Amanecer en “el pampa”




Дата канвертавання24.04.2016
Памер29.01 Kb.

Amanecer en "El Pampa"-



AMANECER EN “EL PAMPA”



No se describe aquí un amanecer campero, cuando el sol despunta al alba y la pampa inmensa va tomando color con sus primeros rayos.

Se trata del amanecer trasnochado de aquellos que concurrían al boliche que evocaba al señor de la pampa: el indio que la pobló y de la cual tomó su nombre.

“El Pampa” fue, entonces, el tradicional bar rosarino situado en Córdoba y Paraguay donde nos citábamos los amanecidos bohemios que soñábamos un futuro glorioso para nuestra patria.

Nos reuníamos allí anarquistas, socialistas, demócratas y republicanos, sin importar demasiado el signo político, pero sí el estar inmersos en la aventura del pensamiento. Era común encontrarnos cuando los otros bares estaban cerrados, puesto que en aquel local se adoraba ver rayar el alba.

Así como el indio desafiaba las leyes establecidas por otros, los parroquianos éramos todos contestatarios del orden social establecido, aunque respetuosos –por ser lógicos-- de las decisiones de la mayoría.

En aquel templo de la sabiduría popular los jóvenes estudiantes nos encontrábamos con pintores vanguardistas admiradores de Kandinsky -- verdaderos genios que jamás pisaron Bellas Artes --; poetas como Felipe Aldana quien no cursó la universidad, debido a sus trastornos visuales; con filósofos del pentagrama, sociólogos de la calle, economistas del bolsillo universal y hasta con un

arquetipo del genio sin academias: el historiador José Luis Romero, que concurrió un viernes junto con un grupo de amigos después de pronunciar una conferencia en nuestra ciudad.



JOSÉ LUIS ROMERO

EL CUCCIOLO

Dado que siempre fue imposible amanecer todos los días sin dormir, los amigos elegíamos días fijos en la semana para reunirnos. El más utilizado era, como lo sería hoy, el viernes, ya que muchos no trabajábamos los sábados. Todos teníamos un verdadero problema con el transporte que -- en aquellos tiempos, cuando se viajaba tan despacio y se llegaba tan lejos en la vida -- se efectuaba en tranvías, los cuales después de medianoche desaparecían. En mi caso, una bicicleta con un motor italiano de marca Cucciolo resolvía el problema nocturno. Era tan poderoso ese pequeño de 48 cc. de cilindrada que hasta me permitía llevar algún amigo de acompañante, como ocurrió en aquella oportunidad.

Después de la conferencia de Romero, nos dirigimos a El Pampa. La mesa sería una ronda de unas quince personas en la que nos encontraríamos junto al conferenciante: Aldana (el poeta), Paoletti, Lovagnini, y otros contertulios de los viernes, además de Arocena (el pasajero del Cucciolo).

Llegamos caminando porque al “motorino” se le había perdido una tuerca de la varilla del levanta-válvula, que se encontraba descubierta. Al igual que el indio cuidadoso de su caballo -- porque de él dependía su libertad --; así llevamos el vehículo hasta El Pampa, empujándolo, en un esfuerzo por no perdernos la reunión. Lo estacioné en la vereda al lado de la puerta de la calle Córdoba, con la esperanza de encontrar una tuerca de paso milimétrico en un negocio donde sólo se expendía vermut, cerveza, café o vino; y como San Agustín nos aseguró que la paciencia es el arma más poderosa en la vida del hombre, esto debía ser la demostración de su tesis.

Apenas nos sumamos a la reunión, comencé a observar todas las cosas que se hallaban en el bar, en el afán de encontrar una tuerca; pero las sillas y las mesas eran de maderas encoladas, la caja registradora y la máquina de café exprés, inaccesibles. Nada con tornillos hallé en el lugar.

Mientras tanto, escuchaba. Los temas abordados por los concurrentes eran muy variados y todos hablaban de lo suyo sin referencia alguna hacia lo dicho por los que los precedieron. Mantenían entre ellos los conocidos monólogos paralelos.

En medio de estos soliloquios observé, a mis espaldas, una puerta anulada, con planchuelas cruzadas atornilladas a la madera en un típico intento de reparación provisoria–definitiva de algún destrozo producido por las frecuentes manifestaciones que transitaron frente al local a lo largo de su vida centenaria. Los tornillos estaban pasados desde afuera hacia adentro – como es lógico -- y la cantidad de tuercas de diferentes medidas parecían un muestrario de ferretería.

Una a una las fui probando en mi vehículo -- cuando el mozo se alejaba -- sin resultado positivo. Era muy difícil conseguir una tuerca de paso milimétrico en aquella muestra ancestral del dominio de la pulgada inglesa sobre el sistema centesimal. Pero como San Agustín tenía que demostrar su teoría, me ayudó en mi búsqueda y me guió hasta encontrar una tuerca tan exacta como fabricada ad-hoc. De inmediato la instalé.

Un golpe de pie en el pedal de arranque me permitió comprobar que el motor guardaba compresión. La batalla estaba ganada. Fui a lavarme las manos y me senté a la mesa.

La conversación giraba en esos momentos acerca del éxito que en materia económica tenía el gobierno peronista, a pesar de los cálculos doctrinarios adversos, de los economistas liberales de entonces.

Romero – atento a mis movimientos -- requirió mi opinión acerca del tema. Era evidente que intentaba comprobar mi distracción.

Contesté que había oído perfectamente el planteo, pero por estar pendiente de un problema mecánico, mis conclusiones estarían relacionadas con tales circunstancias y trataría de explicarlo de ese modo.

Las risas abundaron, pero toda la concurrencia me prestó la máxima atención.
LA LECCIÓN DEL CUCCIOLO ACERCA DE LA ECONOMÍA
Comencé mi modesta exposición refiriéndome a Alfred D´ Vigny cuando decía que todo en la creación respondía a un mismo modelo y por lo tanto halaba la respuesta en mi Cucciolo. Las risas aumentaron. Les recordé que los hechos suelen estar sutilmente relacionados

Expliqué cómo a pesar de estar afinado ese motor en forma perfecta, el tener el sistema de válvulas descompuesto, impedía el funcionamiento normal del sistema. Relaté cómo mientras arreglaba el motorcito, en la vereda, lo había comparado con la política económica del peronismo y su diferencia con el sistema agro-exportador de los regímenes anteriores:


-- La diferencia – dije -- estriba en que anteriormente existía una fuga de la riqueza, pequeña pero permanente, hacia el extranjero. Un tres por ciento durante un siglo había mantenido al país sin posibilidades de progresar y ésa fue la razón económica de la revolución del 43. Como en la mecánica --continué -- las válvulas cerradas a destiempo impiden el buen funcionamiento de la economía. La de admisión muy abierta, deja entrar demasiados productos los cuales compiten con los nacionales. La de escape cerrada a destiempo permite la fuga innecesaria de divisas y hasta de ahorros. El secreto del éxito peronista – cosechas guardadas, inclusive — estriba en que las válvulas del comercio exterior se cierran a tiempo y al máximo lógico.

Afirmé que, a mi entender, el error de ese gobierno era aplicar innecesariamente el mismo sistema, exitoso en lo económico, a la educación y la cultura, las cuales debían ser libres.

-- El equívoco de los liberales, por su parte, -- añadí - es creer que su sistema, bueno para el desarrollo de las ideas, lo es también para la creación de la riqueza de todas las naciones.
Las risas se habían trocado en sonrisas burlonas, de las que se hacen de medio lado. Pedí, por lo tanto, disculpas a Romero por poner un ejemplo vulgar en un tema tan importante, más aún frente a una persona erudita, con estudios desde la primaria, seguramente especiales.
Grande fue nuestra sorpresa:

JOSE LUIS ROMERO NO PUDO IR A LA ESCUELA
Retomó la palabra el autor de “Las ideas políticas en Argentina” y me expresó su asombro por ver una persona tan joven teniendo tanta claridad en sus ideas. Dijo además que, evidentemente, una imagen valía mil palabras y la del Cucciolo con las válvulas abiertas era la que él también tenía de la política comercial librecambista, tan funesta para los países en desarrollo. Compartió, además, mis conceptos acerca de la libertad del pensamiento.

Desaparecieron de inmediato las sonrisas socarronas y el concepto “la risa abunda en la boca de los imbéciles” demostró su actualidad.

Pero Romero anunció que debía corregirme. Y cuando todos lo imaginamos discurrir acerca de las importaciones y exportaciones, pasó a referirse a mi error de creerlo un hombre con primaria privada o especializada . Nos explicó cómo de chico aprendió a leer.

Nos contó que era muy niño cuando la muerte de su padre -- un español muy culto -- sumió a su numerosa familia en la miseria. Salió su madre a trabajar dejando a todos encerrados, al cuidado de su hija mayor. Cuando la señora volvía, de noche, se dedicaba a trasmitirle a esa hija sus vastos conocimientos. La niña, a su vez, ejerció la función de maestra del resto de la familia. Es decir, para José Luis y su hermano Francisco (autor de “Filosofía de la Persona”) aquella niña fue su primera maestra. La enorme biblioteca dejada por su padre completaba su educación.

A partir de ese momento, la conversación giró hacia planteos directos acerca de la enseñanza estricta, con planes de estudios establecidos, frente a la personal y autodidacta, con los beneficios y defectos de cada una.
-- Ambos sistemas – dijo Romero -- tanto dan como quitan. El estudiar fuera de los planes oficiales nos llena de lagunas; el hacerlo buscando un título nos masifica. Lo ideal sería obtener una educación pública donde se deje lugar al alumno para desarrollar su individualidad. Además, no es lo mismo estudiar ciencias exactas o medicina que filosofía, letras o derecho. Esto se nota más aún al ejercer una profesión. En las ciencias duras, un capítulo sin aprender sería un día un edificio desplomado o un paciente muerto por mala praxis. En las ciencias abstractas una laguna es sólo un desafío para nuestra mente, la cual deberá llenarse con nuestra investigación o interpretación. En Historia, por ejemplo, nos llevaría a encontrar la verdad, que nunca es la que nos enseñan. En mi caso, éste fue el secreto de mi relativo éxito.

-- Es el caso de Sarmiento, Rodó o Gorki – dije en voz baja.

-- Es verdad – me contestó, demostrando tener muy buen oído -- pero ... ¿quisieras agregar algo más?.

-- Si me permite, maestro, lo haría con la plástica.

-- Magnífico, es un tema que me apasiona.

-- Creo que en los programas de Bellas Artes – expresé -- se exagera con el conocimiento de escuelas o corrientes, en perjuicio de las tareas prácticas y los métodos. Los alumnos estudian hasta los últimos períodos artísticos, pero no llegan al actual, en el que ellos viven; y un día se dan cuenta que se les pasó de largo, sin haber pertenecido. Perdieron, de su juventud, la etapa más importante, cuando uno se convierte en creador. Es muy difícil encontrar pintores famosos salidos de Bellas Artes. La mayoría de éstos tuvieron maestros solitarios, fueron autodidactas o pertenecieron a grupos formados popularmente. Es evidente: los planes de estudio quitan mucho más de lo que dan. Entiendo que algo parecido debe ocurrir con el resto de las carreras.

-- Lo que tú dices de Bellas Artes es muy duro – dijo el maestro con su hablar tan castizo -- y no puedo darlo por válido. En cuanto a los planes de estudio, comparto tu opinión acerca de la importancia de fomentar la personalidad de los alumnos. ¡Ah!. Si un día fuera Ministro de Educación.

El personal de El Pampa, que se había arrimado a la reunión, nos indicó que amanecía. Como si fuéramos verdaderos indios ante la presencia de los primeros rayos de luz del nuevo día, nos dispersamos en un instante. La mayoría decidió acompañar a pie a José Luis Romero hasta la estación, para esperar el tren que lo llevaría de regreso a Buenos Aires.

Con Arocena, montamos en el Cucciolo para regresar a nuestros domicilios.

Al despedirnos de Romero, éste nos dijo como broma:


-- Es la primera vez que veo a dos alumnos subir “a caballito” de un profesor de Economía.
NOTA: (FUENTE: edu.ar)

José Luis Romero fue - desde 1949 y con interrupciones, hasta 1973 - docente de la Universidad de la República Oriental del Uruguay,

Regresó al país en 1951, y fue, por algunos años, profesor de Historia en varios colegios secundarios -- tiempo en el que se desarrolló el tema de este relato

Dictó, además, cursos especiales en distintas universidades nacionales, y enseñó Historiografía de la Historia en la Facultad de Historia y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata. Por esa época, también fue adscripto al Instituto de Historia de la Cultura Española de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y profesor de Historia Social e Historia Medieval en la misma casa de estudios.

En 1955 fue por seis meses rector de la Universidad de Buenos Aires, donde tuvo una decisiva participación en la creación de la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba). En 1963 fue elegido decano de la Facultad de Filosofía y Letras, cargo que ocupó hasta 1966.

En 1975 fue convocado para integrar el Consejo Directivo de la Universidad de las Naciones Unidas, con sede en Tokio, donde falleció en 1977.


Éste fue el hombre que, de niño, no podía ir a la escuela porque su madre, viuda, trabajaba fuera de casa, todo el día, para mantener a sus pequeños hijos...

(Lelio Merli)


База данных защищена авторским правом ©shkola.of.by 2016
звярнуцца да адміністрацыі

    Галоўная старонка