ed. A.G.R. Smith (Londres,1973), p.74-90.

[17] R. MANDROU: Magistrats et sorcières en France au XVIIe siècle, París, 1980, p. 129.

[18] H.C.E. MIDELFORT: Witch Hunting in Southwestern Germany, 1562-1684: The Social and Intellectual Foundations, Stanford, 1972, p. 149.

[19] J. CARO BAROJA: Las brujas y su mundo, Madrid, 1986.

[20] C. LARNER: Enemies of God: The Witchhunt in Scotland, Baltimore-Londres, 1981, p. 193.

[21] G.HENNINGSEN: El abogado de las brujas: Brujería vasca e Inquisición española, Madrid: Alianza, 1983.

[22] M. FERNÁNDEZ NIETO: Proceso a la brujería: en torno al auto de fe de los brujos de Zugarramurdi. Logroño,1610, Madrid, 1989.

[23] J. CARO BAROJA: “De nuevo sobre la historia de la brujería (1609-1619)”, Príncipe de Viana 56:206 (1995), p. 741-802.

[24] F. IDOATE: Un documento de la Inquisición sobre brujería en Navarra, Pamplona,1972; F. IDOATE: La brujería navarra y sus documentos, Pamplona, 1978.

[25] J. CARO BAROJA: “Procesos y causas por brujería y testificaciones infantiles”, en XXVI Curso Internacional de Criminología, San Sebastián, 1977, p. 53-68; J. CARO BAROJA: “El ballet del inquisidor y la bruja” en Magia y Brujería: Estudios Vascos XVII, San Sebastián, 1987, p. 137-157.

[26] R. GARCÍA CÁRCEL y D. MORENO MARTÍNEZ,D.: Inquisición, Historia Crítica, Madrid, 2001.

[27] B.BARREIRO: Brujas y astrólogos de la Inquisición de Galicia, Madrid,1973; C.LISON TOLOSANA: Brujería, estructura social y simbolismo en Galicia, Antropología cultural de Galicia, Madrid, 1973; C.ALONSO DEL REAL: “La brujería en Galicia”, en Brujología. Congreso de San Sebastián, Ponencias y Comunicaciones, Madrid, 1975; J. CONTRERAS: El Santo Oficio de la Inquisición en Galicia, 1560-1700. Poder, sociedad y cultura, Madrid,1982.

[28] J. CARO BAROJA: Brujería vasca: Estudios Vascos V, San Sebastián, 1985. J. CARO BAROJA: “El problema de la hechicería”, en Los Vascos: Etnología, San Sebastián, 1949, p. 458-480.

[29] F. IDOATE: La brujería, Pamplona, 1983; F. IDOATE: “El señor de Andureza y los brujos” en El Señorío de Sarriá, Pamplona, 1959, p. 285-290; F. IDOATE: “Brujos y brujas” en Rincones de la Historia de Navarra: Tomo III, Pamplona,  1966, p. 665-680.

[30] S. CIRAC ESTOPIÑÁN: “Bruxas e Xorgiñas”, en Los procesos de hechicería en la Inquisición de Castilla la Nueva (Tribunales de Toledo y Cuenca), Madrid, 1942, p. 186-201. S. CIRAC ESTOPIÑAN: “Los procesados”, en Los procesos de hechicería en la Inquisición de Castilla la Nueva, Madrid, 1942, p. 209-222.

[31] J. BLÁZQUEZ MIGUEL: Madrid. Judíos, herejes y brujas. El Tribunal de Corte (1650-1820), Toledo, 1990.

[32] J.L.AMORÓS: Brujas, médicos y el Santo Oficio,  Institut d’Estudis Menorquins, 1990.

[33] F. GARCÍA IVARS: La represión en el Tribunal inquisitorial de Granada, 1550-1819, Madrid, 1991.

[34] R. MARTÍNEZ SOTO: Magia y superstición en el Tribunal de la Inquisición de Granada, Tesis Doctoral, Universidad de Granada, 1999.

[35] RODRÍGUEZ-VIGIL,J.L.: Bruxas, Lobos y Inquisición. El proceso de Ana Mª García, La Lobera, Oviedo:Nobel,1996.

[36] M.TAUSIET CARLÉS: “Comadronas-brujas en Aragón en la Edad Moderna: mito y realidad”, Manuscrits, nº15 (1997).

[37] F. FAJARDO SPÍNOLA: Hechicería y brujería en Canarias en la Edad Moderna, Las Palmas, 1992.

[38] D.MORENO: “Inquisició y poder local. El Sant Ofici a Terrassa”, Terme nº13 (1998).

[39] D. MORENO: “Las estrategias inquisitoriales ante la brujería en la Cataluña de 1548”, en Professor Nazario González. Una Historia Abierta, Publicaciones Universitat de Barcelona (Bellaterra), 1998.

[40] A. PLADEVALL I FONT: Persecució de bruixes a les comarques de Vic a principis del segle XVII, Barcelona,1974.



[41] Una consideración más amplia sobre el memorial del jesuita Gil la hacemos en A. ARMENGOL, “Racionalisme i bruixeria al segle XVII. El memorial en defensa de les bruixes del Pare jesuïta Pere Gil”, Trabajo de Final de Carrera (Historia), Universidad Autónoma de Barcelona, 2001.
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