Capitulo primero




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LIBRO ELECTRÓNICO "25 AÑOS EN LA HISTORIA DE NUESTRO PUEBLO"
CAPITULO PRIMERO

Nací en el 72

con Alende a la cabeza...

Fito Páez tenía 9 años.

Algunos preferían el silencio, conservándolo pulcramente hasta que el momento de debatir lo importante, llegara. Otros elegían el encanto de la tertulia, de la charla amistosa y frívola. Entre ellos, como en la mayoría de los Argentinos, la veda de carne era un tema infaltable, que concluía inevitablemente, responsabilizando a las madres, esposas o tías por la falta de imaginación para sustituir al preciado churrasco. Desde ese punto al costo de vida, mediaban sólo algunas pocas frases. En marzo se había incrementado un 4,3% - 20,9% en los cuatro meses que había transitado el año. El aumento de las tarifas de la electricidad, brillaba con luz propia y era un párrafo aparte.

Todavía se habla de ese rubio y siniestro Robledo Puch, detenido y acusado por una docena de asesinatos. Un benefactor de las conversaciones ligeras, había hecho su debut y prometía ser un verdadero protagonista para los apostadores a secas y para los amantes del fútbol, quienes frente a las tarjetas y cruces del PRODE se sentían tan maravillosos como Bobby Fisher ante el tablero de ajedrez. Lo novedoso y transgresor que resultaba el espectáculo de esos jóvenes, Gasalla y Perciavalle; en un sótano de Buenos Aires, era materia opinable para los más circunspectos.

Poco a poco y a medida que los rezagados iban llegando, las temáticas se teñían con los colores de un país difícil y se llenaban con las palabras profundas como los dolores de la Nación. A seis años del golpe que derrocó al Presidente Illia, tras los gobiernos de Onganía y Levingston, la Revolución Argentina había visto evaporarse sus sueños de perpetuidad y la salida electoral les aparecía a los militares, inevitable. Alejandro Agustín Lanusse había asumido la presidencia en marzo de 1971. El militar profundamente antiperonista, el que participara de la fracasada intentona del Gral. Benjamín Menéndez en 1951, tras veinte años volvía a cruzarse con Perón- al que se refería como "el fondo de la cuestión"- en otro punto de la historia. Había pergeñado la más política de sus estrategias, el GAN (Gran Acuerdo Nacional), un restablecimiento de las reglas del juego "pluralista, sin exclusiones". Instaba a "superar errores del pasado" a "alcanzar el GAN desterrando revanchismos y perdonando agravios". Había devuelto al General el cuerpo de Evita tras el espantoso y ultrajante peregrinar al que fuera sometido durante tantos años. Y aseguraba que el 25 de mayo del 73 devolvería al pueblo un presidente elegido democráticamente. Pero aún le faltaba saber si su criatura lo reconocería como un padre bondadoso o se convertiría en el "arma siniestra" que le restituyera el poder a Perón.

A pesar de que la violencia reiterada, martillante, incansable, extenuaba los ánimos y endurecía las sensibilidades; el hallazgo del cadáver del director general de FIAT CONCORD -Oberdan G. Salustro- secuestrado por del el ERP, emergía con singular fuerza. Lanusse hablaba al país, impertérrito, con su voz de mando intacta, sin el menor atisbo de quebranto. Hablaba a un país que se fracturaba en cada uno de sus huesos. En los pocos meses de ese año se habían acumulado decenas de muertes producto de enfrentamientos armados, atentados, copamientos y operativos antisubversivos. Mendocinos, puntanos, sanjuaninos, tucumanos, rosarinos "aplacados" a sangre y palos por la policía o el ejército. La CGE organizaba protestas y la CGT conseguía más del 90% de acatamiento en sus protestas. Mientras Raimundo Ongaro era liberado, se detenía al sacerdote tercermundista Alberto Carbone y el foro de los derechos humanos denunciaba torturas. A las Malvinas llegaban los vuelos Argentinos regularmente; en el continente circulaba un mensaje de Juan Domingo Perón en el que se instaba a la formación de un frente cívico de Liberación Nacional; Isabel Perón y José López Rega regresaban a Madrid pocas horas antes que Arturo Frondizi se reuniera, en la España de los exilios, con el reciente propietario de la casa de Gaspar Campos.

El verano del ´72 había sido testigo del derrocamiento del presidente ecuatoriano José María Velasco, de la llegada a la presidencia de Juan María Bordaberry en el Uruguay y del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Argentina y China.

A los Radicales Intransigentes reunidos ese 22 de abril no les faltaban temas para compartir ni motivos para los análisis políticos agotadores. Pero todos sabían muy bien que uno era excluyente y tenía nombre y apellido: Arturo Mor Roig. Al momento de las reorganizaciones partidarias, el ministro del interior aplicaba una disposición estatutaria por la que se hacía inviable que dos partidos políticos diferentes utilizaran la misma denominación. Esta aseveración comprendía a la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) y la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI). La colisión se producía entre las fuerzas de Ricardo Balbín y las de Oscar Alende quien así describe la situación:

"La proscripción de Perón alteró deliberadamente el proceso electoral. El pueblo quería votar contra la dictadura y arrasarla para siempre. No quería perder su voto. La situación era irregular y anómala. Todo era endeble, las coincidencias giraban únicamente en lograr el repudio y la derrota del GAN, es decir el continuismo. Los cismáticos de 1956 se quedaron a la espera de arrebatarnos el nombre y la oportunidad les llegó del brazo de un gobierno de facto. Del mismo gobierno integrado por los golpistas que derrocaron a Illia y al que al que no tuvieron empacho en facilitarle un ministro del interior para que sirviera a sus propósitos. Y el ministro no fue cualquiera. Fue nada menos que el ex presidente de la Cámara de Diputados, también desalojado de su cargo por los golpistas que ahora servía, Arturo Mor Roig. Este hombre de la más pura extracción radical del pueblo en Buenos Aires realizaría una doble maniobra destinada por un lado a escamotearle el previsible triunfo electoral al peronismo en mayo del ´73 y el por el otro a arrebatarnos el nombre con la complicidad de una justicia electoral cuyos fallos al respecto podrían integrar una antología del disparate jurídico. El ministro del interior elaboró, con la ayuda de un equipo de colaboradores, en buena parte de extracción conservadora, un Estatuto de Partidos Políticos, haciendo caso omiso a la existencia de una Ley Orgánica sancionada por el Congreso de la Nación cuya Cámara de Diputados, él presidía. La finalidad no era otra que prohibir al radicalismo intransigente el uso de su auténtico nombre. Vieja enfermedad esta, de pedir a los gobiernos de facto que sancionen Leyes, sustituyendo al Congreso, siempre que de esas leyes puedan sacarse algunas ventajas.

El estatuto sancionado por Lanusse, pergeñado por Mor Roig y los suyos contenía cláusulas de una arbitrariedad tal que sólo le faltaba decir que determinada sigla, UCR, en el futuro, sería utilizada exclusivamente por un partido con domicilio en calle Alsina al 1.700, es decir el radicalismo del Pueblo. En efecto, la continuidad histórica, las decisiones de las convenciones, sólo se tenían en cuenta aquellas en que los guarismos electorales los habían favorecido. En realidad, una vez más la maniobra era más vasta. Con el sistema de doble vuelta se procuraba llevar a la opción peronismo-antiperonismo, sumando en ella los votos de UCRP a los de centro derecha, comandado por Manrique. Argumentaba que el peronismo en la oposición no había llegado nunca al 50% del electorado. Para eso era necesario que no hubiera ninguna otra boleta con el nombre radical y tampoco se dio ¡Cámpora llegó al 50% del electorado!

El decreto ley llevó fecha 30 de junio de 1971, llamada ley 19.102 y su artículo trampa fue el 57. La Cámara Federal, con atribuciones sobre los nombres, salió el 5 de julio, con las firmas de Lanusse, Rey, Gnavi y Mor Roig. No extrañó a nadie pues que los punteros radicales del Pueblo tanto "balbinistas" como "alfonsinistas"- el líder de renovación y cambio presidió por entonces el Comité de su partido en la provincia de Buenos Aires- recorrieran la provincia recolectando fichas mediante el sonsonete de que sólo habría una UCR. Y acertaron. No por que fueran adivinos. Ocurrió que así estaba resuelto entre las autoridades de la UCR del pueblo, la dictadura de Lanusse y su ministro radical. Un juez apresurado, Insaurralde, el mismo amigo del frigerismo que en 1963 había reconocido como legítimo el falso Comité Nacional, reunido por Gómez Machado, se apresuró a otorgarles personería como UCR sin tener en cuenta que dentro de los términos establecidos por la "Ley" - de algún modo hay que llamarla- alguien podría reclamar el nombre de UCRI. Pero el juez Insaurralde dijo a nuestro pedido: "¡No! ¡Se confunde con UCR que ya existe!" ¿Cómo era posible? Si todos los partidos habían sido disueltos y se estaba dentro de los plazos legales para formar nuevos partidos. Ocurrió un hecho igualmente significativo: Portero, Lorences y otros amigos pensaron en solicitar el nombre U.C. Revolucionaria Intransigente, con lo cual conservaríamos la sigla. Pero este infatigable enemigo declarado del Radicalismo Intransigente otra vez dijo: no. El ridículo argumento: no se podían usar los términos Unión Cívica que son denominación genérica. Si bien y en última instancia y cuando el proceso electoral estaba en marcha, la Corte Suprema dejó sin efecto algún nuevo dislate de Insaurralde, tanto él, como la Cámara Federal Electoral no habían dejado arbitrariedad por cometer.

El último episodio de la infamia lo efectuó el presidente de la Cámara Federal Electoral, Cesar Mariano Lagos, un ex diputado nacional radical del Pueblo, colocado allí por Mor Roig, Quien comunicó a los apoderados del partido: "Déjense de insistir judicialmente y perder tiempo; si quieren tener partido cambien el nombre y enseguida tendrán la personería". Así fue, optamos por el Partido Intransigente y desaparecieron como por encanto inconvenientes judiciales. Así cabalgando sobre un grotesco andamiaje judicial, urdidos entre arbitrariedades, fuimos despojados de nuestro nombre legítimo".

Pero el despojo no significa el renunciamiento a la historia. El vocablo INTRANSIGENTE tiene tanto y tan grande significado que para seguir su rastro es necesario cambiar de siglo.

Soy del partido de todos

y con todos me la entiendo

pero váyalo sabiendo,

soy hombre de Leandro Alem.

e existir relaciones carnales entre naciones, aquellas lo fueron. Operaban en el país cuatro bancos británicos, los capitales ingleses se invertían en explotaciones agropecuarias, ferrocarriles y servicios públicos. Había ingleses en todo "el joven país" y conformaban una colonia particularmente próspera. Cuidaban la salud en el Hospital Británico, se educaban en sus escuelas bilingües, se informaban a través de sus propios diarios y se divertían en sus clubes. En la "chacra Inglesa", quienes eran espectadores, se debatían entre la admiración a tan refinada colectividad -con la consiguiente compulsión imitativa- y cierta anglofobia sostenida por la desconfianza de que tan estrecha asociación no resultase provechosa para el futuro de la patria.

La gran inmigración poblaba los conventillos, nutría al lunfardo y a los criollos con las fritangas españolas, las pastas italianas o los hojaldres turcos. Mientras los Podestá se preparaban para el estreno de Juan Moreira en el humilde corralón de Sarmiento y Montevideo, los grandes del canto lírico deleitaban a los pudientes en los teatros "igualitos a los de Europa".Los grandes payadores son Gabino Ezeiza y José Betinotti ,el tango está prohibido "por ser el más libertino de los bailes", cosas "de la mala vida" mientras los "Tranway" de dos caballos transportan a los "tangueros" a sus "laburos".

En aquel 1890, las organizaciones obreras y socialistas celebraron por primera vez el 1º de Mayo en estas latitudes. Los anarquistas se organizaban y predicaban con sus elocuentes arengas y publicaciones. La dualidad se constataba en un país que crecía tanto como la miseria de los pobres y en la consolidación de una oligarquía gobernante que suplía con paternalismo y fraude a las legalidades democráticas. De todas formas, nada hacía suponer una crisis tan cercana y tan profunda. El presidente Miguel Juárez Celman -pariente y ahijado político de Roca- continuador indiscutido del lema "Paz y Administración", se asombró ante el infortunio no previsto. La Bolsa enloqueció, los solventes cayeron en cesación de pagos, se paralizaron las grandes obras que caracterizaron a la década, se produjeron huelgas ante el aumento de los precios, la desocupación arrasó con las expectativas y el drenaje del oro se hizo incontrolable. Los malos presagios acosaban a la "prosperidad indefinida". Al momento de precipitarse tan extendida crisis, la oposición -que como tal no existía- comenzó a gestarse a través de movimientos cívicos casi espontáneos. De uno de esos grupos surgió un partido de jóvenes -casi todos estudiantes- dispuestos a moralizar la administración del Estado, derrotando a la corrupción enquistada en los sucesivos gobiernos. La Unión Cívica de la Juventud organizó un acto de repudio en el jardín Florida, un lugar ubicado en Florida y Paraguay. Los sorprendió el éxito y los enfervorizó la oratoria de un caudillo de Balvanera: Leandro Alem. Retirado de la política diez años atrás, Alem reapareció con su figura de hombre austero y profundamente republicano.

A las pocas semanas se constituyó la Unión Cívica -a secas- y una palabra desconocida hasta entonces comenzó a circular por los barrios de la Capital Federal y pueblos de la provincia de Buenos Aires, como sinónimo de reunión y participación militante: Los comités. A la cabeza de la incipiente organización se hallaban Mitre y Alem. Un nuevo mitin en el frontón Buenos Aires no dejó lugar a dudas, como lo había dicho Alem: -"Esto no tiene vuelta". La negativa a retroceder, a dejarle al adversario la posibilidad de maniobrar nuevamente y continuar en el poder, indujo a la dirigencia de la U.C. conjuntamente con un grupo de oficiales en actividad a preparar la revolución. Pero del germen no sólo brotaría la consciencia republicana, la mística y el coraje. También lo harían los de la traición y la entrega.

Se designó como jefe militar del movimiento al general Manuel J. Campos; un mitrista. Leandro Alem cosechó la adhesión de los ciudadanos, muchos de ellos ya con boinas blancas. El plan consistió en dejar sin armas al gobierno, tomando el Parque de Artillería, pero algunos delatores pusieron sobre aviso al Presidente quien mandó detener al general Campos. Todo parecía haber terminado. Pero tras una reunión con Roca -el jefe de inteligencia en operaciones políticas - el general detenido hizo saber a la junta revolucionaria que sólo debían determinar día y hora para cumplir con el plan anterior. Llamativamente la policía distendió la vigilancia sobre los revolucionarios implicados.

El 26 de julio a la madrugada llegaron al Parque de Artillería varios centenares de civiles acompañados por regimientos de infantería, ingenieros y cadetes del Colegio Militar. La victoria parecía segura. Siguiendo el consejo de Roca y Pellegrini, el presidente abandonó la capital y Pellegrini quedó al mando de la represión. Durante todo el día ambos bandos se tirotearon y muchos fueron los muertos y heridos. Hacia la noche un armisticio detuvo los enfrentamientos armados. Desde el Parque llegaron las noticias del desaliento y la derrota: ya no hay municiones para resistir los embates de las fuerzas leales al gobierno. La capitulación se firmó el día veintinueve.

La revolución había terminado y el gobierno de Juárez Celman también, el 7 de agosto asumió la presidencia- tras la renuncia del presidente- Carlos Pellegrini y Roca será su ministro del interior. La oligarquía se recompuso rápidamente, en una única maniobra se habían liberado del descrédito de Juárez Celman y de los insurgentes, a los que el sabor a delaciones, conciliábulos y acuerdos espurios entre sus propias filas, perduró por mucho tiempo.

El 26 de junio de 1891, a un año del levantamiento del parque se reunió el Comité Nacional de la Unión Cívica y decidió convocar a una Convención Nacional para que se expidiera sobre un pretendido acuerdo entre Mitre y Roca. Al tiempo de la votación, los mitristas -cuyo líder viajaba a Europa cuando estalló la Revolución del Parque- se reunieron por separado para desconocer a esa Convención que se pedía y para agruparse alrededor del "Acuerdo". Los acuerdistas se llamarían U. C. Nacional, mientras que aquellos que se sostuvieron en los principios no participacionistas, inspirados por Alem comenzarían a llamarse U.C.Radical. La ruptura definitiva estaba en marcha y las palabras de Alem tendrían un significado de enorme trascendencia en los siguientes años en la vida política y en el pensamiento del país:

"Yo no acepto el acuerdo, soy radical en contra del acuerdo, soy radical intransigente".

Un hombre joven llamado Hipólito Yrigoyen presidía el comete de la U. C. -que luego sería Radical- sostenía: "Se nos ha llamado radicales intransigentes y hemos aceptado ese nombre con orgullo por nuestro programa intransigente". A los pocos meses ese joven está preso, el país en estado de sitio y de unas sombrías elecciones surgió el nuevo presidente: Dr. Luis Sáenz Peña.

Leandro Alem, el argentino más popular, el más querido y respetado por el pueblo, el 1 de julio de 1896. camino al Club del Progreso se descerrajó un tiro en la sien. Un complejo de causas políticas, económicas, sentimentales y de salud, conformaron esa "montaña" que, como dijo al morir, lo volteó después de luchar lo indecible. Dejó cartas para los amigos : "Para vivir estéril, inútil y deprimido es preferible morir. Sí, que se rompa, pero que no se doble"

¡Argentina, tu día ha llegado!

Buenos Aires, amada ciudad,

El pegaso de estrellas herrado

sobre ti vuela en vuelo inspirado

¡Oíd mortales, el grito sagrado!

¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!

Rubén Darío

El nuevo siglo, impetuoso, enérgico, grandilocuente, no dejaba paso a la nostalgia. Todo estaba por hacerse y debía ser hecho. Entonces que un radical intransigente asumiera la presidencia de la Nación era un acontecimiento que estaba a la altura de los conmocionantes años que transcurrían.

El Centenario todavía circulaba por la memoria y las emociones. Qué decir del significado de la visita de la infanta Isabel de Borbón, sobre cuya innegable realeza, hablaron durante meses las pobladoras de " las casas de la tolerancia", las franchutas que en aluvión llenaban los burdeles, las madamas , las más pobres prostitutas de los chistaderos y los "niños bien" que se encuentran en lo de "Hansen" y gastan sus dineros en compañía de las francesitas más famosas. Las señoritas comprometidas preparan pacientemente el interminable ajuar con primorosas puntillas y bordados pero para la decoración del futuro hogar, nada mejor que la tienda "Los Gobelinos". El país había cumplido tan honrosa centuria festejando el campeonato sudamericano de fútbol que Argentina le gana a Uruguay, Chile y Brasil , con varios biógrafos funcionando, deleintándose con el refinado gusto europeo de la confitería "París" o "Los dos chinos" e inmerso en un mundo al que Europa mostraba la más agradable manera de vivir que creía haber hallado para siempre: La Belle Epoque.

En la América morena e indígena, Emiliano Zapata distribuye las primeras tierras entre los campesinos de México , la epopeya de la gran revolución mejicana está en marcha. Los sobrevivientes del pánico que provocó la aparición del cometa Halley pueden fumar y beber, la publicidad así lo recomienda para la buena salud. Las liquidaciones de Gath y Chavez, son únicas hasta que unos años más tarde la competencia de las tiendas Harrod's - "El Templo de la moda" - con sus maravillosas vidrieras hacen dudar a las damas y caballeros elegantes. El confort parecía no tener límites para quienes podían acceder a él. Los automóviles Peugeot, Renault y Ford recorrían los caminos ante la mirada atónita de caballos y pasajeros de los carruajes condenados irremediablemente a ser una impronta del pasado en poco tiempo más. Las poderosas empresas Lacroze y Anglo Argentina continúan poniendo en marcha sus tranvías eléctricos El equipo de Alumni vuelve a ganar el campeonato y es el octavo desde el año 1900 en el que se hacían llamar "English High School" Los chotis y las mazurcas van cayendo en desuso ante el avance del tango que crece del organito a la orquesta, desde el arrabal al cabaret. Mientras el pueblo le rinde culto al príncipe pampa Ceferino Namuncurá -muerto en Roma-, a la difunta Correa y a Pancho Sierra, los bohemios cobijan en sus peñas literarias -como la del café "Los Inmortales", a las nuevas y poderosas corrientes del pensamiento. Impulsos inéditos como los que la doctora Lantieri da -en el primer movimiento feminista que la Argentina conoce- al voto femenino. Y las denuncias de abusos a las trabajadoras que Carolina Muzilli hace con fogosidad y valentía desde las páginas del periódico socialista "La Vanguardia" mientras las mujeres son las encargadas de la engorrosa tarea de encender muy temprano el fogón a leña o la cocina económica la que da "el mejor calorcito de mundo".

La ciencia pierde a Florentino Ameghino. Los estancieros gastan sus rentas construyendo las mansiones del Barrio Norte en los petit-hotel y en los grandes hoteles del verano en las sierras, el Tigre o Mar del Plata. Pero la mayoría de los chacareros del país son aparceros o arrendatarios. Las tierras son ajenas por eso la huelga era tan necesaria, justa y tan dramática, tanto que en Alcorta fue el grito que alumbraría a la Federación Agraria Argentina. Sin sobresaltos los frigoríficos Swift y Wilson continúan haciéndose de esta América con los Chilled Beef, los italianos escriben nombres como los de Canale, Terrabusi, Sponara o Giol y los judíos impregnan al barrio del Once con el olor a buena tela y a librería, o pueblan, en su condición de "gauchos acriollados, numerosas colonias en Entre Ríos y Santa Fe.

El Titanic se estrella con un "iceberg" hundiéndose con sus 2538 pasajeros, en el mismo año que la piedra movediza de Tandil se desploma. Jorge Newbery muere en los Tamarindos y con él desaparece un pionero del aire. En la tierra Sigmund Freud, revoluciona las ideas mientras el cine tiene estrellas indiscutidas como Mary Pickford o John Barrymore y todos son algo de "El pibe", con Carlitos, el genio de ese arte nuevo, con bastón, galera y zapatones. El Petiso Orejudo tortura y mata a niños y Carlos Gardel debuta en el teatro Nacional en 1914, año en que desde Sarajevo estalla la gran guerra entre los imperios centrales y la Entente.

El año del centenario también trajo consigo una reforma política de gran trascendencia. El Dr. Roque Sáenz Peña buscaba algún tipo de alianza estable con Yrigoyen y le ofreció al jefe radical por lo menos dos ministerios en su gobierno. Una vez más la intransigencia definió firmemente sus posiciones: "La U.C.R no busca composiciones de lugar y sólo exige comicios honorables y garantidos sobre la base de la reforma electoral". De la reforma hablaron y convinieron: sufragio universal para todos los varones mayores de 18 años, obligatorio y secreto, sistema electoral de mayorías y minorías, y garantías de jueces. La ley " Sáenz Peña" dejaba su sello. La compra de libretas como método de fraude y negocio próspero para conocidos personajes desapareció y la cerrada oposición antiparticipacionista, caracterizada por los intransigentes y orgullosas abstenciones electorales van teniendo menores razones de ser. Las elecciones para diputados nacionales de 1912, por la que electo el socialista Juan B. Justo, son definitorias para deponer las negativas y el 12 de octubre de 1916 Yrigoyen es gobierno, Un año después, la revolución bolchevique triunfa en Rusia.

El presidente radical es un hombre enigmático. Su vida personal y política está signada por el misterio y una persistente tendencia a no mostrarse. Pocos, muy pocos lo conocen personalmente pero sus ideas y las leyendas que sobre él se tejen son difundidas y penetran en todos los rincones del país. Tal vez por la heterogeneidad de la fuerza que comanda, quizá por la influencia de su fuerte personalidad, de sus modos y de sus tiempos, el nuevo gobierno no tiene un programa al estilo clásico, los que solían ser prolijamente presentados y vergonzosamente incumplidos. Yrigoyen va delineando a medida que gobierna el ideario que habrá de sobrevivirle. Como otras palabras que Don Hipólito suma al diccionario político, los términos Causa y Reparación tienen un significado especialísimo. Un gobierno Reparador debía comenzar por liberar a los pueblos de los poderes ilegítimos que los oprimen desde las autonomías Provinciales -antes dominadas por una oligarquía enquistada en los gobiernos- hasta los impulsos nacionalistas y americanistas. La sensibilidad social repara la injusticia y las prácticas democráticas reconstruyen las libertades.

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