Quercus suber contra el fuego




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Quercus suber contra el fuego

Los graves incendios ocurridos en los meses estivales en la península Ibérica se han saldado con una gran superficie de hectárea quemada, concentrada principalmente en bosques de Portugal, Extremadura y Cataluña. Un pequeño porcentaje de éstos corresponde a áreas de encinas y alcornoques, de los que se extrae la mayor parte del corcho en España y Portugal.
Un verano más, a la espera de los resultados oficiales de superficie quemada (en el año 2002 fueron casi 80 000 hectáreas), la polémica está servida: una inadecuada elección de las especies utilizadas en la reforestación de muchas zonas, tales como distintas variedades de pino y eucalipto –el mayor «aliado» del fuego–, se apunta como una de las principales causas remediables de la epidemia veraniega. Estas especies contienen principios altamente combustibles, como resinas y aceites esenciales, que son los más vulnerables al fuego. En consecuencia, algunas entidades han proclamado la necesidad de introducir otras especies con menor riesgo de incendio. En este sentido, la Asociación Catalana de Empresarios Corcheros (AECORK) ha vuelto a reclamar públicamente a la Administración que inicie una campaña de reforestación de las zonas quemadas con Quercus suber, puesto que «esta especie contribuye a frenar los incendios forestales, a diferencia de otros árboles, como el pino o el eucalipto, que arden fácilmente».
Se trata en último término de evitar la desertización del país y para ello no habrá que perder de vista que la finalidad de las repoblaciones debe ser la lucha contra la erosión, antes que el aprovechamiento maderero del que pueden obtenerse beneficios a corto plazo. Roble, castaño, abedul, encinas y alcornoques nunca han sido considerados en los planes de reforestación y va siendo hora que ya sea por su resistencia al fuego, su interés social o por la diversidad ecológica que proporcionan tengan el lugar que se merecen en el paisaje ibérico.




Noticias del Día










Fuente:Mercurio

Fecha:30/01/2006








Biodiversidad forestal: Chile frente al mundo
Dr. Roberto Ipinza
Director Ejecutivo de INFOR

La FAO en su reciente documento sobre la Biodiversidad Forestal aborda una de las cuestiones más polémicas de hoy: ¿cómo aprovechar al máximo el potencial de los bosques y los recursos relacionados para asegurar el desarrollo económico, social y ambiental y garantizar la conservación para las futuras generaciones?

Los bosques son uno de los depósitos más importantes de biodiversidad y entregan importantes bienes y servicios ambientales. Los árboles y los arbustos desempeñan una función decisiva en la vida de la propiedad campesina de muchas zonas del mundo al ser fuente de leña, alimentos, forraje, aceites esenciales, gomas, resinas, productos farmacéuticos, sombra y abrigo para el hombre y los animales, conservación de suelo, regulación de aguas, depósito de carbono, valores estéticos, éticos, culturales y religiosos.

Esto hace que el manejo de cada país se transforme en primordial para su sustentabilidad. Informes de ciertos grupos han difundido una percepción extremadamente negativa de la situación en Chile. Mas, a la luz del informe FAO el país no aparece nada de mal, incluso respecto de países desarrollados.

En el informe FAO se señala que los bosques cubren aproximadamente 4.000 millones de ha (30% de la superficie terrestre). Implica que existe un promedio de 0,62 ha por habitante. Pero 64 países que suman una población de 2 mil millones de habitante tienen menos de 0,1 ha de bosque per cápita. Chile tiene aproximadamente una hectárea per cápita, incluso por encima de EE.UU. que tiene 0,8 ha/hab. y de China con 0,1 ha/hab.

El 11 % de la superficie mundial está reservada para la conservación de la biodiversidad, superficie que aumentó en cerca de 96 millones de ha desde 1990. Estos bosques se sitúan sobre todo dentro de áreas protegidas. Se ha señalado la conservación de la diversidad biológica como uno de los objetivos de la ordenación de los bosques para más del 25% del área total de bosque. Chile tiene el 25% de sus bosques en áreas protegidas situándose dentro de las principales del mundo. EE.UU. tiene el 30% de sus bosques en áreas protegidas; Finlandia, el 11%; Australia, el 15%; Japón, el 7%; Francia, el 18%.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. La deforestación mundial, sobre todo la que es producto de tala para convertir los bosques en tierras agrícolas, prosigue a un ritmo alarmante: unos 13 millones de ha al año, equivalente a que se destruyera en un año toda la superficie de bosque nativo de Chile. Pero, hay que mencionar que al mismo tiempo las plantaciones forestales, la restauración del paisaje y la expansión natural de las superficies nativas ha reducido notablemente la pérdida neta de bosques. En Chile por cada árbol que se corta se plantan cuatro.

Los bosques plantados son el 3,8% de las 140 millones de ha globales. De ellos, el 78% son plantaciones productivas establecidas para la producción de madera y fibra y el 22% son protectoras, es decir para la conservación del suelo y del agua. Chile tiene alrededor de 2,1 millones de ha de bosques plantados, de las cuales 68% son de Pinus radiata y 24% de eucalipto. Una participación menor tienen las especies de pino oregón, pino ponderosa, álamos, tamarugo, algarrobo, aromo, raulí y coigüe, entre otras.

Sin duda que la preocupación de la FAO sigue vigente, pues los objetivos de desarrollo del milenio, en especial el papel de los recursos forestales para la reducción de la pobreza y garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, se cumplen en forma parcial.

En ese contexto, Chile está lejos de una situación crítica como a veces se plantea. Sin duda que aún se debe avanzar. Pero mirando las cifras globales se constata que Chile está en la senda correcta. No pretendo caer en la autocomplacencia, pero tampoco caigamos en la autoflagelación. No lo digo yo, lo dicen los datos de FAO.





Los bosques nativos del sur de Chile y el pueblo mapuche
Rodrigo Catalán Labarías - Ruperto Ramos Antiqueo

1. Introducción

En Chile, la desaparición y degradación de los bosques naturales es una fuente de conflictos entre las empresas forestales, las comunidades indígenas, las organizaciones ambientalistas y el gobierno. Las causas son complejas y en su mayoría tienen orígenes históricos.

Gran parte de los bosques nativos se encuentran en terrenos privados, a excepción de los que están incluidos en el Sistema Nacional de Areas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE). En consecuencia, los principales actores directos de la deforestación en la zona sur de Chile pertenecen al sector privado, y entre ellos destacan las empresas forestales y los pequeños agricultores. Las primeras están motivadas exclusivamente por la generación de ingresos mientras los segundos poseen una estrategia mixta de producción de autosubsistencia con generación de ingresos. Ni el mercado ni el gobierno los compensan por proteger sus bosques naturales que ofrecen servicios al resto de la sociedad tales como regulación del ciclo hidrológico, captura de carbono, conservación de la biodiversidad, mantenimiento del pasaje, control de la erosión y regulación del clima. El desafío consiste en compatibilizar derechos de propiedad privada sobre el bosque natural como un bien y las funciones sociales o de interés público que estos otorgan.

El gobierno no genera leyes que promuevan la conservación del bosque nativo a través de incentivos o sanciones y en el caso de que ellas existan no son aplicadas por la debilidad de la institucionalidad forestal chilena. Sus políticas macroeconómicas generan distribuciones inequitativas de la riqueza que desfavorecen al bosque nativo; ya sea por parte de los sectores más ricos que sustituyen los bosques nativos por plantaciones comerciales, ya sea por parte de los sectores más pobres que destruyen el bosque para habilitar terrenos de cultivo y obtener leña.

Por otra parte, el mercado no internaliza los costos ambientales y sociales de la producción forestal basada en plantaciones que sustituyen bosques naturales ni retribuye económicamente a los privados que los conservan. Al igual que en la mayoría de los países del mundo, gran parte de los productos y servicios del bosque, excluyendo la madera, no tienen mercado y por ende no tienen precio. Para el mercado no tienen valor, sin embargo sí lo tienen para la sociedad.

Las comunidades mapuches del sur de Chile viven una situación de extrema pobreza asociada a un reducido tamaño de la propiedad. Los remanentes de bosque nativo son espacios de conflicto ya que se enfrentan a presiones por venta de leña y madera, habilitación de terrenos para la agricultura y sustitución por plantaciones de especies forestales de rápido crecimiento ente otras. Por otra parte, el bosque posee un gran valor cultural para estas comunidades además ser fuente de una gran cantidad de productos y servicios fundamentales para su economía.

Existen otros actores involucrados en la deforestación y degradación del bosque nativos en Chile que, debido a que su participación es indirecta, usualmente no son incluidos en los análisis del tema. Algunos de ellos, que han sido llamados "actores tras bambalinas", son las compañías transnacionales de pulpa y papel, las agencias internacionales de crédito, los grupos económicos y los consumidores urbanos de Chile y los países del Norte.

El presente estudio de caso aborda el problema de la deforestación y las comunidades mapuches de la IX Región de Chile (38°-39° L.S), vinculándolo también con sus causas directas y subyacentes, a nivel nacional e internacional. Se trata de una investigación a nivel de ecorregión que recoge datos de entrevistas con dirigentes mapuches, sondeos rurales rápidos, censos, catastros y estudios anteriores sobre el tema.

Considerar las causas subyacentes, ocultas o indirectas en el análisis une a éste con otros estudios realizados paralelamente en Latinoamérica, África y Asia para el Foro Intergubernamental de Bosques. Se pretende contribuir a una comprensión más profunda del complejo problema de la deforestación que afecta tanto a las comunidades locales como al planeta en su conjunto y con ello facilitar la generación de estrategias más eficaces que logren revertir este proceso.

2.- Descripción de la situación de los bosques nativos y el pueblo mapuche

El bosque como componente de una bioregión

La mayor parte de los bosques sudamericanos y de Centro América corresponden al llamado reino florístico neotropical. Al sur del continente, aparecen los bosques templados de Chile y Argentina pertenecientes a un reino floral diferente: el antártico (Donoso, 1993). El bosque de la zona de estudio pertenece a uno de los últimos y más extensos Bosques Húmedos de la Región Templada Fría (Holdridge, 1987) del planeta, con equivalentes en restringidas áreas de los Andes del sur de Argentina, noroeste de Estados Unidos, sudoeste de Canadá, norte de Europa, Nueva Zelandia, Tasmania y el este del Mar Negro. En el debate sobre la deforestación en el mundo, la desaparición de bosques tropicales ha relegado a segundo plano la no menos grave destrucción de los bosques templados lluviosos (Galloway, 1996).

Los bosques templados del sur de Chile han sido objeto de distintas clasificaciones. Según Donoso (1981), en el área que se realizó el estudio, los bosques corresponderían al tipo forestal Roble-Raulí-Coigüe, subtipo Remanentes Originales. Gajardo (1994) lo denomina Bosque Caducifolio de la Frontera perteneciente a la Región del Bosque Caducifolio, Subregión del Bosque Caducifolio del Llano, que incluye varias formaciones vegetales.

Existen además variaciones en los estado sucesionales de los bosques, desde bosques jóvenes de segundo crecimiento hasta escasos remanentes de bosques antiguos, con bajo nivel de perturbación.

En la IX Región de Chile, existen 907 mil 521 hectáreas de bosque nativo, que incluyen 284 mil 684 hectáreas de bosque adulto, 446 mil 585 hectáreas de renovales o bosque de segundo crecimiento, 93 mil 722 hectáreas hectáreas de una situación intermedia entre bosque adulto y renoval y finalmente, 82 mil 565 hectáreas de bosques achaparrados (CONAF et al, 1998).

Biodiversidad

A pesar que la biodiversidad de los bosques templados suele ser menor que la de los bosques tropicales, los bosques del sur de Chile y Argentina se destacan en relación a los bosques templados del hemisferio norte. Explican esta situación la alta heterogeneridad de ambientes en que se desarrollan, producida de fuertes variaciones altitudinales y latitudinales. Perturbaciones ambientales tales como vulcanismo, glaciaciones y deslizamientos de tierra, aumentaron la diversidad de ambientes contribuyendo a elevar la riqueza biológica de estos bosques.

Según Arroyo et al (1996), el bosque templado lluvioso del sur de Chile estaría compuesto por 443 especies de plantas vasculares, con 160 especies leñosas (44 especies de árboles correspondientes a 32 géneros y 20 familias) y 283 especies herbáceas. Entre los 36 y 40º L.S. se concentra más del 70% de las especies forestales de Chile (Arroyo et al, 1996) y es la zona de mayor biodiversidad en Chile.

Predominan ampliamente las especies latifoliadas caducifolias en la zona septentrional de la distribución y áreas cercanas al límite altitudinal de la vegetación de Los Andes, y las siempreverdes a partir del paralelo 39. La zona de estudio se encuentra en el ecotono entre estos dos tipos de bosques, explicando la mayor biodiversidad que en ella puede encontrarse. La abundancia relativa de latifoliadas distingue a estos bosques de los templados del hemisferio norte donde las gimnospermas predominan ampliamente sobre las angiospermas.

Otra característica singular de los bosques de la zona de estudio es la diversidad de estratos y tipos biológicos de plantas con que cuenta. Un bosque maduro posee un estrato de árboles antiguos que emergen del dosel, generalmente del género Nothofagus, un estrato arbóreo de especies perennes tolerantes a la sombra, una gran cantidad de plantas epífitas asociadas a estos estratos arbóreos, un estrato arbustivo y finalmente un estrato herbáceo. Según Arroyo (1996), este gran espectro de formas de vida leñosas lo hace comparable a los bosques lluviosos templados cálidos.

Los líquenes de estos bosques, de gran importancia en el ciclaje de minerales, son especialmente abundantes y notorios, calificándose al bosque templado lluvioso de Chile como uno de los principales centros de biodiversidad de líquenes en el mundo (Galloway, 1996). Sin embargo, debido a su gran sensibilidad han sido fuertemente afectados por la degradación de bosques, la deforestación y el uso de herbicidas.

Las aves, más de 60 especies, constituyen un importante elemento de biodiversidad de estos bosques que ha sido fuertemente afectada por la deforestación y fragmentación de ecosistemas. La presencia de mamíferos, alrededor de 38 especies, es significativamente menor a la encontrada en los bosques templados del hemisferio norte (Murúa, 1996).

Endemismos

Lo que destaca a los bosques templados del sur de Chile es su alto grado de endemismo en plantas, 34% de los géneros de angiospermas, con una mayoría de familias que poseen un solo género y géneros monoespecíficos. La avifauna asociada, de la cual dependen muchas especies vegetales para su reproducción, posee similares niveles de endemismo y es comparable a la situación encontrada islas oceánicas (Rozzi et al, 1996). El origen de esta particulariedad de los bosques templados de Sudamérica está en el aislamiento geográfico en que se encuentran con respecto a los bosques tropicales y subtropicales del continente. Por el norte limitan con el bosque esclerófilo mediterráneo que a su vez limita con el desierto de Atacama, por el este desciende por la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes para desaparecer frente a la extensa estepa patagónica. Por el sur y el oeste, se encuentran los océanos Antártico y Pácifico, respectivamente. Se trata, por lo tanto de una "isla biogeográfica", separada por barreras infranqueables de los orígenes ancestrales de su biota (Armesto et al, 1996).



La comunidad y su relación con el bosque

Por cientos de años, los primeros habitantes de los bosques templados del sur de Chile practicaron una economía basada en la recolección , la caza y una incipiente agricultura itinerante de tala y roza (Dillehay, 1990; Aldunate, 1996). El ecotono entre el bosque caducifolio y el bosque siempreverde que se producen en la zona de estudio, generó un ambiente poco común en cuanto a potencialidades para la recolección, destacándose la presencia de abundante cantidad de especies con frutos carnosos y comestibles (Aldunate y Villagrán, 1991). Para los mapuches el bosque era de gran importancia resultaba como fuente de una enorme cantidad de plantas medicinales y de uso ritual. Adicionalmente, los proveía de materiales de construcción, herramientas y utensilios domésticos, constituyendo la base de su cultura material (Aldunate, 1996).

Luego del contacto con los españoles, la economía mapuche se tornó más ganadera y aumentó su actividad agrícola (Bengoa, 1996) . Esta situación se mantuvo hasta fines del siglo XIX cuando, luego de la ocupación militar, el Gobierno de Chile toma posesión efectiva del territorio mapuche. El asentamiento forzado de las familias mapuches en reducciones y la colonización del resto de las tierras, desencadenó el empobrecimiento de los recursos naturales y su economía, convirtiéndolos en campesinos de tierras marginales (Bengoa, 1996; Dillehay, 1990).

Sin embargo, gran parte de los usos ancestrales del bosque ha sido mantenido por los mapuches, incluyendo la leña, los diversos productos de recolección, la recreación y los aspectos espirituales. Una prueba de ello es la permanencia de gran parte de los nombres vernáculos de las plantas en el idioma mapuche (mapudungun), que se encuentran directamente relacionados a su uso. Destaca el aprovechamiento de más del 80% de la flora (CET, 1996), incluyendo especies arbóreas y del sotobosque. El uso medicinal y para alimentación son aún los más frecuentes para las plantas del bosque y contribuyen importantemente a la permanencia de las comunidades mapuches con baja cobertura del sistema de salud estatal y con cosechas agrícolas que muchas veces no alcanzan para el abastecimiento durante todo el año. Se trata de un uso frecuente y diversificado, pero también de una relación espiritual y de respeto entre el campesino mapuche y el bosque. Sin embargo, la transculturización y la deforestación ha generado una fuerte pérdida de conocimiento tradicional, especialmente en las nuevas generaciones. Esta erosión cultural se ha expresado también en una menor valoración del bosque nativo, generándose un peligroso círculo vicioso entre pérdida de tradiciones y deforestación.



Causas directas de la deforestación o degradación del bosque

Þ Sustitución por plantaciones de especies forestales exóticas

La sustitución, según Lara et al (1996) es una de las principales causas de la destrucción del bosque nativo en Chile. Se habrían sustituido, entre 1974 y 1992, más de 200.000 hectáreas de bosques nativos en el país (Lara, 1993) y en la novena región se sustituyeron 30.958 hectáreas entre 1985 y 1994 (Emanuelli, 1997). Estas cifras no reflejan la intensidad del problema ya que la sustitución ha sido fuertemente concentrada, llevando al borde de la extinción algunas especies, reduciendo las poblaciones naturales de otras y haciendo prácticamente desaparecer algunas formaciones vegetales. En algunas comunas del sur de Chile, se sustituyó más del 50% del bosque nativo entre 1978 y 1987 (Lara et al, 1989).

Los stocks comerciales han disminuido entre 1944 y 1984, en -43,5% para roble y - 57% para laurel (principales especies forestales del bosque estudiado), mientras que para pino han aumentado en 4.173,8 % (Armesto et al ,1994). Si bien algunos productos del bosque nativo, tales como la madera y la leña, son sustituibles mediante las plantaciones; otros como la biodiversidad, el valor cultural y paisajístico lo convierten en un capital insustituible.

Formaciones vegetales que incluían más de 20 especies arbóreas han sido sustituidas por monocultivos de Pinus radiata y Eucalyptus globulus, cuya uniformidad genética producto del mejoramiento es cada vez mayor. Muchas empresas forestales e incluso funcionarios del estado han considerado los remanentes de bosque nativo como sin valor económico ni posibilidades de manejo. Con esta apreciación, se legalizan y justifican las sustituciones en base al Decreto Ley 701 que define forestación como "la acción de poblar con especies arbóreas o arbustivas terrenos que carezcan de ellos o que estando cubiertos de vegetación ésta no sea susceptible de explotación económica, ni mejoramiento mediante manejo".

Una vez más, el bosque nativo es considerado como un obstáculo para el desarrollo nacional, apelativo que curiosamente también recae sobre los pueblos indígenas. Primero fue un obstáculo para el avance de los conquistadores españoles, luego para el ejército chileno que le prendía fuego para que no sirviera de escondite para los mapuches, también fue un obstáculo para los colonos que habilitaron tierras para la agricultura y la ganadería. Finalmente, el bosque nativo es un obstáculo para el crecimiento de las plantaciones forestales. No obstante, al igual que en las ocasiones anteriores, se han encontrado las formas para abrir paso al mito del progreso a costa de los bosques del sur de Chile.

La sustitución habitualmente comienza por una tala rasa con un aprovechamiento solo parcial de la madera nativa. Una gran cantidad de biomasa consistente en troncos, tocones y ramas es quemada sin permitir a las comunidades mapuches el aprovechamiento de este material para leña. Es frecuente que el bosque se recupere rápidamente luego del incendio proliferando las especies pioneras a partir del primer año. Para evitar la competencia que pueda provocar esta vegetación, considerada "maleza", las empresas aplican defoliadores químicos, alguno de ellos prohibidos en la mayoría de los países del norte.

Los principales impactos ambientales han sido la disminución de biodiversidad, la erosión y acidificación de los suelos, la disminución de la calidad y cantidad de las aguas en los cursos naturales y el deterioro del paisaje.

Entre los impactos sociales destacan el aislamiento de las comunidades por deterioro de la red vial, las malas condiciones laborales ofrecidas por un sistema de contratistas forestales independientes, la migración campo-ciudad y los consiguientes cordones de pobreza urbanos.

Los altos costos de oportunidad que constituyen las plantaciones comerciales, los problemas de comercialización de los productos del bosque nativo, la falta de incentivos estatales y la inexistencia de un modelo tecnológico de manejo son las principales razones que mueven a los privados a la sustitución del bosque nativo.

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