La Sede vacante en la vida de la Iglesia Guía rápida I. Visión general




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La Sede vacante en la vida de la Iglesia

Guía rápida

I. VISIÓN GENERAL

1. ¿Cuál es la vocación y misión del Papa?


«El Papa, obispo de Roma y sucesor de San Pedro, “es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles” (LG, 23)» (Cf. CIC, 882).

«Tiene en virtud de su cargo de Vicario de Cristo y Pastor de toda Iglesia potestad plena, suprema y universal sobre la Iglesia, que puede siempre ejercer libremente» (LG, 22).

«El Señor puso tan sólo a Simón como roca y portador de las llaves de la Iglesia (Mt. 16,18-19), y le constituyó Pastor de toda su grey (cf. Jn., 21,15ss); pero el oficio que dio a Pedro de atar y desatar, consta que lo dio también al Colegio de los Apóstoles unido con su Cabeza (Mt., 18,18; 28,16-20)» (LG, 22).

En «el obispo de la Iglesia Romana» --«cabeza del Colegio de los Obispos»-- «permanece la función que el Señor encomendó singularmente a Pedro, primero entre los Apóstoles, y que había de transmitirse a sus sucesores» (CDC c.331)

El Papa es igualmente la cabeza de sus hermanos obispos en la Provincia Eclesiástica romana, es decir, es Arzobispo y Metropolitano. Además, es el Primer Obispo o Primado de Italia.

Asimismo es el Patriarca de Occidente, es decir, de aquellas Iglesias arraigadas en la tradición ritual latina.

Finalmente, es el Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano.

El Obispo de Roma también es conocido como el Siervo de los Siervos de Dios, puesto que, en imitación de Cristo, es llamado a servir al Pueblo de Dios. Como padre espiritual de todos los cristianos, es igualmente Papa o papá, y Santo Padre y Santidad porque las cosas de Cristo que administra son santas.


2. ¿Cómo se elige al Papa?

«Normas canónicas precisas» (Cf. CDC c.349) reflejan «la ya milenaria praxis de la Iglesia» según la cual «el Colegio de los electores del Sumo Pontífice está constituido únicamente por los Padres Cardenales de la Santa Iglesia Romana» (UDG Introducción).

«El Romano Pontífice obtiene la potestad plena y suprema en la Iglesia mediante la elección legítima por él aceptada juntamente con la consagración episcopal» (CDC c.332.1º).

El lugar donde los cardenales se reúnen y se encierran para elegir Sumo Pontífice, o la misma reunión de cardenales, se designa con el término de «Cónclave» --del latín «conclavis» (con llave)--.

En su Constitución Apostólica «Universi Dominici Gregis», Juan Pablo II confirmó la vigencia de la estructura esencial del Cónclave, aportando algunas modificaciones adecuadas a las exigencias actuales.


3. ¿Qué motiva la vacante de la Sede Apostólica (o cátedra de Pedro)?

La muerte del Romano Pontífice produce desde ese momento la vacante de la Sede Apostólica, así como la circunstancia de que aquél «renunciase a su oficio»; para la validez de la renuncia se requiere que ésta sea «libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie» (CDC c.332.2º).

El fallecimiento del Pontífice es la causa que históricamente se ha dado más.

En cuanto a la renuncia, en la historia de la Iglesia han sido cuatro los Pontífices que renunciaron al ministerio petrino: Benedicto IX (1 de mayo de 1045), Gregorio VI (20 de diciembre de 1046), Celestino V (13 de diciembre de 1294) y Gregorio XII (4 de julio de 1415).

Siendo el Romano Pontífice el legislador supremo, cualquier forma que deseara adoptar para la renuncia sería la forma debida. Y aunque no precisa aceptación, se puede concluir que debería ser presentada a quien tiene el deber de elegir al producirse la vacante, o sea, al Colegio Cardenalicio.

Por su parte, el canon 335 del vigente Código de Derecho Canónico apunta que «al quedar vacante o totalmente impedida la Sede Romana, nada se ha de innovar en el régimen de la Iglesia universal», sino que se han de observar «las leyes especiales dadas para esos casos».

Hasta el presente no se ha hecho pública ninguna norma para la eventualidad de que la sede romana quedara impedida. El concepto de «sede impedida» lo define el canon 412 para una sede diocesana («Se considera impedida la sede episcopal cuando por cautiverio, relegación, destierro o incapacidad, el Obispo diocesano se encuentra totalmente imposibilitado para ejercer su función pastoral en la diócesis, de suerte que ni aun por carta pueda comunicarse con sus diocesanos»).


4. ¿Qué norma regula actualmente la vacante de la Sede Apostólica y la elección del nuevo Papa?

La Constitución Apostólica «Universi Dominici Gregis» de Juan Pablo II, promulgada el 22 de febrero de 1996, recoge actualmente las normas sobre la vacante de la Sede Apostólica y la elección del Romano Pontífice.

En ella el Papa derogó «todas las Constituciones y los Ordenamientos emanados» en esta materia «por los Romanos Pontífices» y declaró «carente de todo valor» cuanto se intente hacer en sentido contrario a dicha Constitución.

Tras el pontificado de Juan Pablo II, será la primera vez que se apliquen estas normas --si bien confirman en lo sustancial las disposiciones de sus antecesores-- para elegir a su sucesor.




5. ¿Por qué Juan Pablo II revisó las normas de elección del Sumo Pontífice?

Por «las exigencias actuales de nuestro tiempo», sin «cambiar sustancialmente la línea de la sabia y venerable tradición hasta ahora seguida».

En la introducción de «Universi Dominici Gregis» Juan Pablo II expresó su profundo aprecio a las normas de sus predecesores sobre la «legítima sucesión apostólica» en la sede petrina.

Añadió que «en los tiempos cercanos a nosotros, mis Predecesores san Pío X, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII y por último Pablo VI, cada uno con la intención de responder a las exigencias del momento histórico concreto, proveyeron a emanar al respecto sabias y apropiadas reglas para disponer la idónea preparación y el ordenado desarrollo de la reunión de los electores a quienes, en la vacante de la Sede Apostólica, les corresponde el importante y arduo encargo de elegir al Romano Pontífice».

En la citada Constitución Apostólica, Juan Pablo II manifestó su deseo de «confirmar» «en gran parte» «aquellas normas», «al menos en lo referente a la sustancia y a los principios de fondo que las inspiraron».

Y afrontó esta materia en la «conciencia de la nueva situación que está viviendo hoy la Iglesia y la necesidad, además, de tener presente la revisión general de la ley canónica, felizmente llevada a cabo, con el apoyo de todo el Episcopado, mediante la publicación y promulgación primero del Código de Derecho Canónico y después del Código de los Cánones de las Iglesias Orientales».

«Precisamente lo dispuesto en el canon 335 del Código de Derecho Canónico, y propuesto también en el canon 47 del Código de los Cánones de las Iglesias Orientales, deja entrever el deber de emanar y actualizar constantemente leyes específicas, que regulen la provisión canónica de la Sede Romana cuando esté vacante por cualquier motivo», puntualizó.

Y es que «a los Romanos Pontífices corresponde definir --añadió--, adaptándolo a los cambios de los tiempos, el modo en el cual debe realizarse la designación de la persona llamada a asumir la sucesión de Pedro en la Sede Romana».

Juan Pablo II confirmó la vigencia, «en su estructura actual», de «la antiquísima institución del Cónclave», adecuando «esta disciplina a las exigencias actuales»: «En particular --apuntó--, he considerado oportuno disponer que, en todo el tiempo que dure la elección, las habitaciones de los Cardenales electores y de los que están llamados a colaborar en el desarrollo regular de la elección misma estén situadas en lugares convenientes del Estado de la Ciudad del Vaticano», pues éste, «aunque pequeño», «es suficiente para asegurar dentro de sus muros, gracias también a los oportunos recursos» (indicados más adelante) «el aislamiento y consiguiente recogimiento que un acto tan vital para la Iglesia entera exige de los electores».

6. ¿Quién puede ser elegido Papa?

Según el Código de Derecho Canónico, si el elegido para el pontificado supremo «carece del carácter episcopal, ha de ser ordenado Obispo inmediatamente» (Cf. canon 332.1º). Igualmente lo establece así la Constitución Apostólica «Universi Dominici Gregis» (Cf. n. 88)

Por lo tanto, aquel que reúna las condiciones para recibir la consagración episcopal puede ser elegido Papa. El canon 378 menciona, entre las condiciones de idoneidad del candidato al episcopado, que sea presbítero desde hace al menos cinco años y de edad superior a los treinta y cinco. Sólo el varón bautizado puede haber sido ordenado sacerdote (Cf. canon 1024)

El elegido tampoco necesariamente tiene que ser cardenal. En el número 83 de «Universi Dominici Gregis», Juan Pablo II trazó la actitud que debe orientar a los cardenales electores en la elección del nuevo Papa, apuntando que éstos, «teniendo presente únicamente la gloria de Dios y el bien de la Iglesia, después de haber implorado el auxilio divino, den su voto a quien, incluso fuera del Colegio Cardenalicio, juzguen más idóneo para regir con fruto y beneficio a la Iglesia universal».

Con todo, el número 53 recoge en alguna medida la circunstancia habitual de que el elegido Papa lo sea entre los cardenales electores, según se desprende del juramento que éstos harán al inicio del Cónclave: «Prometemos, nos obligamos y juramos que quienquiera de nosotros que, por disposición divina, sea elegido Romano Pontífice, se comprometerá a desempañar fielmente el “munus petrinum” de Pastor de la Iglesia universal (...).»

II. LA VACANTE DE LA SEDE APOSTÓLICA




7. ¿Qué sucede cuando se produce la vacante de la Sede Apostólica y mientras ésta dure?


«Nada se ha de innovar en el régimen de la Iglesia universal» «al quedar vacante o totalmente impedida la Sede Romana»; para esos casos se deben observar las leyes especiales (CDC c.335).

En el período de Sede vacante se organizarán y celebrarán las exequias del Papa (UDG n.27) según dispongan las Congregaciones de los Cardenales. Éstas prepararán a su vez la elección del nuevo Papa y se procederá a ello en el Cónclave, que cesará con la aceptación del elegido Papa.

Si la Sede Apostólica hubiera quedado vacante durante la celebración de un Concilio Ecuménico o de un Sínodo de los Obispos –que tuvieran lugar en Roma o en otra ciudad del mundo--, sea cual fuera el estado en el que se encontraran, deberían ser considerados «inmediatamente suspendidos ipso iure» apenas se hubiera tenido noticia cierta de la vacante de la Sede apostólica, y no podrían continuar «por ninguna razón, aunque sea gravísima y digna de especial consideración», hasta que el nuevo Pontífice canónicamente elegido no dispusiera que los mismos continuaran (UDG 34).




8. Las leyes establecidas por el Papa durante su pontificado, ¿podrían sufrir alguna modificación durante la vacante de la Sede Apostólica?

«No pueden de ningún modo ser corregidas o modificadas» «durante la vacante de la Sede Apostólica, las leyes emanadas por los Romanos Pontífices», «ni se puede añadir, quitar nada o dispensar de una parte de las mismas, especialmente en lo que se refiere al ordenamiento de la elección del Sumo Pontífice».

«Es más –estableció Juan Pablo II--, si sucediera eventualmente que se hiciera o intentara algo contra esta disposición, con mi suprema autoridad lo declaro nulo e inválido» (UDG 4).


9. ¿De qué forma vive la Iglesia universal el tiempo de Sede vacante? ¿Qué exhortación hizo Juan Pablo II para afrontar este período, en especial la elección del nuevo Papa?

«Durante la Sede vacante, y sobre todo mientras se desarrolla la elección del Sucesor de Pedro, la Iglesia está unida de modo particular con los Pastores y especialmente con los Cardenales electores del Sumo Pontífice y pide a Dios un nuevo Papa como don de su bondad y providencia».

Siguiendo «Universi Dominici Gregis» (Cf. n. 84), Juan Pablo II puso de ejemplo «la primera comunidad cristiana, de la que se habla en los Hechos de los Apóstoles (Cf. 1, 14)», indicando que «la Iglesia universal, unida espiritualmente a María, la Madre de Jesús, debe perseverar unánimemente en la oración».

«De esta manera --añadió--, la elección del nuevo Pontífice no será un hecho aislado del Pueblo de Dios que atañe sólo al Colegio de los electores, sino que en cierto sentido, será una acción de toda la Iglesia».

Por ello estableció «que en todas las ciudades y en otras poblaciones, al menos las más importantes, conocida la noticia de la vacante de la Sede Apostólica, y de modo particular de la muerte del Pontífice, después de la celebración de solemnes exequias por él, se eleven humildes e insistentes oraciones al Señor (cf. Mt 21, 22; Mc 11, 24), para que ilumine a los electores y los haga tan concordes en su cometido que se alcance una pronta, unánime y fructuosa elección, como requiere la salvación de las almas y el bien de todo el Pueblo de Dios».


10. ¿Quiénes son los cardenales? ¿Qué es el Colegio Cardenalicio?

Los Cardenales de la Santa Iglesia Romana «asisten al Romano Pontífice tanto colegialmente, cuando son convocados para tratar juntos cuestiones de más importancia, como personalmente, mediante los distintos oficios que desempeñan ayudando sobre todo al Papa en su gobierno cotidiano de la Iglesia universal», según explica el Código de Derecho Canónico (cánones 349 a 359). «Constituyen un Colegio peculiar» --el Colegio Cardenalicio-- «al que compete proveer a la elección del Romano Pontífice, según la norma del derecho peculiar».

Los Cardenales «son creados por decreto del Romano Pontífice, que se hace público en presencia del Colegio Cardenalicio; a partir del momento de la publicación tienen los deberes y derechos determinados por la ley».

Tres órdenes

El Colegio Cardenalicio está estructurado en tres órdenes: el episcopal, el presbiteral y el diaconal. La adscripción de los cardenales a un orden la hace el Santo Padre.

Esta adscripción no tiene que ver con que el cardenal fuera diácono o presbítero por su grado de ordenación.

De hecho, «para ser promovidos a Cardenales, el Romano Pontífice elige libremente entre aquellos varones que hayan recibido al menos el presbiterado y que destaquen notablemente por su doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gestión de asuntos; pero los que aún no son Obispos deben recibir la consagración episcopal».

Al orden episcopal «pertenecen los Cardenales a quienes el Romano Pontífice asigna como título una Iglesia suburbicaria» --perteneciente a las diócesis que componen la provincia eclesiástica de Roma--, «así como los Patriarcas orientales adscritos al Colegio cardenalicio» --«los Patriarcas orientales que forman parte del Colegio de los Cardenales tienen como título su sede patriarcal»--.

«A cada Cardenal del orden presbiteral y diaconal el Romano Pontífice asigna un título o diaconía de la Urbe».

Como los Cardenales «tienen el deber de cooperar diligentemente con el Romano Pontífice», aquellos «que desempeñen cualquier oficio en la Curia y no sean Obispos diocesanos, están obligados a residir en la Urbe»; «los Cardenales a quienes se ha confiado una diócesis en calidad de Obispo diocesano han de acudir a Roma cuantas veces sean convocados por el Romano Pontífice».

Consistorio para su creación

En el Consistorio Ordinario Público para la creación de los nuevos cardenales –el último, noveno del pontificado de Juan Pablo II, se celebró el 21 de octubre de 2003--, el Papa lee la fórmula de creación y proclama solemnemente los nombres de los nuevos Cardenales.

Cada nuevo cardenal recibe el birrete cardenalicio de manos del Santo Padre –quien dice, entre otras cosas: «(Esto es) rojo como signo de la dignidad del oficio de cardenal, y significa que estás preparado para actuar con fortaleza, hasta el punto de derramar tu sangre por el crecimiento de la fe cristiana, por la paz y armonía entre el pueblo de Dios, por la libertad y la extensión de la Santa Iglesia Católica Romana»-- y la asignación de un Título o Diaconía como signo de su participación en el cuidado pastoral del Papa por la ciudad.

Durante la Capilla Papal el Santo Padre presidirá la concelebración de la Santa Misa con los nuevos Cardenales, a quienes entregará el anillo cardenalicio «signo de esa dignidad, de solicitud pastoral y de más sólida unión con la Sede del Apóstol San Pedro».



El Cardenal Decano

«El Decano preside el Colegio cardenalicio y, cuando está impedido, hace sus veces el Subdecano; sin embargo, ni el Decano ni el Subdecano tienen potestad alguna de régimen sobre los demás Cardenales, sino que se les considera como primero entre sus iguales». Ambos deben vivir en Roma.

«El Cardenal Decano ostenta como título la diócesis de Ostia, a la vez que la otra Iglesia de la que ya era titular». Es elegido por y entre los cardenales del orden episcopal. Esta elección debe ser aprobada por el Romano Pontífice. Igual elección y aprobación rige para el Subdecano; éste no tiene derecho de sucesión al Decano.

El cardenal Joseph Ratzinger es actualmente el Decano del Colegio Cardenalicio.

El cardenal Angelo Sodano es el Subdecano del mismo Colegio.

«Corresponde al Cardenal Decano ordenar de Obispo a quien ha sido elegido Romano Pontífice, si el elegido careciera de esa ordenación» (CDC c.355).

El Cardenal Decano tiene también la obligación de dar a conocer la muerte del Papa a los cardenales (Cf. UDG 19), convocándolos para las Congregaciones generales, que presidirá –al igual que las asambleas de los Cardenales electores--. Igualmente comunicará la muerte del Pontífice al Cuerpo Diplomático ante la Santa Sede y a los Jefes de Estado de las diferentes naciones.

Asimismo convocará a los cardenales al Cónclave, y a quien resulte elegido Papa pedirá, en nombre del Colegio de los electores, su consentimiento a la elección (UDG 87).



[Como la elección del Decano está sujeta a la aprobación del Romano Pontífice, si aquel oficio queda descubierto durante la vacante de la Sede Apostólica no se puede elegir Decano hasta que no haya nuevo Papa. Por ello la UDG prevé figuras alternativas en el caso de que el Decano –por muerte, enfermedad o por haber superado los 80 años de edad— no pueda cumplir las funciones requeridas. Los sustitutos son fundamentalmente, según los casos, el Cardenal Subdecano –siempre que no tampoco haya superado los 80 años— y el Cardenal elector más antiguo según el habitual orden de precedencia].

El Cardenal Protodiácono

Entre otras funciones, el primero o más antiguo de los cardenales diáconos, el Cardenal Protodiácono, «anuncia al pueblo el nombre del nuevo Sumo Pontífice elegido; y asimismo, en representación del Romano Pontífice, impone el palio a los Metropolitanos o lo entrega a sus procuradores» (CDC c.356).

Actualmente es Protodiácono del Colegio Cardenalicio el cardenal Jorge Arturo Medina Estévez.

Notas históricas

La institución del cardenalato se remonta con certeza al siglo IV (Cf. «Cardenales del Tercer Milenio», Editorial vaticana). En un primer momento eran los consejeros y colaboradores del Papa al servicio de una iglesia o diaconía. Después, se pondrán al servicio de las iglesias titulares de Roma y de las iglesias más importantes del mundo.

A partir del año 1150 formaron el Colegio Cardenalicio con un Decano y un Camarlengo en calidad de administrador de los bienes.

Desde el año 1059 son electores exclusivos del Papa.

En el siglo XII se comenzó a nombrar Cardenales también a los prelados que residían fuera de Roma.

Los Cardenales pertenecen a las distintas Congregaciones romanas: se les considera Príncipes de la sangre, con el título de Eminencia; los que residan en Roma, incluso fuera de la Ciudad del Vaticano, son ciudadanos de la misma para todos los efectos (Tratado Lateranense, art. 21).




11. ¿A quién se confía el gobierno de la Iglesia mientras está vacante la Sede Apostólica?

«Al Colegio de los Cardenales», pero «solamente para el despacho de los asuntos ordinarios o de los inaplazables» o cuando se presente un problema que a juicio de la mayor parte de los Cardenales reunidos no puede ser postergado --«el Colegio de los Cardenales debe disponer según el parecer de la mayoría»-- (UDG 6), «y para la preparación de todo lo necesario para la elección del nuevo Pontífice» (UDG 2).



[En la Constitución Apostólica «Ubi periculum» de Gregorio X se ofrece una idea de cuáles serían los problemas indiferibles. El texto habla de necesidades tan urgentes como la defensa de los territorios de la Iglesia o de un peligro tan grave y evidente que los Cardenales consideren que deben disponer rápidamente] .

Esta tarea del Colegio de los Cardenales «debe llevarse a cabo con los modos y los límites» previstos en «Universi Dominici Gregis»: por eso deben quedar absolutamente excluidos los asuntos, que sea por ley como por praxis, o son potestad únicamente del Romano Pontífice mismo, o se refieren a las normas para la elección del nuevo Pontífice según las disposiciones» de la citada Constitución.

Juan Pablo II estableció igualmente «que el Colegio Cardenalicio no pueda disponer nada sobre los derechos de la Sede Apostólica y de la Iglesia Romana, y tanto menos permitir que algunos de ellos vengan menguados, directa o indirectamente, aunque fuera con el fin de solucionar divergencias o de perseguir acciones perpetradas contra los mismos derechos después de la muerte o la renuncia válida del Pontífice» (UDG 3).


12. ¿Se excluye cualquier tipo de función de «suplencia» del Papa por parte del Colegio Cardenalicio en Sede Vacante?

En efecto, «mientras está vacante la Sede Apostólica, el Colegio de los Cardenales no tiene ninguna potestad o jurisdicción sobre las cuestiones que corresponden al Sumo Pontífice en vida o en el ejercicio de las funciones de su misión; todas estas cuestiones deben quedar reservadas exclusivamente al futuro Pontífice».

Por ello Juan Pablo II declaró «inválido y nulo cualquier acto de potestad o de jurisdicción correspondiente al Romano Pontífice mientras vive o en el ejercicio de las funciones de su misión, que el Colegio mismo de los Cardenales decidiese ejercer, si no es en la medida expresamente consentida» en «Universi Dominici Gregis» (UDG 1).


13. ¿Y si surgieran dudas sobre las disposiciones contenidas en UDG? ¿A quién se reserva la facultad de interpretar esta Constitución Apostólica?

Juan Pablo II dispuso que «todo el poder de emitir un juicio» si surgieran dudas sobre las disposiciones contenidas en UDG o sobre el modo de llevarlas a cabo «corresponde al Colegio de los Cardenales». A éste dio por lo tanto «la facultad de interpretar los puntos dudosos o controvertidos, estableciendo que cuando sea necesario deliberar sobre estas o parecidas cuestiones, excepto sobre el acto de la elección, sea suficiente que la mayoría de los Cardenales reunidos esté de acuerdo sobre la misma opinión» (UDG 5).




14. ¿A quién corresponde todo el poder civil del Sumo Pontífice concerniente al gobierno de la Ciudad del Vaticano durante la Sede Vacante?

Durante ese período, la plenitud de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial del Estado de la Ciudad del Vaticano corresponden al Colegio de los Cardenales, pero éste «no podrá emanar decretos sino en el caso de urgente necesidad y sólo durante la vacante de la Santa Sede. Dichos decretos serán válidos en el futuro solamente si los confirma el nuevo Pontífice» (UDG 23).




15. ¿Cuál es la misión del Cardenal Camarlengo?

Durante la Sede Vacante y en el Cónclave, el Cardenal Camarlengo desarrolla amplias funciones, orientadas a garantizar los derechos de la Sede Apostólica mientras dure este período. A su disposición tiene la Cámara Apostólica.



[La Cámara Apostólica al frente de la cual está el cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana, con la ayuda del Vice-Camarlengo junto con los demás prelados de la Cámara, realiza sobre todo las funciones que le están asignadas por la ley peculiar sobre la Sede Apostólica vacante» (PB art. 171.1º).

«Apenas recibida la noticia de la muerte del Sumo Pontífice, el Camarlengo de la Santa Iglesia Romana debe comprobar oficialmente la muerte del Pontífice» (UDG 17).

Verificada ésta, el Cardenal Camarlengo recibirá del Secretario de Estado la matriz del sello de plomo y el Anillo del Pescador –con los cuales son enviadas las Cartas Apostólicas--, que deberán ser anulados según dispone «Universi Dominici Gregis» (Cf. n. 13 g). Además procederá a sellar el estudio y la habitación del Pontífice.

El Cardenal Camarlengo informará de la muerte del Pontífice al Cardenal Vicario para la Urbe y al Cardenal Arcipreste de la Basílica Vaticana (UDG 17). Igualmente el Camarlengo –o el Prefecto de la Casa Pontificia— dará esta noticia al Decano del Colegio Cardenalicio (UDG 19).

Al producirse la vacante de la Sede Apostólica, el Cardenal Camarlengo cuidará, «en nombre y con el consentimiento del Colegio de los Cardenales, todo lo que las circunstancias aconsejen para la defensa de los derechos de la Sede Apostólica y para una recta administración de la misma».

En ese período «de hecho es competencia del Camarlengo de la Santa Iglesia Romana» «cuidar y administrar los bienes y los derechos temporales de la Santa Sede». Para ello se ayuda de tres Cardenales Asistentes y del voto del Colegio de los Cardenales (UDG 17).

«Es derecho y deber del cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana» «cuando está vacante la Sede Apostólica» «reclamar, también por medio de un delegado suyo, a todas las administraciones dependientes de la Santa Sede las relaciones sobre su estado patrimonial y económico, así como las informaciones sobre los asuntos extraordinarios que estén eventualmente en curso, y a la Prefectura de los Asuntos Económicos de la Santa Sede el balance general del año anterior, así como el presupuesto para el año siguiente. Está obligado a someter esas relaciones y balances al Colegio de Cardenales» (PB art. 171.2º).

Al quedar vacante la Sede Apostólica, el Cardenal Camarlengo habrá de «tomar posesión del Palacio Apostólico Vaticano y, personalmente o por medio de un delegado suyo, de los Palacios de Letrán y de Castel Gandolfo, ejerciendo su custodia y gobierno».

Además, tras oír a los Cardenales primeros –por orden de creación— de los tres órdenes, el Camarlengo establecerá también «todo lo que concierne a la sepultura del Pontífice, a menos que éste, cuando vivía, hubiera manifestado su voluntad al respecto (UDG 17).

El Cardenal Camarlengo también, entre otros cometidos, formará parte permanentemente de la Congregación particular de los cardenales (v. cuestión 17 de este dossier); establecerá el día desde el cual se celebrarán las Congregaciones generales «preparatorias» --que preceden a la elección del Papa-- de los cardenales; formará parte –junto al Cardenal Secretario de Estado y al Cardenal presidente de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano— de la comisión que preparará los «escenarios» del Cónclave –Domus Sanctae Marthae y Capilla Sixtina--; presenciará la elección del Cardenal Penitenciario Mayor en caso de que este cargo estuviera vacante a la muerte del Papa o antes de su elección; autorizará quién puede tomar imágenes del Sumo Pontífice difunto para documentación; cerrará a personas no autorizadas el acceso a los escenarios del Cónclave mientras dure; autorizará --junto a la Congregación particular de Cardenales-- quiénes pueden acceder en los límites de estos escenarios y presenciará su juramento de secreto; velará por la reserva de la elección del nuevo Papa en la Capilla Sixtina; invitará a los cardenales electores a expresar su parecer sobre el modo de actuar en determinado momento de la elección.

El cardenal Eduardo Martínez Somalo es actualmente el cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana.

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