Sentencia impuesta: 100 años de encarcelamientos por la independencia de Puerto Rico




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Sentencia Impuesta: La Lectura del Historiador

Conferencia dictada en el Recinto Universitario de Mayagüez el 21 de octubre de 2004 en la presentación del libro Sentencia impuesta: 100 años de encarcelamientos por la independencia de Puerto Rico (San Juan: Editorial Puerto, 2004) del Dr. José “Ché” Paralitici.


Quisiera agradecer a los organizadores de esta actividad la oportunidad de comentar otra vez una obra de José Paralitici. Ya había tenido la oportunidad de hablar de No quiero mi cuerpo pa’tambor en 1999 en Mayagüez Café. Y recientemente comente Sentencia impuesta: 100 años de encarcelamientos por la independencia de Puerto Rico en la ciudad de Ponce, por invitación del Museo de Historia de la ciudad. La obra de Paralitici no me resulta extraña.

Cuando se mira el conjunto de la historiografía de Paralitici el lector se da cuenta que la misma está centrada en una serie de elementos esenciales. El primero es la preocupación acuciante por producir una versión precisa de la evolución de la resistencia política y social de las vanguardias puertorriqueñas a lo largo de la historia. Ello explica su interés por los desarrollos de la década de 1860 a 1869 a la luz de su revisión de la historia de aquella localidad en Lares en su historia (Ediciones Coa, 1987). Después de todo, aquellas contradicciones condujeron a la abortada Revolución de Lares del 23 de septiembre de 1868.

En segundo lugar le interesa sobremanera determinar las continuidades de aquella resistencia dentro de los contextos variables del periodo pos-invasión. Esta es una manera de entroncar una herencia con la otra y producir el efecto de que la historia nacional es una que camina en una dirección determinable empíricamente. Ello se patentiza en su interés por exponer la diversidad de la resistencia política y social a lo largo del siglo 20 y su detallado comentario de la resistencia a la presencia militar de Estados Unidos en Puerto Rico desde la invasión de 1898.

Paralitici es un historiador de la resistencia en la medida en que da al lector un cuadro de la voluntad puertorriqueña de oponerse al coloniaje por las más diversas vías. Todo ello emparienta la obra de Paralitici con toda una serie de tradiciones complejas y, en ocasiones, mal comprendidas.

Lógicamente, hay en el discurso de Paralitici una traducción cuidadosa de las tesis jurídicas albizuistas que cuestionaban la legalidad de la presencia estadounidense en Puerto Rico. Los planteamientos del jurista Pedro Albizu Campos tenían la intención de restarle legitimidad a la soberanía estadounidense en la medida en que se abría un frente de lucha, el jurídico, al amparo de ciertas nociones precisas de derecho internacional. Toda aquella herencia jurídica se documenta y enriquece en Sentencia impuesta en el lenguaje de los perseguidos políticos que desde hace más de 30 años se perciben a sí mismos como “prisioneros de guerra” de un imperio de ocupación.

Este tipo de historia de la resistencia no es un fenómeno nuevo entre los historiadores puertorriqueños. Algunos escritos de José Coll y Cuchí marcaron esta tradición en la década de 1920. La generación del 1930 tuvo en el yaucano José Enamorado Cuesta, autor de varios volúmenes en inglés y en español sobre la realidad de la colonia y voluntario de los rojos en la Guerra Civil española, un modelo del escritor de la resistencia. El nacionalismo encontró en Ramón Medina Ramírez un buen ejemplo del escritor armado. Claro que hay una distancia entre la obra de aquellos y los trabajos de Paralitici en diversos renglones metodológicos pero ese es un asunto que habrá que discutir en otro foro.

Paralitici ofrece un panorama inusual de la historia puertorriqueña reciente. Las tradiciones de la historiografía producida desde el centro en Puerto Rico ofrecen un panorama calmo, justo y progresista del hacer nacional. Paralitici se fija en ciertos aspectos que el canon solo puede mencionar con cuidado a fin de no demoler su imagen.

El elemento protagónico en los papeles de Paralitici es la resistencia a la presencia de Estados Unidos en nuestro país. En ese contexto la oposición al servicio militar obligatorio se marca como la actitud de protesta más significativa desde 1917. La oposición al SMO se convierte en el mejor modo de demostrarle a las autoridades estadounidenses que su presencia y su poder en Puerto Rico no son moralmente legítimos. Obviamente este reclamo tiene un valor especial porque atenta contra la autoridad de una nación orgullosa de su historia militar y de su prepotencia política.

Loa parámetros mencionados permiten comprender el valor de Sentencia impuesta. Este volumen, publicado por Ediciones Puerto, elabora otro aspecto crucial de la historia de la resistencia en Puerto Rico: la persecución y los encarcelamientos por motivaciones políticas durante el siglo 20. El volumen es un catálogo bien documentado de los puertorriqueños que, por su compromiso con la liberación nacional, tuvieron que sufrir periodos de cárcel a lo largo del siglo pasado. Esta evaluación alternativa de la historia nacional se convierte en una invitación a que se reevalúe el significado de la presencia de Estados Unidos en Puerto Rico.

Sentencia impuesta no es sólo un catálogo detallado de presos políticos. El volumen permite reconocer la evolución y el refinamiento del lenguaje utilizado por el sistema jurídico estatal y federal con los opositores a la presencia de Estados Unidos aquí. A través de la lectura de la obra de Paralitici, el lector se da cuenta de la diversidad de varas con que se ha medido la delincuencia política en Puerto Rico, criminalizando un activismo que tiene como principio rector el compromiso ético con la libertad de un pueblo.

En Sentencia impuesta se ratifica el hecho de que el siglo 20 no fue un periodo pulcro ni transparente, que la promesa de libertad y democracia de la proclama de Nelson A. Miles no fue más que el sueño de unos cuantos ilusos, y que la revolución pacífica del muñocismo no es más que un eufemismo vacío de contenido.

El volumen está arreglado por décadas y escrito en un lenguaje sencillo y accesible, hechos que permiten al lector no profesional apropiar con más facilidad la discusión propuesta por el mismo. Para el historiador profesional, sin embargo, Sentencia impuesta es un documento de primera mano que aclara muchos de los matices de la represión política en Puerto Rico y ratifica que debemos dejar de verla como un proceso homogéneo y cerrado.

Los procesos de persecución y los encarcelamientos políticos en Puerto Rico, y esta es una de las grandes lecciones del libro, se afianzaron en los momentos en que el país sufrió grandes transiciones y crisis. Los años inmediatamente posteriores a la invasión de 1898 fueron de confusión y acomodo. Por eso requirieron tanto de la militancia en términos de redefinir el lenguaje de la resistencia.

Aquel fue un discurso caracterizado por el lenguaje heredado del siglo 19 y la defensa de una tradición que se consideraba amenazada. La culturalización del discurso político representó la reacción lógica a la agresividad del proceso de americanización. La configuración de un nacionalismo puertorriqueño nuevo estaba asegurada. Esos años que corren hasta el 1917, establecieron los parámetros generales de lo que serían las luchas políticas en Puerto Rico hasta 1950.

A nadie debe extrañar después de la lectura de Sentencia impuesta que los años que van de 1927 a 1938, el momento álgido de la Gran Depresión y de la crisis ideológica del Unionismo / Liberalismo de contenido nacional, hayan sido marcados por los procesos contra el liderato del Partido Nacionalista en 1936 y la Masacre de Ponce en 1937. La persecución del nacionalismo militante se realizó en un momento histórico en que la fobia al fascismo y el nazismo justificaban la represión sin mayores preguntas. La reacción de los estados amenazados desde Europa hasta América fue análoga. La herencia concreta de aquel fenómeno maduró en la conjetura del co-relato del albizuismo y las derechas que tantas discusiones produjo en los años 1990.

Se comprende con más diafanidad por qué el periodo que va de 1948 a 1954 estuvo marcado por el Levantamiento Nacionalista de octubre y la revitalización de la persecución y el encarcelamiento indiscriminado tanto de independentistas, comunistas y nacionalistas. La década del 1950 se perfilaba como un periodo que marcaría la historia puertorriqueña hasta el presente.

Aquellos años verían la afirmación de un orden político jurídicamente cuestionable, el Estado Libre Asociado, con el visto bueno del Congreso de Estados Unidos y la Organización de Naciones Unidas. Pero estimularía la consolidación de un Puerto Rico distinto manufacturado a través del programa de “industrialización por invitación.” En 1950, abierto el difícil periodo de la “Guerra Fría,” la situación estatutaria de Puerto Rico se consideraría “resuelta” y por lo tanto no estaría en discusión. El papel que Puerto Rico debía jugar en el proyecto hegemónico de Estados Unidos en el contencioso este-oeste, estaba predeterminado desde Washington.

Claro que aquella situación forzaría otra vez a la revisión del lenguaje de la resistencia política en Puerto Rico. Hacia el año 1956 algunos sectores independentistas estudiantiles organizaron la Federación de Universitarios Pro Independencia, y en 1959 las facciones revisionistas dentro del Partido Independentista Puertorriqueño, en medio de una crisis de liderato, organizaban el histórico proyecto del Movimiento Pro-Independencia.

La consolidación de aquellos nuevos proyectos políticos, y esto es evidente en Sentencia impuesta, vino acompañado de una revisión de los métodos de lucha y las tácticas de las organizaciones de liberación nacional. A partir de 1961 el teatro de la “Guerra Fría” encontró un espacio en El Caribe. La “Guerra Fría” legitimó ante la gente común la persecución de una ideología que llegó a considerarse contra natura tanto en el discurso anexionista como en el populista. La experiencia cubana y las miradas puertorriqueñas a aquel proceso cambiarían dramáticamente no solo la naturaleza de las luchas políticas sino de la represión política aquí.



Sentencia impuesta faculta al lector para reconocer por qué se recrudeció la persecución durante la década de 1970 en medio de la crisis del capitalismo internacional abierta por el fin de sistema Bretton-Woods que perfilaba una nueva crisis del capitalismo internacional en 1971; y la Guerra de Yom Kippur que disparó los precios del crudo a partir de 1973 en un proceso que nunca ha terminado.

El último avivamiento de la “Guerra Fría” con el retorno del monetarismo clásico al amparo del tatcherismo inglés y reaganomía estadounidense que marcaron la década de 1980, significó otro halón en el proceso de refinamiento de la persecución política en Puerto Rico. No se trataba solo de problemas de índole económica. El desbordamiento del militarismo estadounidense en los últimos tiempos de James Carter y durante la presidencia de Ronald Reagan fue un excelente caldo de cultivo para la reinterpretación ideológica. Resulta evidente que la revisión de tácticas y discursos siempre es una respuesta a los reclamos de una época.

Sentencia impuesta fundamenta los momentos de mayor riqueza en la evolución de la resistencia política en Puerto Rico. Documenta la década de su primera radicalización, los años 1930 a 1939, momento en que el discurso evoluciona del independentismo culturalista al nacionalismo clásico de carácter radical y agresivo, proceso en cual la tradición ponceña resultó esencial.

Ofrece además información invaluable sobre la transición al lenguaje del socialismo y el internacionalismo que se ofreció entre 1956 y 1976. El proceso impuso la reevaluación de los códigos militares de la resistencia. La noción de la guerra clásica, centrada en el honor militar y el valor ritual y sacrificial del acto violento, dio paso a la noción de guerra moderna guiada por concepciones de táctica y estrategia, el principio de la guerrilla urbana, y el trabajo clandestino.

Aquella tecnificación de la resistencia implicó también otro tipo de entrenamiento militar al revolucionario. El “Cadete de la República” dio paso al guerrillero del Movimiento Armado Puertorriqueño Auténtico, del Movimiento Independentista Revolucionario en Armas, del Comando Armado de Liberación, del Partido Socialista Obrero, de las Fuerzas Armadas Liberación Nacional o del Ejército Popular Boricua-Macheteros.

Sentencia impuesta invita a una discusión mayor: hacia donde evolucionará el lenguaje y las prácticas de la resistencia al cabo de la “Guerra Fría.” Cómo evolucionará la persecución política en el Puerto Rico post-carpeteo, en tiempos de pluralismo y en medio de la revolución cibernética. Los años transcurridos entre 1991 y el presente no han puesto en entredicho el compromiso de los independentistas puertorriqueños con su causa, pero han representado un reto para la originalidad del movimiento.

Finalmente, este volumen permite ver la evolución de la represión política en Puerto Rico como un conjunto. Demuestra que una resistencia mejor preparada forzó la revisión de los mecanismos investigativos policiales. Hasta 1950 la Insular Police y la Guardia Nacional se hicieron cargo de imponer una paz draconiana. Posteriormente la Policía de Puerto Rico, el Negociado de Investigaciones Especiales en connivencia con el FBI, COINTELPRO y la CIA se impusieron en el periodo álgido de la “Guerra Fría.” La puerta está abierta para descubrir los mecanismos de vigilancia a partir de la década de 1990.

Lo que está en entredicho tras la lectura de Sentencia impuesta es una imagen tradicionalmente aceptada que nuestro sistema educativo y los medios de comunicación masiva han convertido en norma: la legitimidad de la democracia estadounidense en Puerto Rico. El volumen demuestra la fragilidad de las instituciones de derecho ante la amenaza (real o inventada) que representaban las diversas formas de la resistencia política nacional. Se demuestra la plasticidad del sistema de derecho, el proceso de criminalización de un proyecto político legítimo y el relajamiento sistemático de la noción de “delito” es esta realidad jurídica. Sentencia impuesta es una invitación a revisar el lenguaje del independentismo hoy.

La historiografía, si pretende representar una respuesta a los grandes dilemas de su tiempo, tiene que aceptar el reto de la contemporaneidad de una manera valiente. Paralitici ha aceptado esa responsabilidad histórica de una manera apasionada. La lectura de Sentencia impuesta dice mucho del heroísmo y la humanidad de las generaciones comprometidas. Al lado de la virtud académica está también esa lección moral. Mis felicitaciones al historiador.





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